Loving the Alien, o la “Vida en Marte” de Tracy K. Smith

(Vaso Roto, 2013)

(Vaso Roto, 2013)

 

 

En poesía suele ser inusual que un autor contemporáneo sea traducido casi de inmediato. Causa sorpresa encontrar en librerías a una autora considerada como una de las descollantes voces de la nueva poesía estadounidense. Me refiero a Tracy K. Smith (Massachusetts, 1972) cuya última entrega, Vida en Marte (Life on Mars), recibió el Premio Pulitzer de Poesía en 2012. Precisamente esta obra le ha permitido darse a conocer entre nosotros, gracias a la traducción de Vaso Roto Editorial.

 

Anatomía del espacio

Resulta inevitable asociar el título con David Bowie, cuyo tema “Life on Mars?” es uno de los más emblemáticos de su álbum Hunky Dory. Algunos poemas incluyen letras de otras canciones o al propio Bowie encarnado en Ziggy Stardust. Asimismo, la iconografía popular norteamericana continúa desfilando en el libro con personajes como Arthur C. Clarke, Stanley Kubrick, Charlton Heston, Rock Hudson o Ronald Reagan.

Su estructura es muy sencilla. Inicia con un breve poema como antesala, seguido de cuatro apartados unidos por un fuerte hilo conductor: la alienación del individuo y sus múltiples facetas. Vida en Marte retrata la exasperante tensión a la que está sometido el hombre actual, el rutinario devenir de nuestra existencia y nuestros devaneos metafísicos, éticos y religiosos. Este poemario podría entenderse como una de las grandes preguntas sin respuesta que aún preocupan a la humanidad: ¿quiénes somos realmente?

La poesía de Tracy Smith prescinde de estratagemas retóricas que compliquen el verso. Apuesta por la simpleza y la naturalidad de la palabra y no cae en el hermetismo gratuito. Su grandeza está en su capacidad de mezclar lo personal con lo universal, volviendo universal lo personal y viceversa. Sus versos, meditativos e intimistas, son una amalgama de sensaciones y descripciones envueltos en un apacible —aunque monocorde— tono explicativo.

La primera sección sintoniza mejor con el título, ya que prevalecen las alusiones a la ciencia ficción, a la física del espacio y a la infinitud del universo. Es la más lograda del conjunto y en ella leemos sus mejores poemas: “My God, It’s Full of Stars”, “The Universe Is a House Party”, “The Soul”, o el magnífico “The Largeness We Can’t See”. Todos ellos portadores de una gran densidad y hondura filosófica que su ecuánime y reflexivo verso hace fácil de asimilar.

Abrumado por su pequeñez cósmica, el ser humano cuestiona su condición. Formar parte de un vasto orden le hace concebirse como un ente extraño, como un alien en su propio planeta. Por ello, todo su conocimiento es incertidumbre: “¿Dios es ser o fuerza pura? ¿El viento / o quien lo ordena?” (p.9). Desbordantes son también la soledad y el abandono existencial que retumban en la conciencia de la voz poética, más intuitiva que cerebral.

 

Rutina y enajenación

Las restantes secciones distan de la ambientación cósmica y de los pensamientos metafísicos. Son más mundanas, en el buen término de la palabra. Las percibimos más cercanas y menos impactantes. Esto no supone que el libro pierda valía, lo que trato de decir es que adolecen de aquella percepción ontológica que indaga en lo profundo del Ser. Lo que se propondrá ahora Smith será examinar al ser humano como tal.

Así, en el segundo apartado prevalece el tono elegíaco y está dedicado a la memoria de su padre, quien trabajó en la construcción del telescopio Hubble. La pérdida del progenitor da pie a una hermosa reflexión sobre la muerte y la familia: “¿Qué ocurre cuando el cuerpo cede? / Cuando lo que nos retiene se desplaza a…” (p.61). La voz experimenta nuevas sensaciones originadas por la ausencia. Los recuerdos y las vivencias no dejan de sucederse y marcan distancia entre ella y el mundo que la rodea.

La tercera sección se centra en el lado oscuro del hombre. Su enajenación es producto de la pérdida de valores y de las crisis emocionales. El distanciamiento deviene en cinismo, luego en brutalidad y en sadismo. Smith nos presenta un bizarro inventario de asesinos, violadores y secuestradores. No es absurdo, entonces, que el poema “Life on Mars” esté aquí incluido, pues el sujeto se halla fuera de sí, como si no formara parte de este mundo: la alienación despierta su instinto asesino. La metáfora de la vida en Marte no se circunscribe solo a alienígenas y a la ciencia ficción, carga también contra el animal esquizofrénico que somos.

Finalmente, el libro tematiza sobre la vida cotidiana y su aplastante sedentarismo. El día a día con sus grandes y tristes odiseas, el saberse extraño en casa propia o la fugacidad de nuestra existencia son el núcleo de sus cavilaciones. Pese al alto nivel del poemario en su conjunto, esta sección resulta ser la menos afortunada, ya que los poemas finales son irregulares. En todo caso, esto no desmerece su validez general.

Para concluir, quisiera resaltar la meritoria versión al español de Luna Miguel, por sus aciertos y por el trabajo que ha requerido este bello libro. Tal vez hubiese sido redondo la inclusión de una introducción sobre la autora o su poesía, pues entiendo que esta es la primera vez que es traducida al castellano. Ojalá no sea la última.

 

 

© Reinhard Huaman Mori, del texto.

Publicado en Mula Blanca, nº 9. Mayo de 2014

 

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