Mosaico Gaudí

Entrada principal al Park Güell, en Barcelona

Entrada principal al Park Güell, en Barcelona

A finales del siglo XIX, el mundo se vio invadido por un cándido sentimiento de modernidad, respaldado por el avance tecnológico que traía la Segunda Revolución Industrial. Ello permitió el desarrollo de muchas sociedades, entre ellas Catalunya, cuya fructífera economía dio paso a una burguesía progresista, muy atenta a los cambios artísticos que se producían en la Europa decimonónica: el modernismo.

De gran impacto visual y basado en la naturaleza, este movimiento privilegió las formas fantasiosas y preciosistas, creando una sensación de movilidad y vitalidad mediante el uso de colores y estructuras onduladas. Si bien se propagó por casi todo el Viejo Continente, fue en Barcelona donde alcanzó sus más altos logros, ya que el modernismo no solo fue una corriente artística, sino que tuvo un peculiar cariz político y social. Decidida a marcar una clara diferencia frente a España, Catalunya vio en esta estética el estandarte del cambio y la distinción, dando inicio a una efervescencia arquitectónica, subvencionada por su burguesía.

Preciosismo catalán

Entre los más insignes artífices del modernismo catalán se encuentra el arquitecto Antoni Gaudí, cuyas construcciones hicieron de Barcelona una de las ciudades más cosmopolitas de Occidente. Sus edificaciones rompieron con la utilitaria arquitectura industrial de la época, renovando por completo la fisonomía de la capital.

Además de la Sagrada Família, otro de los edificios atractivos de Gaudí es la Casa Batlló, construida entre 1904-1906 a pedido de Josep Batlló i Casanovas. Su impresionante fachada fue concebida como reflejo de las formas que produciría una piedra lanzada en un estanque de nenúfares en flor. Por ello, el frontis expone motivos óseos y detalles vegetales, así como enormes y coloridos ventanales que reptan hasta las helicoidales chimeneas de la azotea.

Asimismo, la Casa Milá, conocida también como La Pedrera, fue erigida entre 1906-1910 por encargo de Pere Milá i Camps. Esta edificación presenta en su fachada bellos balcones decorados con hierro forjado a manera de plantas trepadoras, mientras que su ondeada cornisa superior muestra capullos de rosa con inscripciones en latín del Ave María.

Paraíso Güell

Uno de los personajes más decisivos para Gaudí fue su mecenas: el político e industrial Eusebi Güell. Gracias a su apoyo y amistad, Gaudí levantó varios edificios en su honor, entre ellos los Pavellons Güell, la Colònia Güell o el Palau Güell. Empero, su obra más conocida es un ambicioso complejo urbanístico de más de 17 hectáreas: el paradisíaco Park Güell. Su entrada principal es una alegoría de lo más elevado del mundo terrenal y espiritual. Destacan, además, la Sala Hipóstila, los bancos ondulantes y sus mosaicos, el viaducto, la Casa-Museo Gaudí o el Turó de les Tres Creus, desde donde se obtiene una increíble vista de la ciudad.

Sin lugar a dudas, el actual esplendor y fausto que particulariza Barcelona provienen del genio de uno de sus hijos predilectos: Antoni Gaudí i Cornet.

Texto y fotografía: Reinhard Huamán Mori

Publicado en el diario peruano Expreso, Lima, 21.XI.2008

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