Edgar Saavedra. Lengua negra de colores

(Caxamarca, Perú - 1976)

(Caxamarca, Perú – 1976)

 

 

*

He contemplado toda la música

al escuchar la tierra seca

nos reconocemos

muertos de otro tiempo

se desdice una lejana sensación del mar

perdido respira

lenguas que nunca aprendimos

y sin embargo comprendemos

se evaporaban con el sol intenso

hoy ocupa mi mente ese viento dormido

las golondrinas no detienen

el pasado invisible

se siente la brisa del árbol circular

cactus de siete pieles

que derribé en sueños

todavía existe

no estoy seguro de que se pueda saber

sino a través de uno mismo

saliva de fósiles desdentados

la mujer ahuyentaba para no ver

el nacimiento de sus hijos

esa era la certeza de las piedras cortantes

que contemplamos

o un descanso improvisado en nuestro camino

Ahora que reconozco el frío metal entre mis dedos

Bastaría una lucerna que nos advierta

y no precipitarnos

sentiremos que ahí está

 lo que apenas sospechamos

y la Palabra

desaparece

 en el trance

 

 

 

*

Lo que fuimos se extiende

más allá de nuestra piel

entre cada punto extremo

antiquísimas costumbres de lirios

que no olvidamos

que alimentamos

con deseo imprevisto

es medianoche:

incluso en estragos

sigo

y escupo la señal

desvío de ojos comunes

bocas que recitan el vino

viejos bucaneros amenazan

mi cuerpo dormido

en hamacas que cruzaban el río

sé que estoy despierto

se puede ver en la sangre

la sospecha insufrible

es mentira que las cartas presientan nuestro destino

el pasado nos espera

 

 

 

*

un remolino brilla por su propia cuenta en los ojos de las mujeres jóvenes y acaso mi  voluntad sea la de soñar y seguir despierto. Pero hay una mirada que acecha; entonces, dinamitamos lo que se puede fulminar en la contemplación de un cuerpo: silencio, esplendor de espadas que exigen el frío vegetal, el furor animal

Hay una clara evidencia eterómana en los paisajes de rojo inexplicable, en  la lava que se extiende y no llega

tus huéspedes serán los que beban el bálsamo de tierra en esa tierra, donde ancianos caminantes veneraban unos cabellos negros, que también eran míos

en puntos cardinales destruidos beberé la copa del equilibro, las montañas narcóticas, la sabiduría del campo, el metal terrible, las manos que saludan, los labios que maldicen

entre un despojo de brazos limpios y pulseras antiguas, hay un signo de esperanza que germina, una piedra que envejece y una edad que no llega

y el viento

otra vez el viento

  abre la puerta…

 

 

 

*

de pronto los metales tenían sabor a sangre

que ahora disfruto

después de haber visitado otras tierras

otros cuerpos

los cambios llegan piramidales

después de mucho tiempo

vuelvo

a sentir

el aire

vuelvo

  volcán

semilla larva tierra

extraño ese líquido anaranjado y rancio

guarda el sabor y la totalidad

del reino incandescente

similar a la imaginación de un gorila

he tenido todo

no he perdido nada:

buena mujer

buena esposa

madre

hoja

 

 

 

*

cuando me preguntaste por los nombres de mis hijos

un frío extraño corría por mi sangre

y no supe qué decirte:

entre cada tierra una criatura se salva

esa vez me dijiste lo que todos sospechábamos

tu versión era terrible

demasiado difícil para contestarte

en esta noche:

otra vida/otra muerte

el agua nos cubre

nos hace sentir indefensos

desde la colina contemplo además

la imaginación que luchando sigue

comprendo sin esfuerzo mi naturaleza

una mano descansa entre muslos bellos y dormidos

© Edgar Saavedra, de los poemas.

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