El arte de Auden

cubierta arte de leer

(Lumen, 2013)

 

No había acabado 2013 y ya Lumen, esta vez gracias a Andreu Jaume, publicaba un atractivo volumen con algunos de los mejores ensayos de W. H. Auden, uno de los mayores poetas anglosajones de la pasada centuria. Esta compilación es valiosa porque nos permite conocer un poco más el pensamiento de Auden así como su poética, fuertemente refrendada por un escrupuloso y severo rigor crítico.

Lo que más resalta en el Auden ensayista es aquella inteligencia que impregna a cada una de sus reflexiones, incluso en sus poemas, prevalece la lógica sobre cualquier tipo de emoción. Siendo él un poeta más cerebral que pasional, el ejercicio crítico le permite ahondar y perfilar sus propios paisajes poéticos. Por eso, su prosa ensayística carece de aquel sentimentalismo engañoso, pues la literatura es una profesión que debe ser tomada con seriedad, al fin y al cabo, este era su principal oficio. De ahí que su labor hermenéutica haya influenciado cada uno de sus hábitos literarios. Sus lecturas y su cultura encontraron un punto de confluencia en sus poemas, pero es en sus ensayos en donde degustamos mejor sus juicios, sus obsesiones y esa rígida manera de entender y vivir la poesía.

 

Aforismos y eufemismos

Uno de sus modos de reflexión más efectivos es el aforismo. En este campo su escritura se torna mucho más aguda, precisa y atractiva. Son tres los ensayos así estructurados: “Leer”, “Escribir” y “Fragmentos de conversación”, aunque este último es más bien una colección de ideas sueltas y pensamientos varios sobre autores, libros o el rol de la crítica.

Su agudeza llega a cimas de genialidad en algunos aforismos. Ciertamente, el mejor Auden reside en estas pequeñas máximas en donde despliega toda su inventiva, ironía y perspicacia. En “Leer” tenemos algunas pinceladas de sarcasmo, como “Hay libros que son injustamente olvidados; ninguno es injustamente recordado”; o “En general, al leer a un crítico erudito se aprovechan más sus citas que sus comentarios”.

También es muy intuitivo y sus cavilaciones le permiten conocerse a sí mismo, o al menos comprenderse y sincerarse. Un ejercicio bastante inusual si tenemos en cuenta el empalagoso ego de los poetas. La gran ventaja que le otorgan los aforismos es que le permiten tocar diversos temas en un mismo ensayo sin necesidad de profundizar en ellos, además de amenizar y aligerar la lectura.

 

Auden académico

Apreciamos también el dominio del lenguaje y la precisión de sus palabras para, con poco, decir mucho. Si bien en su poesía se observamos mejor la técnica y la experimentación métrica, la prosa de Auden está muy bien trabajada, fluye natural allí donde otros tal vez se hubieran complicado. Pese a que algunos de sus juicios son bastante académicos y por momentos muy teóricos, nunca encontraremos un pasaje oscuro o ambiguo. Tal es el virtuosismo de estos escritos, límpidos y lúcidos.

(York, 1907 – Viena, 1973)

(York, 1907 – Viena, 1973)

Su destreza es tal que muchas veces nos dice cosas que ya sabemos y que hemos olvidado. Empero, el modo en que lo dice nos lo hace parecer como si fuera la primera vez que lo oímos. Ocurre así en algunos aforismos y en ciertos pasajes del ensayo “C. P. Kavafis”. Ahora bien, en esta edición advertimos cómo la lupa de Auden analiza a otros autores y temas de su interés, como Paul Valéry, Edgar Allan Poe, Lewis Carroll o Marianne Moore, los clásicos griegos o el misticismo en Occidente.

No obstante su agudeza crítica, habría que subrayar que el método de Auden no es infalible. Algunas ideas y tesis pecan de lógicas, a veces demasiado, lo cual acarrea una serie de afirmaciones muy obvias y, por ende, tediosas, como leemos en “El mártir como héroe dramático” o en “Las palabras y la Palabra”, donde la carga religiosa de su pensamiento limitan mucho su imaginario interpretativo.

En todo caso, esto último no es suficiente para empañar este soberbio volumen de los ensayos de Auden. Arte de leer es un libro que está hecho para ser devorado por los lectores; de hecho, no solo es el típico libro para regalar, sino para regalárselo a uno mismo.

 

 

© Reinhard Huamán Mori, del texto.

Publicado en Quimera, nº 367, junio de 2014.

 

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