George William Russell [Æ]. Cosmogonía céltica

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En el principio era el ilimitado Lir [1], un abismo infinito, una invisible divinidad, ni oscuridad ni luz, en quien se daban todas las cosas pasadas y por venir. Allí, al final de un día divino, completado el tiempo y cosechadas las Nueces del Conocimiento, los dioses participan en el Festín de las Edades y beben de una fuente secreta. Su existencia no implica ni vida ni muerte, ni descanso ni sueño, pero todos se hallan maravillosamente juntos. Acunados por la misma paz, yacen en el seno de Lir aquellos que después se encontrarán en el amor o pelearán en el odio. El Gran Padre y la Madre de los Dioses se funden y Cielo y Tierra se pierden, siendo uno en el Infinito Lir.

Æ

(Lurgan, 1867 – Bournemouth, 1935)

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Nada puede ser afirmado ni tampoco revelado acerca de Lir. En el trance solitario, el profeta puede intuir su ser más allá de su suprema visión.

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Es un aliento con muchas voces que no puede hablar con un solo tono, sino que se expresa a través de una multitud. Se encuentra allende los dioses y, si estos quisieran revelarlo, solo sería posible por medio de su propia ida y vuelta a los silencios primigenios. En ello se encuentra la raíz de la existencia de la que brota el Avellano Sagrado, cuyas ramas son los dioses; y, mientras la noche mística tiembla hacia el amanecer, sus hojas y sus brotes y sus centelleantes frutos germinan simultáneamente, extendiéndose sobre las aguas del espacio. Una imagen del futuro se ha creado en la imaginación divina: y Sinan que es también Dana [2], la Gran Madre y Espíritu de la Naturalezacrece sedienta por recoger su señal, marcada en el seno, y así dar a luz de nuevo a su retoño de estrellas y de seres estelares. Entonces, la primera fuente se abre y surgen siete corrientes como siete feroces torbellinos y Sinan es arrastrada, mezclándose con el torrente. Cuando la fuerza del torrente se rompe, también Sinan se encuentra con la muerte.

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Más adelante se desvelarán qué otros nombres recibe el Pozo de Connla y el Avellano Sagrado en la tradición celta: aquí es mejor explicar la cosmogénesis céltica de un modo menos simbólico, sin referencias a nombres que, hasta que puedan ser apropiadamente desvelados, solo provocarían confusión.

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Mananan se ha erigido de la Oscuridad Divina, una suave luz reflexiva antes del amanecer, en la que se funden en una nube las imágenes de los dioses. Pero en Lir hay todavía un inmenso abismo de existencia, una vida emocional demasiado vasta, demasiado espiritual, demasiado remota como para poder hablar de ella, puesto que las palabras que usamos hoy en día no pueden contar su historia. Es el amor aún no inhalado; ni siquiera amor todavía, sino más bien una oculta e impronunciable ternura; o gozo; o la potencia de ambas, que despierta del mismo modo que la proyección de la imaginación divina se refleja en el ser de la Madre y se lanza a abrazarla. La fuente que se encuentra bajo el Avellano se ha roto. La Creación se despierta. Los Muchos se mueven desde el Uno. Una energía o amor o eterno deseo se ha adelantado y busca, entre una multitud de formas ilusorias, al ser infinito que ha abandonado. Es Ængus [5] el Joven, el gozo eterno que se convierte en amor, un amor que se transforma en deseo, y que guía hacia la pasión terrenal y hacia el olvido de su propia divinidad. El gozo eterno se convierte en amor cuando se une con la forma, y las imágenes de una belleza divina danzan frente a él, cautivándolo hacia la lejanía. Este es el primer mundo manifestado, el Tïr-na-n-Oge [6] o Mundo de la Eterna Juventud. El amor se va transformando en deseo a medida que se ve atraído hacia lo profundo de la naturaleza y este deseo construye el Mundo Medio o Mundo de las Aguas. Y, finalmente, mientras toma el símbolo terrenal de su deseo, se va convirtiendo, sobre la faz de la Tierra, en esa pasión que es una muerte espiritual. En otro sentido, Ængus puede ser descrito como el paso a la actividad de un poder latente en Lir, que aplica la divina imaginación, e imprime sobre la naturaleza sus ideaciones en estado espiritual y, de ese modo, causa sus múltiples transformaciones. Es la fuente en la que cada energía encuentra su nacimiento, desde el poder que asienta los cimientos del mundo hasta llegar a la afinidad química, pasando por el amor y toda forma de deseo, tal y como Mananan es la raíz de la vida consciente, que incluye desde el ser imperial de los dioses hasta la consciencia de una hormiga o una ameba. Asimismo, Dana es también la base de cada forma material, desde el imperecedero cuerpo de los inmortales hasta la transitoria cáscara de un mosquito. A medida que esta divinidad emerge de su estado primigenio de ternura o gozo extáticos en Lir, sus rayos divididos, encarnados en forma, pasan a ser parte de una vida con tres caras: la del amor espiritual, la del deseo y la de la oscura sombra de amor. Y estos tres estados poseen, para sí mismos, tres mundos en los que han transformado la naturaleza primigenia de Dana: un Mundo de Eterna Juventud; un Mundo Medio en el que todo cambia con el deseo y que, por tales fluctuaciones, recibe el nombre de Mundo de las Aguas; y, finalmente, el Mundo de la Tierra, en el que la materia ha asumido esa forma sólida cuando aparece inanimada o muerta. La fuerza de la fuente que arrastró a Sinan se ha agotado y Sinan ha encontrado la muerte.

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La imagen de Ængus como una divinidad que todo lo impregna, que conecta primero el ser con el no ser, parece a eones de distancia de ese bello joven de cabellos dorados que toca el tímpano, rodeado de pájaros cantores. Pero el Ængus rubio de los bardos está relacionado con el antiguo Eros, ya que en los misterios de los druidas todos los dioses enviaron testigos radiantes de su ilimitada existencia, los cuales ocuparon los tronos en los palacios de los Sidhe [7], y señalaron el camino a la Tierra Prometida al hombre que se atrevió a ser algo más que un hombre.

Pero, ¿qué es en realidad Ængus y qué es Dana, y cómo pueden volverse reales para nosotros? No pueden ser aprehendidos a través de la lectura de las narraciones legendarias, porque están ya con nosotros. Un niño se sienta en la hierba, bañado por la luz del sol. Se siente arrullado por sus tenues colores. Empieza a perderse en un mundo de ensueños y sus ensoñaciones se llenan de una vaga excitación. Siente placer, un agudo gozo magnético cuando toca la tierra, o al descansar la cabeza en una silenciosa ternura similar a una madre o a una hermana, y su ánimo le impulsa a acercarse a aquello que ama. Tal ternura en el gran corazón soñador de la infancia es Ængus, y el amor materno que se intuye es Dana. La forma que estas divinidades omnipresentes toman en el corazón del niño y de la madre por una parte, deseo; por la otra, una profunda ternura o piedad son los ánimos terrenales más cercanos al primer Amor y a la Poderosa Madre, y a través de ellos se puede comprender vagamente lo divino. Si el deseo permanece puro, gracias a la inocencia o a causa de la sabiduría, este acabará volviéndose, en el hombre adulto, una preocupación por temas espirituales; o, en términos anteriormente citados y que resultan más apropiados, por “el inexpresable anhelo del hombre interno a salir al infinito”.

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En cuanto a Dana, la Madre hibérnica de los dioses, ya he dicho que es la primera forma espiritual de la materia y, por tanto, es Belleza. Puesto que todo ser emerge de su matriz revestido de forma, ella es la Poderosa Madre; y, como madre de todo, es esa compasión divina que existe más allá y es la jueza final que imparte justicia a los dioses. Su corazón estará en el nuestro cuando el nuestro perdone.

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© Herederos de George William Russell “Æ”
©
Helena Roig Torres & Reinhard Huamán Mori, de la versión al castellano

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NOTAS

[1] Lir o Ler, es el dios de los mares en la mitología celta.

[2] Dana, cuyo dominativo en irlandés es Donand, es también conocida como Brigit, madre de tres dioses a los que a veces se les designa los nombres Brian, Iuchar y Uar. Es la madre de los dioses célticos, los Tuatha De Danann, que significa “gente de la diosa Dana”.

[3] Mananan es hijo de Lir y ocupa un papel importante en muchas de las sagas celtas, pues aparece en el Ciclo del Más Allá, en el Ciclo de la Rama Roja y en el Ciclo Ossiánico. En el Tain Bo Cuailnge, la epopeya celta por excelencia, es el dios de los océanos.

[4] Los Dindsenchas, o Historia de los lugares, son unos documentos geográficos y mitológicos antiguos de Irlanda y algunas zonas cercanas, los cuales se encuentran en el Libro de Leinster, el que a su vez forma parte de uno de los catálogos que contienen los manuscritos recopilados por los copistas cristianos en la Edad Media sobre la antigua literatura celta.

[5] Ængus es hijo de Dagda, conocido también como el Buen dios, mítico rey Tuatha De Danann quien combatió en la Batalla de Mag Tuired.

[6] Cuando los hijos de Míl, la última raza mítica de la cual descienden los actuales irlandeses, vencieron a los dioses tutelares de la isla, los Tuatha de Danann hicieron que estos la abandonaran marchándose a la Tierra de la Eterna Juventud o Tïr-na-n-Oge.

[7] De acuerdo con la mitología celta y el Leabhar Gabhala, o Libro de las invasiones, cuando los Tuatha De Danann fueron vencidos por los hijos de Míl se retiraron a unos palacios subterráneos o Sidhe.

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