Cibeles bajo la aurora (Korybantes). Martín Rodríguez-Gaona

(La Oficina Ediciones, 2013)

(La Oficina Ediciones, 2013)

 

 

La lámpara del cuerpo es el ojo. Si tu ojo es
limpio, todo tu cuerpo será luminoso.

 

3 a.m. Tenue envuelve el tiempo en

La Guillotina.

Hacían chistes

sobre a quiénes verían y si acaso

tomaban precauciones.

“No es fácil comunicarse así, pero

   tampoco es preciso.

Todos los sonidos.

Ninguna letra”.

En otro instante u orden

   espacial, eso

hubiese significado, aunque,

en contra de lo que dijiste,

los cuerpos

se desgastan.

 

“Llega con hablar en voz muy baja,

sin articulaciones

como si uno de nosotros

(por ejemplo, la mujer) estuviese

suspendida

en el aire,

y el otro (acaso un hombre),

estuviese en el agua pero

sin sobresalir—”

Escucha

con atención lo que dice, intuye

y se aferra a lo vivido

—sueños, contradicciones y reveses—

que no corresponden

a una persona

sino con toda una época.

Sin ansia, casi

carente de deseo: espero

lo que ya se ha dado

y lo que la probabilidad dice

volverá a ocurrir.

 

“Sé bastante poco de ti. Nada, en fin,

sabemos uno del otro,

aunque tampoco sea necesario.

Me caes muy bien,

pero por el momento no podemos ser ni amigos

ni amantes”

 

“El contraste definitivo, fragante

y nervioso,

su centro vivo, palpitante, abierto

a mi dominio

y deleite—

Espasmos,

golpes

repetidos que contienen

tus ojos en mis ojos…”

“¡Me abrumas!”

“Siempre

me sedujeron tus brumas…”

Es modesta aunque a la vez

segura y ambiciosa. Mezcla

de lo que otros opinan

y ella quiere.

 

La mirada no se reconoce

en la mía o en ninguna, apenas

guarda vestigios

de algo que fue suyo.

 

“Me gustaría brindar contigo,

quizá

por la ganancia de lo perdido”.

 

No sabe de arrepentimientos

o grandes cismas,

ni de la injusticia

que, de pronto, empieza a crecer

en sus manos.

 

“Mañana por la mañana iré

a un seminario en la calle Hortaleza.

Si te parece, podemos vernos después

y así te devuelvo

las gotas—”.

“Yo solo quiero mirarte

como tú alguna vez me miraste”

 

Adora el lujo y la rebeldía—

 

La culpa existe,

pero no congela. Tan solo demuestra

la naturaleza

de una persona que sabe

serle fiel

a lo que tiene por bueno

en la vida.

 

Si aún creyera posible

una imagen de moderna

poesía hindú:

Los hijos son inevitables

como la página que sucede al cuento

en el que los amantes

se transforman

en pájaros o árboles.

 

“Los dos teníamos por momentos

el rostro de la sangre, es decir,

ningún rostro…

Es la parte

de realidad con la que me quedo”.

 

“Ante la conclusión de su tiempo,

los nobles alejandrinos

se quitaban las vestiduras y las joyas, dejaban

el palacio-escenario, y se fundían

en la multitud anónima…”

 

El final es un sentido, un lugar

tibio como su sexo,

el instante en el que

la incertidumbre muere.

 

 

Cegado por la puesta de sol,

un dolor tenue

entre hombro y nuca.

Perdona

que no seas para mí

más de lo que eres:

Un cuerpo

cuya voluntad no poseo.

 

 

 

[Para escuchar el poema en voz del propio autor,
dar click al link]

 

 

© Martín Rodríguez-Gaona, del poema.

Tomado de Madrid, línea circular. La Oficina Ediciones. 2013.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: