Salmos de invierno. Mario Montalbetti

(Lima, 1953)

(Lima, 1953)

 

a

treinta tardes solo revelando secuencias de dolor

que a nadie atraen

 

puedo oler tu retracción cada vez que avanzo

en verdad huyo

 

la sombra de tus perros son huecos en la tierra

 

busco las cadencias inauditas de tu bulla

y sonrío

 

no solo lo he perdido todo

también sé dónde se ha ido

 

 

b

sea esta tarde naturaleza de la que no puedo escapar

lluvias viento nimbos

 

he vivido en una casa vacía por demasiado espacio

en un solo instante

 

a falta de caracolas marinas me acerco piedras al oído

y escucho las extrañas meditaciones de los fósiles

 

escucho y no me dicen nada

 

algún día veré tu rostro y sabré lo que ocultas

 

¿acaso mi colección de padres

que hicieron lo imposible por hacerme sentir

 

cosas en las que no pienso?

 

todo esto no debiera sorprenderme

 

especialmente ahora que el tiempo ha cambiado

y una brisa helada me destiempla los dientes

 

 

c

siento en la piel las emanaciones de tu severidad

 

me olvido

es un hábito

 

tus gestos vacíos

son familiares como el primer rostro

¿por qué los asocio entonces con un viento de fuego

 

que arrasa con los frutos del árbol?

 

entre todos estos desiertos hay un desierto eterno

que solo desertando

puede mi corazón desertar

 

 

d

si quieres ganar el cielo primero debes saber perderlo

 

recoge por ejemplo un clavo

e imagina el agujero del que provino

 

¿qué dijo brodsky? que reconocemos a nuestros hermanos

no por sus rostros

 

sino por sus espaldas

en las colas que forman en los confesionarios

 

la vida pasa como pasa la corriente

cuando agarras un cable pelado

 

arroja el clavo

guarda el agujero

 

arroja el agujero al suelo

 

 

e

ezequiel es un buen nombre pero debió ser desierto

y no profeta

 

buscando visiones como turista tras un souvenir

 

ya que tenemos ojos

suponemos que hay algo que ver

 

pero no hay nada que ver

 

o lo que tenemos que ver

no se ve con los ojos

 

por eso si lo ves mátalo

si me ves mátalo

 

si te ves en el espejo

y te reconoces

 

anda por una cuerda y verás por fin

que lo que querías ver no tiene forma

 

ni color ni número

 

 

f

las palabras que son como pozos que contienen su propia ausencia

¿dónde están?

 

entre letras          en los espacios ciegos          en la fruta picada

pero también

en el ojo de la orca          en la boca de la hostia          en la carne acecinada

 

la esperanza se parece tanto a la desesperación

 

déjame oír el mar sin terror

 

sean nuestras conversaciones

salsas que se reducen hasta el silencio

 

 

g

sentado entre montañas como una navaja

afilada por un solo lado

acaricio el rostro del trueno hago añicos las cataratas

 

10 000 lunas duermen sobre 10 000 cráneos

buscando la saturación azul en el cielo

 

cada paso cruza el río

pero solo la suma de todos los pasos

es la otra orilla

 

las mareas del regocijo y la pena

no tienen dominio sobre esta carnicería

 

ofréceme una sombra que dure

 

también la oscuridad

viaja a la velocidad de la luz

 

 

h

¿qué resta sino girar en las tardes

la rueda de los rezos a las puertas

de la muerte? ¿o la observación

del sol? pero uno sigue hablando

cada vez más solo diciendo menos

por decir algo a las puertas de la muerte

 

ahora que todos lo saben ahora todos

saben a lo mismo

 

por eso morimos siempre cuando morir

ya no es necesario

 

a las puertas de la muerte

 

 

z

el desierto es mi pastor todo me falta

 

 

 

© Mario Montalbetti

Tomado de Lejos de mí decirles. Poesía reunida, Aldus, 2013

Anuncios

2 comentarios

  1. Reblogueó esto en poesia salvaxey comentado:
    a
    treinta tardes solo revelando secuencias de dolor
    que a nadie atraen

    puedo oler tu retracción cada vez que avanzo
    en verdad huyo

    la sombra de tus perros son huecos en la tierra

    busco las cadencias inauditas de tu bulla
    y sonrío

    no solo lo he perdido todo
    también sé dónde se ha ido

    b
    sea esta tarde naturaleza de la que no puedo escapar
    lluvias viento nimbos

    he vivido en una casa vacía por demasiado espacio
    en un solo instante

    a falta de caracolas marinas me acerco piedras al oído
    y escucho las extrañas meditaciones de los fósiles

    escucho y no me dicen nada

    algún día veré tu rostro y sabré lo que ocultas

    ¿acaso mi colección de padres
    que hicieron lo imposible por hacerme sentir

    cosas en las que no pienso?

    todo esto no debiera sorprenderme

    especialmente ahora que el tiempo ha cambiado
    y una brisa helada me destiempla los dientes

    c
    siento en la piel las emanaciones de tu severidad

    me olvido
    es un hábito

    tus gestos vacíos
    son familiares como el primer rostro
    ¿por qué los asocio entonces con un viento de fuego

    que arrasa con los frutos del árbol?

    entre todos estos desiertos hay un desierto eterno
    que solo desertando
    puede mi corazón desertar

    d
    si quieres ganar el cielo primero debes saber perderlo

    recoge por ejemplo un clavo
    e imagina el agujero del que provino

    ¿qué dijo brodsky? que reconocemos a nuestros hermanos
    no por sus rostros

    sino por sus espaldas
    en las colas que forman en los confesionarios

    la vida pasa como pasa la corriente
    cuando agarras un cable pelado

    arroja el clavo
    guarda el agujero

    arroja el agujero al suelo

    e
    ezequiel es un buen nombre pero debió ser desierto
    y no profeta

    buscando visiones como turista tras un souvenir

    ya que tenemos ojos
    suponemos que hay algo que ver

    pero no hay nada que ver

    o lo que tenemos que ver
    no se ve con los ojos

    por eso si lo ves mátalo
    si me ves mátalo

    si te ves en el espejo
    y te reconoces

    anda por una cuerda y verás por fin
    que lo que querías ver no tiene forma

    ni color ni número

    f
    las palabras que son como pozos que contienen su propia ausencia
    ¿dónde están?

    entre letras en los espacios ciegos en la fruta picada
    pero también
    en el ojo de la orca en la boca de la hostia en la carne acecinada

    la esperanza se parece tanto a la desesperación

    déjame oír el mar sin terror

    sean nuestras conversaciones
    salsas que se reducen hasta el silencio

    g
    sentado entre montañas como una navaja
    afilada por un solo lado
    acaricio el rostro del trueno hago añicos las cataratas

    10 000 lunas duermen sobre 10 000 cráneos
    buscando la saturación azul en el cielo

    cada paso cruza el río
    pero solo la suma de todos los pasos
    es la otra orilla

    las mareas del regocijo y la pena
    no tienen dominio sobre esta carnicería

    ofréceme una sombra que dure

    también la oscuridad
    viaja a la velocidad de la luz

    h
    ¿qué resta sino girar en las tardes
    la rueda de los rezos a las puertas
    de la muerte? ¿o la observación
    del sol? pero uno sigue hablando
    cada vez más solo diciendo menos
    por decir algo a las puertas de la muerte

    ahora que todos lo saben ahora todos
    saben a lo mismo

    por eso morimos siempre cuando morir
    ya no es necesario

    a las puertas de la muerte

    z
    el desierto es mi pastor todo me falta

    © Mario Montalbetti
    Tomado de Lejos de mí decirles. Poesía reunida, Aldus, 2013

  2. Reblogueó esto en lopezrodeay comentado:
    El desierto es mi pastor, todo me falta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: