Georges Perec. La detención

Georges Perec (París, 1937 - Ivry, 1982)

 

Estoy en Túnez. La ciudad está en lo alto. Doy un paseo muy largo: camino en zigzag, continaje de árboles, algunos claros, vistas panorámicas. Es como si el paisaje se descubriese en su totalidad, al igual que los fondos de la pintura italiana.

Al día siguiente la policía viene a detenerme. Cometí, en su día, una menudencia. No conservo ningún recuerdo al respecto, pero sé que hoy me puede costar veinte años.

Huyo armado con un revólver. Los lugares que recorre me resultan desconocidos. No hay ningún peligro inminente, pero sé de antemano que esta huída no resolverá nada. Vuelvo a lugares familiares, por los que me paseaba la víspera. Tres marineros me preguntan acerca del camino. Tras una cortina de árboles, unas mujeres con velo hacen la colada.

Vuelvo a bajar hacia la ciudad por un camino en zigzag. Hay polis por todas partes, a cientos. Paran a todo el mundo y registran los coches.

Paso entre los polis. Siempre y cuando no clave mi mirada en la suya, lograré salir adelante.

Entro en un café donde encuentro a Marcel B. Voy a sentarme a su lado.

Tres tipos entran en el café (¡son polis, obviamente!); hacen la inspección de la sala muy negligentemente. ¿Puede que no me hayan visto? Casi suspiro de alivio, pero uno de los dos viene a sentarse en mi mesa.

—No llevo papeles encima —le digo.

Está casi a punto de levantrse e irse (esto querría decir que estoy salvado), pero me dice en voz baja:

—¡Copule!

No comprendo.

Escribe la palabra en el margen de un diario, en grandes letras huecas:

C O P U L E

Después repasa las tres primeras oscureciendo el interior:

C O P U L E

Acabo de comprender. Es extremadamente complicado: es necesario que vuelva a mi casa y “copule con mi mujer”; de este modo, cuando la policía venga a buscarme, el hecho de haber “copulado en sábado”, ya que soy judío, constituirá para mí una circunstancia atenuante.

El hecho de ser judío está, en efecto, en el origen de todo este asunto y lo complica considerablemente. Mi detención es una consecuencia del conflicto árabe-israelí y no me serviría de nada manifestar mis sentimientos propalestinos.

Vuelvo a mi villa (quizás no sea más que una simple habitación). Sobre todo estoy preocupado por saber si seré prisionero tunecino en Francia o prisionero francés en Túnez. En ambos casos, espero una amnistía con motivo de la visita de un jefe de Estado.

Me siento inocente. Lo que más rabia me da es tener que llevar puestos durante varios años mis calcetines cortos ya sucios.

 

 

© Georges Perec, tomado de La cámara oscura. Impedimenta, 2010.

© Mercedes Cebrián, de la traducción.


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