Giovanni Collazos. El tísico bolchevique

(Lima, 1977)

(Lima, 1977)

 

Espolón

Soy el agujero de la carne que no encuentra su hueso, esa roseta que va presenciando la infancia, rodeado de astutos gusanos que se alimentan del corazón vaporoso. Uno que se detesta salvaje con ojos cielorraso, comiendo claveles para el aliento paseante con sus peces muertos. ¿De qué puedo quejarme? ¿Quién desmenuza mi dengue y desaparece en el mar? ¿Cuánto de Lima llovizna por mi rostro? Soy afortunado por la tristeza heredada, por la calvicie en manos de mujeres a las que no renunció ni denunció por todas las bombas de los hospitales donde habitaba mi cráneo. Es la naturaleza de las prisiones, es el error de la música con su dorso que eriza la angustia de estos tambores, la música sin pies, la música demolición, con su medida profunda para encender los senos que provocan los mares. Soy el que entrega el misterio para su combustión. Las hogueras peregrinas fabulan para canonizarme, pero yo sólo quiero morir con el paisaje.

 

 

 

El matadero

Sus noches son caletas de cieno, con aceitosas aguas que ensanchan las sombras de los hombres comunes y sus raudales cantos de solistas exprimidos. Madrid y sus habitantes topos. Madrid y su agosto de engranaje que sangra hurones, con su gesto hondo suplicante oliendo a pimiento en la despensa de una letrina. Y yo que no me voy de este párpado, no me dejan, me atrapan las lámparas amontonadas sobre la sangre del ojo y su granero de gata que hacina mi pluma; al momento de la partida, la ciudad se remueve y estalla el viento que escribe mi profecía. Madrid y su crespón devoto, su mujer frutal, su lecho de selva anochecida con sus labios melocotoneros; el olor de sus piernas me lleva a la incertidumbre, al calor invernadero, me lleva al borde de la cornisa ausencia, al abismo donde quiero lanzarme. Madrid, en agosto, siempre es una ciudad desierto, llena de soledad y calles carnívoras que vegetan o tal vez sea yo quien ha expulsado a los que me habitan, para dejar de ser estancia, lugar y miedo.

 

 

 

Acróbata

Porque el amor es una canción que se evapora

un fuego pueril a las cinco de la mañana

con su viento macilento en el azul de unos pezones

como garúa incurable sobre el enfermo

un clavel desplomándose

en el reguero abrazo de carne virulenta

ausente de belleza que desmenuza el latón de este pecho

¿quién se ha trenzado en él?

¿quién sigue su instinto y se alegra por terminar en su sombra?

se sabe de la muerte antes de ser cadáver

su afasia flamea por la saliva

con su boca labrada acaba minúscula en la noche

te arrastra en caderas como raíces estrujantes

en el vacío codicioso en el vacío del ceño

de la sonrisa ronca que desala la lengua

ese no sé qué quimérico y ruinoso

sólo es un muñón de madera

equilibrista

que arde y te destruye.

 

 

 

Circular

Quise separar el sueño del no ser

evitar el tropiezo con el mismo acto

pero he confiado mi abrazo

para sentirme sostenido por un perfume de mar

donde despertaba con rojas tormentas

ahora se amontonan los actos contradictorios

los senos que sacudían los edificios se arropan al miedo

los muslos caminos hacia la puerta se alejan de las preguntas

la significancia dejó de pertenecer a mi cuerpo

mi centro precario se desmorona en el ángulo impreciso de tu tobillo

y me repito y me repito

caigo lento como bestia que echa raíces en el aire

en la intermitencia de un fósforo encendido

en la certeza de los buques insomnes que me atacan

bajo el calcinante golpe de tu lumbre.

 

 

 

Palisandro

Tengo tal necesidad de su carne que mi lucidez se ha petrificado

en los poros bolcheviques de sus labios

adquirí la facultad embriagadora opulenta de senos

de frutas ausentes de bosques

convalezco en el lenguaje

y mi gesto convulso sufre de carbón y de mujer

como llamarada de un destino habitante

ahuyente en la tormenta de mi diván soñoliento

como niño palpando la neblina padezco

la sed de un barco

la ingrata ceniza del gusano henchido de tumba y tiempo

vestido de azote y hojarasca

con la tristeza elástica de los catres

como potro con holgura desvarío trompetas

de la boca desierto de su jazz insania de abandono

de la concertina distancia que reduce los huesos

en este viento lento viento tiempo viento muslos que se anidan

en la piedra de mi boca

y me hallo mutilado en toda la sonrisa

¿por qué la vida crucifica continentes entierra horizontes mata carcajadas?

¿por qué se traga pájaros y desvela el sonido del ciprés?

vaciar el dolor como vaciar la música de los ríos como

vaciar la rompiente de la ola como vaciar

un volcán con todas

sus pedrerías.

 

[ INÉDITOS ]

© Giovanni Collazos, de los poemas.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: