Wislawa Szymborska. Poemas

Wislawa Szymborska (Kórnik, Polonia. 1923)

Wislawa Szymborska (Kórnik, Polonia. 1923)

Fotografía del 11 de setiembre

Saltaron de pisos ardientes hacia abajo—

uno, dos, todavía unos más,

más arriba, más abajo.

La fotografía los retuvo en vida

y ahora los conserva

sobre la tierra, hacia la tierra.

Cada uno se muestra íntegro

con su rostro particular

y la sangre oculta.

Todavía alcanza el tiempo

para que se esparzan los cabellos

y de los bolsillos caigan

las llaves y el dinero.

Aún están al alcance del aire,

lugares que

justamente ya se abrieron.

Solo hay dos cosas que puedo hacer por ellos-

describir aquel vuelo

y obviar la última palabra.

Un encuentro inesperado

Somos muy amables entre nosotros,

afirmamos que es agradable encontrarnos después de años.

Nuestros tigres beben leche.

Nuestros halcones van caminando.

Nuestros tiburones s ahogan en el agua.

Nuestros lobos bostezan a través de una jaula abierta.

Nuestras serpientes se sacudieron de los relámpagos,

los monos de la inspiración, y los pavos de reales de sus plumas.

Los murciélagos —como antaño— despojáronse de nuestros cabellos.

Silentes a mitad de la frase,

sonriendo sin socorro.

Nuestra gente

no sabe hablar consigo misma.

Prospecto

Soy un tranquilizante.

Eficaz en el hogar y

efectivo también en la oficina,

me siento en los exámenes

y me levanto en los tribunales.

Esmeradamente arreglo artefactos rotos-

solo tómame,

disuélveme bajo de tu lengua,

solo trágame,

solo bébeme con un poco de agua.

Yo sé que hacer con la mala suerte,

cómo echar abajo una mala nueva,

aminorar la injusticia,

iluminar la falta de Dios,

elegir un sombrero para la viuda.

Qué esperas,

confía en la compasión química.

Eres joven aún,

deberías resolver tu situación de alguna manera.

¿Quién dijo

que la vida has de afrontarla con valentía?

Devuélveme a tu abismo,

que lo llenaré con el sueño,

me estarás agradecido

por el aterrizaje en cuatro patas.

Véndeme tu alma,

no encontrarás otro comprador.

No hay otro diablo.

Las tres palabras más extrañas

Cuado pronuncio la palabra Futuro

ya la primera sílaba va al pasado.

Cuando pronuncio la palabra Silencio

la echo a perder.

Cuando digo la palabra Nada

creo algo que no se ajusta a ninguna inexistencia.

Vietnam

Mujer, ¿cuál es tu nombre? –No lo sé.

¿Cuándo naciste, de donde eres? —No lo sé.

¿Por qué has cavado un hoyo en la tierra? —No lo sé.

¿Desde cuando es este tu escondite? —No lo sé.

¿Por qué mordiste mi dedo? —No lo sé.

¿Sabes que nosotros no buscamos hacerte daño? –No lo sé.

¿De lado de quién estás? —No lo sé.

Es una guerra, debes elegir. —No lo sé.

¿Existe tu pueblo todavía? —No lo sé.

¿Son esos tus hijos? —Sí.

El primer amor

Dicen,

que el primer amor es el más importante.

Eso es muy romántico

pero no en mi caso.

Algo sucedía entre nosotros pero a la vez no,

ocurrió y acabó.

No se estremecen mis manos

con el encuentro de pequeños recuerdos,

un rollo de cartas enlazadas con una cuerda

—ni siquiera con una cinta.

Nuestro único encuentro luego de muchos años

es una conversación en dos sillas

alrededor de una gélida mesita.

Otros amores

respiran profundamente en mí.

A este le falta el aliento para poder suspirar.

Sin embargo, es así como se

consigue lo que otros todavía:

olvidarlo,

ni siquiera soñarlo,

me acostumbré a la muerte.

Nacido

Y ella es su madre,

esa pequeña mujer

causante de los ojos grises.

La barca en la cual hubo de

navegar por años hasta la orilla.

Del que apareció

en el mundo,

en la no eternidad.

Progenitora del hombre

con quien saltó a través del fuego.

Entonces es la única

que dentro de sí no lo eligió

ya hecho, completado.

Fue ella misma quien le asió

de la piel que conozco,

ató los huesos ocultos en mí.

Buscaba con la mirada

sus ojos grises

con los que hubo de mirarme.

Y es ella, su alfa

¿por qué me la enseñó?

Nacido.

Así es aquel, nacido.

Nacido como todos.

como yo que moriré.

Hijo de una verdadera mujer.

Un recién llegado de las profundidades del cuerpo.

Un vagabundo hasta el omega.

Amenazado

por su inexistencia

desde todos los lados,

en cada momento.

Y su cabeza es una contra el muro

condescendiente con el tiempo.

Y sus movimientos

intentos por evadir

la sentencia universal.

Entendí

que él ya recorrió la mitad del camino.

No, pero no me dijo nada.

—Esa es mi madre— solo eso.

Autora: Wislawa Szymborska

Versión al castellano: Marta Sowa & Aníbal Canchaya Kralewska

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Una respuesta

  1. Ya lo escribí en la nota de Facebook, va de nuez:

    Curiosamente, hace unas semanas publiqué en mi blog unas traducciones propias de poemas de Szymborska (del inglés). No me considero traductor, pero quise difundirla y divertirme, que es lo importante; si a alguien le interesa, aquí los links:
    http://semiofagia.blogspot.com/2009/09/poemas-de-wislawa-symborska-i.html
    http://semiofagia.blogspot.com/2009/09/poemas-de-wislawa-symborska-ii.html
    http://semiofagia.blogspot.com/2009/09/poemas-de-wislawa-symborska-iii.html

    Saludos desde México.

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