El cinema de Satán
a Julián Petrovick
Él ha venido a sentarse a tu costado. Sabe que debe retirar su pierna postiza. Su cojinillo guarda una tolvanera de balines anaranjados y rojos. Sus ojos secos miran el orvallo. Las miradas cruzadas, serradas las cabezas de todos los ángeles, en una salvilla llena de vasijas plateadas están servidas las cervices e iliacos. El cérvido se ufana de su potencia con la lengua para sanar sus heridas infestadas de gusanos azules. Sus patas posteriores han sido confeccionadas con varios cuerpos de perros de presa, mastines nevados, el perro de Pávlov, urogallos, ojos de manta rayas, sus patas anteriores son de cal, cinabrio, cáncamo y zinc. Sus ojos ahora están gelatinosos el magnetismo que irradian no me hace dudar de todos sus nombres. Todos sus nombres guardan su rostro. No puedes mirarlo de frente. La luz muerta que despide tiene el olor de la peste negra. Veo sus fauces, a lo lejos, llenas de sangre. Un andrógino desenrosca su miembro argénteo y lo hierve dentro de su estómago con algunos sábalos, róbalos y sabiolas. El festín empieza cuando el ángel de la S se enrosca en el bajo vientre del cabrón Y LO HACE DELIRAR. ÉL VE SU CONTINUO SERRALLO EN EBULLICIÓN DE LAS MÁS PROFUNDAS VERIJAS Y LO LAME. TODO ES ÉXTASIS EN ESE MUNDO SUBTERRÁNEO.
La historia prohibida del comunismo
Carne humana con gusanos rojos y azules: hay una pareja de rusos sentados junto a la calavera de su realpolitik e Isabel ya sabía de su apariencia cavernaria y de sus latidos debajo de la enagua. Los enanos sangrientos con los saxofones creando eones. Luces de oro líquido que se impregnan en tus pupilas. Todo silogismo es ilógico porque de lo que se trata es de un travelling continuo que gira y gira como una noria de agua (y nos mojamos todos). Isabel, la vecina de Ezequiel, apoya a los nazis de Oxapampa. Ahora, quién traerá la miel que chorrea por la carretera tal si fuera la sangre de un accidente a 3000 kilómetros por hora. Ahí no podríamos encontrar siquiera huesos que roer o pedazos de sesos pegados en el asfalto que lamer y qué sería de nosotros sólo ver pasar los ómnibus rumbo a la cordillera y sus llantas estropeadas harían el ruido propicio para una guerra silenciosa y étnica.
Los ahorcados
a José Pancorvo
Góngora Gólgota pinta los campos con tus estrellas
Pacen los carpos y amatistan los falderones
La gota de mi abuelo no es el mismo ganglio
Que pende de tu cuello agrietado
Glándulas gladiolan los glaciares
Giróvagas los glaucos edulcorados
Breve estrofa del decir con la garganta
Argéntea línea de la gonorrea
Más gambica que los grandes almanaques
Glaciar de la mente glaucomada
Entonces la poesía era como glosa
De gibaceo
Gragea de oro líquido inhumana
La poesía era como glándula dispersa
Como una S enroscada a tu garganta
Garfios gluten las cabezas de las ollas
Los ojos bien gnómicos
Una vez más la poesía era azul como la nada
Los cráneos de los desposeídos giraban
En la girándula
Gramíneas alumbraban el horizonte
El banquete final de la escollera
Una sopa de sesos bien negra
Satán en el rompeolas deglute los cráneos
& trastorna el paso de los cometas
Todo el cosmos se enrumba hacia otro tridente
Todo el tiempo se agrieta
Cincel negro de la penumbra
La poesía era oscura como virgen
La poesía era oscura
como línea negra del horizonte
de: Historia secreta(2008)
Catleya
(LLRL)
¡Que se distienda como luz de estrella,
Y sea luz cuajada que dormita
En la satisfacción de la catleya!…
Martín Adán: Diario de poeta
Cuál es esa flor que habita en tus ojos
Y se niega a mostrarse
Cuál es esa flor que en tus pestañas
Florece como pétalos violetas
Cuál es esa flor que miro
Todos los días
Y no puedo alcanzar
¿Esa flor vive dentro de ti
O dentro de mí?
Si tan sólo pudiera tocarla
El cielo se abriría para los dos
Tanta dicha es imposible
De imaginar
(inédito)
© Paul Guillén, de los poemas
Archivado en: Miscelánea Etiquetado: | Historia secreta, Literatura peruana siglos XX-XXI, Paul Guillén, Poesía peruana siglo XX XXI, Poetas de Ica, Poetas peruanos contemporáneos




Esa flor inasible, poesía