Santiváñez neobarroso

Cubierta de Labranda [Lima, 2008]

Cubierta de Labranda (Lima, 2008)

Entre los principales rasgos que presenta la estética neobarrosa destaca su compleja armazón sintáctica, orientada a la búsqueda de una particular musicalidad en base a la anexión sonora de vocablos, en el que esencialmente predomina el sentido fonético del verso sobre la significación lógica y semántica. Si bien esta poesía plantea una lectura artificiosa e intelectual, cabe señalar que algunos de sus mejores representantes han podido trascender aquella sesuda frigidez, como José Lezama Lima, Néstor Perlongher o José Kozer. Entre estos autores, es preciso mencionar al piurano Roger Santiváñez, cuyo último poemario, Labranda, privilegia el aspecto musical de la palabra, característica que observamos también en su anterior entrega, Eucaristía, de 2004.

Estructurada en cuatro secciones, de acuerdo a las estaciones del año, la publicación toca diversas temáticas ya clásicas de la poesía universal: el amor, la muerte, la historia, el erotismo o la identidad. Sin embargo, lo que singulariza a Labranda es la manera de asociar los vocablos, obedeciendo a una correlación rítmica. Por ejemplo, en el poema que titula el libro encontramos: “Retornas sur los sures / Soñados leche azur zurita / Azul solita en tu blue-jean”; y también: “Entreluces luces rosada rosa lozana”. Asimismo, en «Piscina Roberts» leemos: “Increado sol cercado por la / Nube callada canta ligero / Venero venerado en su solo / Esplendor infinito danzak rock”.

Nos damos cuenta, entonces, que las palabras se suceden como olas en constante movimiento, sin restringirse solo al uso de expresiones castellanas, sino que van más allá de los límites para encontrar la precisa musicalidad que exige el poema. Así tenemos: “Blanco irisado manto cubre la ubre / Del mundo umbría umbrella de la / Mía sorella en el solsticio agonizante” («Inter Densas»); o “Estrellas yendo más lejos levemente / Hacia tumba jatun-runa running / Pura por su corazón serrano sana” («Piurensis Solis»).

Quizás este método asociativo se adecua mejor a la temática erótica presente en los poemas de Santiváñez. De este modo, la sensualidad es abordada sin delicadezas ni eufemismos, siendo consecuente con su propia poética neobarrosa: directa, aleatoria y mestiza. Esto nos dice «Myrtho»: “Innombrada alegría juego corporal / Ancestro de divina playa griega / Relucen cintura & pechos abrazados // Sensual movilidad en la superficie / Jamás quieta parpadeo permanente / Es eterna en la sombra desta luz”. A su vez, «Causas amorosas» señala: “Furtivos penetrantes hilados al gemido // Sus pantorrillas divinas alzan amaneceres / En la penumbra dorada de su perfecta pose / Un silencio azul atmósfera el recinto ardiente”.

Por momentos, el lenguaje recurre a ciertos coloquialismos para restarle retoricismos a sus versos: “Seco de chabelo sigue a la fragancia / De un pleamar amado surco o rica / Papa abierta suculenta al amanecer // Se viene solita sin cachársela / Estela vela en el velorio del amor” («Piurensis Solis»). Así como: “Al soñar mi suave arrechura / Sus formas se suceden dulce oleaje / Se abren broches pernoctando / Muchachas palteadas por las puras”; además de: “O umbral tibio pezón dispuesto // En tu frágil renacer sobre concha / De su madre oh velos transparentes / Súbita ya está en todas las corolas” («Almost olmos»).

Cubierta de Eucaristía (Buenos Aires, 2004)

Cubierta de Eucaristía (Buenos Aires, 2004)

Uno de los recursos de Santiváñez es el uso de encabalgamientos como procedimiento para reforzar la musicalidad que se teje en sus poemas. Esto lo advertimos en algunos de ellos, como sucede en «Modesto garage»: “Nos fuimos al colegio uno tras otro / Las pocas flores augustas son / Rieron en la vasta tierra // Sumergida precoz iluminación / De la señal ingrávida pre / Fijada por tu ceño circunspecto”. Otras veces, el autor divide los vocablos de forma adrede para buscar más asociaciones rítmicas. Prueba de ello lo tenemos en los siguientes versos: “Sobre muslos invisibles albor / De la próxima estación entriste / Cida que ni el sida infecta la / Dicha inesperada solitaria rara” («Piscina Roberts»); “De Venus la canción de Shocking Blue / Ey Mom -habla la brisa encaballán / Dose de pronto en los rizos de // Perfecta angustia levantada anguila” («Myrtho»).

El riesgo del libro se encuentra, entonces, en la tensión y en el encadenamiento de cada verso, valiéndose principalmente de una pauta musical que muchas veces va en contra de los formalismos sintácticos y gramaticales. De esta manera, el autor deja que sus poemas surjan por libre asociación, alejándose del coloquialismo característico de sus primeros libros y sus andares por Hora Zero y Kloaca. Así nos lo confiesa en «Inter Densas», uno de los mejores poemas del conjunto: “Pared de gravedad sonora que cae // Va cayendo suavecito para reventar / Blanco tapiz cual encaje en / Supremo intento capta mi lenguaje”.


Autor: Reinhard Huamán Mori
Barcelona, 24 de noviembre de 2008

Poemas. Rossella di Paolo

Rossella di Paolo

Rossella di Paolo

 

Cuadrivio

¿oyes ese ruido?
son ellos
ellos que no dejan de llegar interminables
por los cuatro costados
ojo descolgado   babas   el pie en el aire
y el ruido feroz que salta de sus manos
y los envuelve como fuego
puertas cerradas    ventanas cerradas   nadie en la calle
son la cohorte de los apestados   los mendicantes
los que hacen sonar entre sus dedos
poemas de amor no atendido
tablillas de San Lázaro

 

 
Limbo

Un día puse una piedra encima de tu nombre
y me dije: iré cantando hasta mi casa.
Y canté
como una loca sobre sus piernas fuertes
como río loco canté.
Hasta que el canto empezó a hacerse agüita rala
(ni para regar guisantes)
y entre paso y paso
se me fue perdiendo un pie.
No acierto a ver el tejado de mi casa ni el árbol
más alto
¿será que me dejé el corazón bajo la piedra?
¿mi tonto corazón junto a tu nombre?

Sé que ya no llegaré a mi casa.
Sé que tampoco puedo volver.

 

 
Amor de verdura

El rey tiene barbas amarillas como los choclos
y una risa apretujada como los choclos
y tiernas sábanas verdes como los choclos
ah, y a mí cómo me gusta, como los choclos, el rey.

 

 
Loca de basural

Soy la loca que revuelve en la basura
y estoy aquí gritando tu nombre
tu nombre que aviento contra latas descartadas
(yo la descartada) y que revienta y me salpica
porque soy la loca que tú sabes
acaba de llevarse una botella al ojo
y te observa arriba entre las moscas
la loca bien trajeada con sus cáscaras
de naranja al cuello y gritando
que el sol es verde y pica
como pulga, como las mil pulgas
y qué rico es rascarse y hasta que vengas
con tus manos de policía a ordenarme la cabeza
a revisarme por todas partes como Dios manda
y a seguir el ritmo suelto del tornillo
que me está bailando
como un trompo aterrado
como un trompo.

 

 
Profesora de lengua y literatura —Ex

          Sepan que estoy viviendo, nubes,
          sepan que canto
          Javier Sologuren

Nunca más pararme frente a la pizarra —ecce femina—
con un cucharón
para meter en los platos vacíos de sus cabezas
el engrudo homérico, la berenjena eglógica
el acento esdrújulo y miserable, ni más
tizas de colores, salsas de tomate,
para abrirles las bocas
ojalá el entendimiento.
Ya no la tarjeta en la tostadora horaria
saltando con su tardanza al rojo vivo
ni exámenes para probar cuánto resisten
mis nalgas en el pupitre y cuántas tildes
puede gotear un cárdeno Faber Castell 031.
Se acabó la clase, la ilusión de mango,
todos al recreo, yo al recreo (pero sin vuelta)
al recreo de desclavarme de la pizarra
y saltar por la escalera al fin resucitada.
Último día, las rejas se levantan,
y en este valle ameno
nubes, sepan que canto
sepan que canto, bestias.

 

 
Vietato

Cierro puertas
y ventanas
de mi casa
como un puño
en mitad
de la calle
mi casa cerrada
mi boca cerrada
nadie sabrá
que estuviste aquí
desordenando
los papeles de mi mesa
los dedos de mi mano
mi corazón
ya por fin cerrado.

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