Flama. Reynaldo Jiménez

(Lima, 1959)

(Lima, 1959)


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[Para Gabriela hoy viernes 16 marzo 2012]

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La telaraña inhóspita del yo recuerdo.

¿Es un lugar común? Es una pita.

Hilacha que se conjuga con fuga.

Mirar que dispensa en ácida dulzura.

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Decirte toda la verdad perdido juicio sería.

Tino me sobra y supura por los pocos poros.

Distingo apenas cortinado de párpado.

Me comen los pensátiles dispendioses.

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No tengo objeto sino el sujeto giratorio.

Dóblome en edad de aquel que habito.

Pero persigo el signo espatulado, añico.

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Ahí te veo. Ahí te espero. Ahí disuelvo,

insegurísimo y ligero. Ahí ahí te conocí.

Una tarde que del futuro volvía.

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¿De qué habla, doña tripa? Si su roña

es la vida buscarse. Su pitia se quema

tras el apuro de la suerte predilecta.

La suertera canturrea ya lo fui.

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La parca partera de extranjero acento.

Alguna muesca se cuece en la vitrina,

a vuelta de cada esquina al día dada.

Sustraída la mirada de aquella niña

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metida al mar de sus silenciosas.

Nunca sino destello vivo, la vida linda

para descanso de batallas antiguas.

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Contigo empieza el día. Contigo el día

llega a ser. La primavera entregada

al otoño se cumple en tu pupila.

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Es día solo junto a la hoguera. De pronto

te he visto en la mirada. Y no es que entienda

nada, ni un alga de allá, en tu riada,

mientras se salta la risa que nada ataja.

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Abres la palma y la semilla diseminas.

Pero la sílaba al salir de tu mirada era

vívida y ardía y venía en calma. El biombo

de fondo negro con los nácares astrales

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se derrite, se consume, es una vela, toda

la noche en vela, y la secreta sonrisa,

primera luciérnaga encendida por el mirar.

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Porque así como asimila una semilla,

asperja la curiosa luz que te encuentra.

Y te descubre despierta, contigo vibra.

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Fibrila el horizonte y se hace cuerpo.

Los pajareros del parloteo certeros.

Iridiscencia tu ojo que se funde.

O duración en la pelambre contraluz.

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Sólido el acto en que me vierto.

Y te comento la osadía de observarte.

Lleva siglos que nos vemos a los ojos.

La guirnalda, el entrelazo, los collares.

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La penumbra con que vienes a escuchar.

Y la lúnula que nunca deja de alumbrarte.

Lo paridor estaría en el roce, vida mía.

 .

Y no consigo sino perder el tiempo.

Y ya sabes, sin conciliarlo, es fresca

locura, cruda ternura contra un oleaje.

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Las hojas nuncias de aniversarios,

nadie las fija, van con el suelo.

Indómitas nubes siguen la corriente.

A solas en casa de todas las cosas.

 .

Hablan de vos pero me tratan de tú

y traen este presente que nos regala,

quién sabe quién, vida mía que vibras

en la fibra serpentina luz.

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Aferrar es a tu lumbre y hambre

mediterráneo como carnero a roca.

No es de pronto que se va miedo

.

pero se lía al papelito de fumar.

Esta conciencia es coincidir,

amada más acá de cualquier mente.

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 .

 .

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Son palabras de errático

resplandor las que me llevan

al interregno que se juega la voz,

sale nuestro adentro enamorado

.

hacia centro dispar con acedía

o acceso inoculto que se precie

de ser rocío, disperso manto

de temor si merodea y nos parece

 .

por el apuro complicar la oración

del unísono pálpito, infinita

dulzura infrazul y en el medio

.

de la camita (estás tú)

que si crujimos cruje. No

empezó aún este presente.

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[ I N É D I T O S ]

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© Reynaldo Jiménez, de los poemas.

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