Madina Yabisa

Baluard de Santa Llúcia, Dalt Vila

Baluard de Santa Llúcia, Dalt Vila

Entre las tantas leyendas que envuelven las islas, una de las más repetidas era considerarlas como espacios sagrados, lugares que estaban fuera del alcance del hombre, en los que los dioses se retiraban a descansar. Hoy, debido a su tamaño y ubicación, las islas han cumplido diversos roles: puntos estratégicos de dominación marítima y de comercio, atractivos puntos turísticos o, como es el caso de Ibiza, poseedoras de un valioso legado cultural de más de 25 siglos de historia.

Ínsula amurallada
Fueron varias las culturas que posaron pie sobre ella. Fundada en el siglo VII a.C. por los fenicios, Ibiza se convirtió en un indispensable enclave comercial para navegantes y piratas que cruzaban el Mediterráneo. Así, los fenicios levantaron los primeros núcleos urbanos y las defensas para evitar asaltos. Posteriormente, en el sigo II a.C., la isla pasó a formar parte de Cartago, y luego de Roma, gracias a las gestas de Vespaciano en el año 70, quien la denominó Municipius Flavius Ebusus.

La desaparición de Roma facilitó la invasión musulmana y tomó el nombre de Madina Yabisa, hasta que fue conquistada por la corona catalanoaragonesa, el 8 de agosto de 1235. Tres siglos más tarde y por orden del rey Felipe II, las murallas medievales se reforzaron y extendieron su perímetro, que es lo que hoy conocemos como Dalt Vila, centro neurálgico de la vieja Ibiza.

Eivissa hoy
Ya en el siglo XX, la isla, y sobre todo su casco antiguo, no solo fueron epicentro del hipismo europeo, sino que atrajeron a importantes autores y pensadores, entre ellos, Rafael Alberti, Walter Benjamin, el arquitecto catalán Josep Lluís Sert o Rodolfo Hinostroza. Además de las clásicas casas blancas ibicencas, dentro de sus muros hallamos la catedral y el convento de Santo Domingo, el Ayuntamiento, el Museo Arqueológico y el de Arte Contemporáneo, así como el Centro de Estudios Árabes o los diferentes baluartes que aún conservan las piezas de artillería originales. Por su invaluable historia y herencia cultural fue nombrada Patrimonio de la Humanidad, en 1999.

Pese a las grandes bondades de esta ínsula, millones de turistas llegan más atraídos por sus playas y discotecas, causando irreversibles daños, entre ellos la escasez de agua. Asimismo, la sobrepoblación y la construcción masiva han mellado su fisonomía. Si bien su principal fuente de ingreso proviene del comercio y el turismo, son estos los que contaminan sus espacios naturales e históricos.

Algo similar, pero a menor escala, ocurre en Perú, ya que Macchu Picchu, nuestra principal atracción, se ve en peligro de desmoronarse por la cantidad de gente que recibe. Aunque el turismo es vital para todos, ayudaría si dejásemos de comportarnos como una hambrienta plaga de langostas y flashes: y es que, si una imagen vale más que mil palabras, en este caso, mil imágenes siempre valen menos que una piedra.

Texto y fotografía: Reinhard Huamán Mori
Publicado en el diario peruano
Expreso, 6.II.2009

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