Cu Chulainn, el perro de Irlanda

Tarot celta con la imagen del héroe


De la muerte del perro del herrero por Cu Chulainn y de la razón por la que es llamado así

Entonces, Cormac Conlongas [1] hijo de Conchobar [2] habló: “Otra vez que ese joven muchacho realiza una segunda hazaña al año siguiente”. “¿Qué hazaña era esa?” preguntó Ailill [3].

“Hubo un buen herrero en las tierras de Ulster, Culann el herrero [4], tenía por nombre. Él preparó un banquete para Conchobar y arregló que Emain [5] lo invite. Él le hizo saber que solamente algunos debían venir con él y que él no debía traer a ninguno a menos que fuera un verdadero invitado, puesto que no eran suyos esos territorios o tierras, solamente la fruta de sus dos manos, sus trineos y yunques, sus puños y sus tenazas. Conchobar contestó que solamente unos pocos irían con él.

“Culann regresó a la herrería para preparar y alistar la carne y la bebida en la celebración para el rey. Conchobar acampó en Emain hasta que fuera el tiempo del banquete, hasta que llegase el ocaso del día. Entonces, el rey se vistió con sus finas y ligeras ropas. Luego, Conchobar entró al verde campo, y vio algo que lo asombró: 150 muchachos al final del campo y un muchachito solo en el otro extremo, y el muchachito había ganado en la meta y en el hurling [6] de entre todos los 150 muchachos.

Cuando era hora del juego del agujero —un juego de hoyos que se jugaba en los verdes campos de Emain— y fue el turno de los muchachos de meter la pelota y el turno del muchacho de proteger el hoyo, este atrapó las 150 bolas justo antes de que se introduzcan en el agujero, y ninguna entró ahí. Cuando fue el turno de los muchachos de proteger el hoyo y el de él de meterla, este introdujo las 150 pelotas en el agujero sin fallar, y los muchachos no pudieron tapar ninguna. Cuando fue el momento de que todos trataran de quitar la ropa con la que habían jugado al otro, el muchacho les arrancó los 150 trajes de modo que ellos quedaron casi desnudos, y entre todos no pudieron quitarle más que el broche de su capa. Cuando llegó el momento de la lucha [7], él arrojó a aquellos 150 muchachos a la tierra y se puso encima de todos, y ninguno tuvo éxito en tratar de levantarlo.

Conchobar miraba con maravilla al muchachito. “Oh, ustedes los jóvenes,” gritó Conchobar. “¡Salve la tierra de donde viene el muchacho, si es que las hazañas de su hombría son como las de su juventud!” “No es justo hablar así,” exclamó Fergus; “mientras que el muchacho crezca, así crecerán sus hazañas con él.” “Llamen al muchacho para que pueda venir con nosotros y así goce del banquete al cual vamos.” Convocaron al muchacho donde Conchobar. “Bien, mi muchacho,” dijo Conchobar, “vente con nosotros para que disfrutes del banquete al que vamos, porque tú eres digno de ser invitado”. “No, yo no iré,” respondió el muchachito. “¿Por qué?” preguntó Conchobar. “Por que los muchachos todavía no han tenido suficiente de juegos y de deportes, y no los dejaré hasta que hayan tenido suficiente”. “Es demasiado tiempo para que aguardemos por ti, muchachito, y de ninguna manera nosotros esperaremos.” “Vaya entonces,” dijo el muchacho, “que yo lo seguiré después”. “Nada conoces del camino, muchachito,” dijo Conchobar. “Yo seguiré el rastro de la compañía y de los caballos y de los carros.”

Después de eso, Conchobar llegó a la casa de Culann, el herrero. El rey estaba siendo esperado por todos, quienes se presentaron ante él como conviene a sus rangos, nombres y privilegios, nobleza y gentil talento. Pajas y frescas espadañas fueron esparcidas bajo sus pies. Entonces, comenzaron a beber y alegrarse. Culann le preguntó a Conchobar: “Oh, Rey ¿has escogido a alguien para que venga esta noche a esta tierra?” “No, no he elegido a nadie,” contestó Conchobar porque se había olvidado del muchacho al que había ordenado que viniera con él. “¿Por qué?” preguntó Conchobar. “Tengo un excelente sabueso que fue traído de España. Cuando su cadena se suelta, nadie se atreve a acercarse al lugar donde está, porque no conoce a nadie más que a mí. El poder de miles radica en él gracias a su fuerza”.

Luego, Conchobar habló: “Deja que abran la jaula para que el perro pueda proteger las tierras.” Entonces, le retiran la cadena al perro, y luego este comienza a pasearse por las tierras. Al final, se acerca al montículo sobre el que acostumbra descansar y ahí se reclina, con la cabeza acostada sobre sus patas, indomablemente salvaje, furioso, bestial, feroz y listo para la lucha.

En cuanto a los muchachos que estaban jugando: ellos se quedaron en Emain hasta que llegó el tiempo para que se marchen. Cada uno regresó a casa de su padre y de su madre, de su nodriza y del esposo de su nodriza. Y el muchachito siguió el rastro de la fiesta, hasta que alcanzó la casa de Culann, el herrero. Él acortó el camino mientras llegaba con todos los implementos de su juego. Cuando estuvo cerca del campo de la fortaleza en donde estaban Culann y Conchobar, se deshizo de todas las cosas de su juego excepto por la pelota.

El perro guardián divisó al muchacho y le ladró, de modo que en todo el campo fue oído el aullido del sabueso. Y ninguna división de los que estaban en el banquete sabían lo que el perro iba a hacer con el joven, que no era otra cosa que tragarlo de un golpe hasta más allá de la cavidad de su tórax y de la anchura de su garganta y de la chimenea de su pecho. Y el muchacho no tenía con él ningún medio de defensa, entonces lanzó la pelota con tanto acierto que pasó a través del esófago del cuello del perro guardián y lanzó sus intestinos hasta detrás de una puerta que se encontraba tras el sabueso, y el muchacho agarró al perro por las dos piernas y lo estrelló contra una pilar de piedra que se hallaba cerca a él, de modo que cada miembro del perro salió disparado, con lo que este quedó esparcido por toda la tierra.

Conchobar oyó el ladrido del perro. “Alas, Oh, guerreros” gritó Conchobar; “En mala suerte hemos venido a disfrutar de este banquete”. “¿Por qué?” preguntaron todos. “El muchacho que ha venido a encontrarme, el hijo de mi hermana, Setanta hijo de Sualtaim, está acabado por culpa del sabueso.” Como si fuesen un solo hombre, se levantaron todos los renombrados caballeros de Ulster. Sin embargo, aunque una puerta de la posada estaba abierta de par en par, ellos acometieron con dirección contraria hacia afuera sobre la empalizada de la fortaleza. Pero más rápido que todos fue Fergus, y fue él quien levantó al muchacho de la tierra y lo puso sobre su hombro y lo llevó a la presencia de Conchobar.

Y Culann salió, y vio a su perro asesinado en muchos pedazos. Sintió su corazón golpear contra su pecho. Pero, sucedió entonces que Culann entró y dijo: “Bienvenida sea tu llegada, muchacho, por tu madre y tu padre, pero no lo sea por tus propias razones. Hubiera preferido no haber hecho ningún banquete.” “¿Qué tienes contra el muchacho?”, preguntó Conchobar. “No es sin suerte que tú hayas llegado para beber de mi ale [8] y comer de mi comida; porque mi esencia es ahora una riqueza echada a perder, y mi sustento es un sustento ahora perdido después de lo de mi perro. Bueno era el amigo que tú me has robado, aunque un perro, él cuidó mi rebaño y mis manadas y existió por mí.”

“No te encolerices por esto, Oh, Culann, mi amo,” dijo el muchacho. “No es ningún gran problema, porque daré un juicio justo sobre él.” “¿Qué juicio sobre esto harás, muchacho?” preguntó Conchobar. “Si hay algún cachorro de la casta de ese perro en Erin [9], él será criado por mí hasta que esté apto para el negocio al igual que su padre. Hasta entonces yo mismo seré el sabueso que protegerá sus rebaños y sus ganados y su tierra y a él mismo.”

“Buen juicio has dado, muchacho,” dijo Conchobar. “En verdad, nosotros mismos no podríamos dar uno que fuera mejor,” dijo Cathba [10]. “¿Por qué de esto no tomas el nombre de Cu Chulainn, [‘el sabueso de Culann’]?” “No” contestó el muchacho; “más querido para mí es mi propio nombre, Setanta hijo de Sualtaim.” “No digas eso, muchacho,” continuó Cathba; “los hombres de Erin y de Alba [11] escucharán ese nombre y las bocas de los hombres de Erin y Alba se llenarán con ese nombre!” “Me complace, sea cualquiera el nombre que se me dé,” dijo el muchacho. Por lo tanto el famoso nombre se quedó con él, a saber Cu Chulainn, luego de que hubo matado al sabueso de Culann, el herrero.

“Un pequeño muchacho hizo esta hazaña,” agregó Cormac Conlongas hijo de Conchobar, “él había completado seis años desde su nacimiento, cuando mató al perro guardián que ni los huéspedes ni los ayudantes se atrevieron a ocupar el mismo lugar que el del sabueso. No habrá necesidad de maravilla o de sorpresa cuando él venga al mando de ejércitos, cuando él corte el tenedor de cuatro dientes, cuando mate a un hombre o a dos hombres o a tres hombres o a cuatro hombres, cuando sus 17 años se hayan completado en las luchas de Cuailnge! [12]

© Carlos Villacorta, de la versión al castellano.

Notas

[1] Cormac Conlongas era el hijo mayor de Conchobar, y era conocido como “el del exilio inteligente” debido a las tierras que tomó y dispuso como refugio para la seguridad de los desterrados hijos de Usnech.

[2] Rey de Ulster, en la zona de Emain Macha. Fue hijo del druida Cathba y de Ness, e hijo adoptivo de Fachtna Fatach. También es conocido como Connor mac Nessa.

[3] Rey de Connacht y esposo de Medb.

[4] Culan, el Herrero.

[5] Se refiere a la región de Emain Macha situada al norte de Irlanda. Según la mitología irlandés fue fundada por la diosa Macha en el siglo V o VI a.C.

[6] Deporte tradicional irlandés parecido al fútbol. Se usa una pelota llamada sliothar compuesta de corcho y forrada de cuero que se coge con el hurley, camán, o stick, y debe ser transportada hasta la portería.

[7] Se refiere a la competencia de la lucha cuerpo a cuerpo.

[8] Cerveza inglesa.

[9] Antiguo nombre poético de Irlanda.

[10] Jefe druida en la corte de Conchobar, y de acuerdo con algunos textos, fue el padre natural del rey Conchobar.

[11] Antiguo nombre poético de Escocia.

[12] Cuailnge es la palabra irlandesa para Cooley, un montañoso distrito ubicado entre Dundalk Bay y Drogheda, en los señoríos de Lower Dundalk, en el condado de Louth. Originalmente, se extendía hasta el condado Down y su nombre es ahora usado para nombrar el lado sureño de las montañas Carlingford. Cormac Conlongas hace aquí alusión a la guerra contra la región de Ulster por la reina Maeb de la región de Connacht. Será a los 17 años que el joven Cu Chulainn tendrá que enfrentarse solo contra el ejército de Maeb. Este relato se encuentra en el texto “Táin Bó Cuailnge”.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: