Ceda el paso a los dementes. Patricia Mata

Triciapa Tama

miedo

por todas las semillas que tragué

en accidentes

pero sería hermoso tener un árbol

en el estómago

ramas partiendo cuerpos

y creciera un árbol en la panza de los niños

brutal el daño

me pasaron muñecas de papel en silencio

sube y baja de troncos encimados

te digo

tenía miedo

y asco para vomitar

tanta angustia de volverme sube y baja

pero nada

mayor susto los muñecos de alambre

esperé como esperan las mujeres

una patada

círculos de madera

ceda el paso a los dementes

por el libre tránsito de los confundidos

Ícaro es un ebrio

en estado de descomposición

o las coincidencias

o los nombres irreconocibles

el espectador de la danza de los blasfemos

ha comenzado la resaca de esconder la voz

el aire se reserva para los puros

de soledad y sabotaje

algo presiona contra vacío

ya viene esconder la torpeza

me raparé la cabeza para terminar con nuestro amor

no he cuidado bien de las gallinas

por el hábito de la mano a limpiar

la lengua con alcohol

qué haremos ahora con las cosas

dices

pero sólo tenemos fotos

de los días en que no estuve y tú limpiando plumas

paredes divididas con tela

todavía pueden cacarear

me raparé la cabeza para terminar con nuestro amor

para que el rechazo sea sincero y la mueca inmediata

sucesivo el abandono

prefiero un licuado de peces globo

a la asfixia

las matemáticas del lado opuesto

doce

al sexto piso

por si la paraplejia me esperara

en la acera y a medio explotar

estructura frágil

un licuado de peces globo

y viajar cada vez en número equivocado

mascando un taco

Celia recordó cuando le hice un poema

(yo era del tamaño de mi pierna)

Celia me enseñó a partir huevos

ella no sabe de las veces que me parto

Celia sólo me abraza

cuando chingo y chingo

con que me abrace

soy bella porque digo hermenéutica,

a veces no entiendo las miradas

soy bella porque me saco fotos con la mano derecha

a veces río cuando avientan mi cabeza

le digo a Celia que me tome en serio

pero no quiere

ella quiere un reloj

con manecillas pintadas

un campo

recién abonado es el paraíso

de los coprofílicos

cuando está triste

¿se quitará la dentadura

para sentirse peor?

de lejos

se reconoce nuestra afasia

cerradura y balbuceo

desencajo el tambaleo del zafado

la lengua

¿está vivo el desecho que nos habla?

debes ponerte los tacones

para trozar el adobe

o ser tan directo como un perro con rabia

y morder a tu padre

Poemas extraídos de Ceda el paso a los dementes, Jalisco 2009


Poetas y chamanes. Entrevista a Humberto Ak’abal

Humberto Ak'abal en Dalt Vila, Ibiza

Nacido en Guatemala en 1952, Humberto Ak’abal, poeta maya de la etnia k’iche, es uno de los más importantes representantes y difusores de su cultura en el mundo. Ha publicado alrededor de 35 libros de poesía, entre los que destacan AjyuqEl animalero (1990); Guardián de la caída de agua (1993); Hojas del árbol pajarero (1995); Lluvia de luna en la cipresalada; Ajkem Tzij / Tejedor de palabras (ambos de 1996); o Gaviota y sueño: Venezia es un barco de piedra (2000). En su poesía conviven dos mundos con visiones opuestas de la vida que se aunan en la voz de un poeta que se ve a sí mismo como instrumento de la naturaleza.

Reinhard Huamán Mori: ¿Quién es Humberto Ak’abal?

Humberto Ak’abal: Nací en un pueblo que se llama Momostenango, allá en el occidente de Guatemala. Soy una persona de raíces totalmente mayas. Mis padres, mis abuelos, son personas indígenas de nuestra región y siempre lo digo con mucho orgullo, con mucha satisfacción, porque yo creo que cuando uno se reconoce con una identidad tiene un valor en cualquier parte. Eso es así, brevemente Humberto Ak’abal.

RHM: Aquella pregunta venía a colación porque me gustaría que nos explicaras esta doble vertiente que encontramos en ti: la del invocador de la lluvia e imitador de pájaros y la del poeta con claras influencias occidentales, en especial de la poesía italiana del siglo pasado.

HA: Desde que descubrí en mí esa vocación por la poesía, que entre otras cosas no es ajena a nuestra cultura, la cual ha apreciado mucho a sus poetas, una de las muestras más grandes de la cultura maya la hallamos en ese maravilloso libro que se llama Popol Wuj.  Así que por este lado tengo esa inclinación natural, pero a la vez tengo una cultura universal y eso se debe a esa búsqueda de lo que han hecho otros poetas de otras culturas y países para enriquecer la mía. Me veo a mí mismo como una persona bilingüe, con influencias, pero también de confluencias: dos idiomas confluyen en mí y cada una con su propia riqueza.

RHM: Entonces, ¿te decantas por alguna lengua al momento de escribir?

HA: Eso depende de dónde me encuentre, porque creo que a estas alturas, mas o menos, tengo dominio de ambos idiomas. Sin embargo, escribo a veces estando lejos de mi pueblo, entonces, lo que me provoca, lo que veo, lo escribo en castellano. En tanto, cuando estoy en mi pueblo, inevitablemente escribo en mi lengua materna, la lengua maya k’iche, porque solo en ella puedo encontrar los elementos necesarios que requiero para transmitir lo que siento. No riñe uno con el otro, lo tengo dentro de mí y es un uso prácticamente natural.

RHM: Esto me lleva a preguntarte si tienes alguna poética, o mejor dicho, ¿cómo concibes la poesía?

HA: No es que uno se lo proponga, o por lo menos yo no me lo he propuesto, sino que eso se va conformando dentro de mí. En ningún momento me senté a pensar cuál debería ser la dirección de lo que escribo. Así que creo que luego de este largo ejercicio de escribir y escribir de pronto me he encontrado a mí mismo identificado totalmente con la naturaleza. De modo que si mi vida o mi poesía tienen alguna poética, yo diría que es eso, la naturaleza, con su propio lenguaje. Yo lo único que hago es poner mi voz a su servicio.

RHM: Aparte de tu pueblo y de todo el significado que aquello implica para ti, ¿hay algún otro lugar o cultura con la que te sientas cercano, como poeta y como persona?

HA: Si tuviera que encontrar un sitio con el cuál me identifico más, creo que es Japón, porque la cultura animista que ellos tienen, sus ceremonias y su espiritualidad guarda muchas cosas en común con la mía. En todo caso, hacia allá es donde encuentro más puntos de comunicación, aunque no hable su idioma. Eso es curioso.

RHM: Te llaman el “Tejedor de palabras”, y al oírte recitar escuchamos tus cantos basados en sonidos onomatopéyicos, o incluso silbidos.

HA: Eso es parte de mis propias raíces culturales. Yo te hablaba en un principio del Popol Wuj y allí mismo encuentras alguna muestra de onomatopeyas. Esto es parte de mi lengua materna, es una particularidad propia, porque cuando se acaban las palabras interviene el sonido; ya que las palabras son para dar a entender algo, en tanto que el sonido es solo para sentirlo y en mis cantos es más directo. Este recurso que tomo de mi lengua tiene esos dos rostros: la parte hablada y la parte onomatopéyica, que yo llamo “onomatopoesía”, porque va más allá de las palabras, ya no es para la cabeza, sino para el corazón.

Breve selección de poemas


Quisiera dejarte mi corazón
así como está:
roto.

Con el sueño de que tal vez
la grieta pudiera servirte de

puerta.

Recuerdo

De vez en cuando camino al revés:

es mi modo de recordar.

Si caminara solo hacia adelante,

te podría contar

cómo es el olvido.

Hablo

Hablo

para taparle

la boca

al silencio.

Barco de piedra

Venezia es un barco de piedra

anclado en el mar.

Oración

En los templos

sólo se oye la oración

de los árboles

convertidos en bancas.

Venezia

Los mares la quieren

como a una barca

que se quedó dormida.

Y la neblina

aliento del amor,

la mantiene suspendida

entre las alas del viento.

El sabor

Aprendí el sabor de la vida

como cualquier indio pobre.

Los demás sabores

me vienen sobrando.

Texto y fotografía: Reinhard Huamán Mori