Manuel Illanes. Exilios

(Santiago de Chile, 1979)

(Santiago de Chile, 1979)

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Exilios II

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(Tahuantinsuyo)

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Jagger y Richards entonan un coro de alabanza interminable a la sal de la tierra

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.

 

I

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A la orilla del mundo,

enterrada en el cauce seco

de la Historia & sus meandros,

la sal de la tierra habita

 .

en cubículos de 3 x 3

donde se cruzan felinos deseos

& el incesto es el nombre de una sobrina

pronunciado sordamente en los labios.

 .

Ocasos de cerveza barata,

un grasoso paraíso en restaurants de Independencia.

.

La sal de la tierra se multiplica

ignorando las pálidas fronteras,

brazos morenos, perfil quechua.

 .

—Pero tesón, siempre tesón!

& a veces, ligero remanso,

un domingo tibio de mayo

en que rojas flores de plástico

atemperan la atmósfera.

.

.

.

II

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Voces de carnaval en la calle,

forasteros asando blandos

muslos de pollo, carcajadas ásperas

& el hálito de La Vega

en las esquinas del atardecer,

.

como si la felicidad hubiera extendido

repentinamente el golpeteo de sus címbalos

por este valle de lágrimas.

.

Fastos entre los creyentes

de la Señora de Santa Rosa,

patrona de los suplicios & las causas perdidas.

 .

Alineados junto a los pasos cebra,

como un tumultuoso rebaño

que se precipita hacia los mercados,

 .

insensibles al brusco corte del aire,

el metálico latigazo de los vehículos

lanzados a toda velocidad por la costanera

 .

—música tropical en el ambiente,

la yunta de las rodillas sosteniendo apenas del hambre.

.

Los címbalos de la felicidad

golpean las puertas del día & la sal de la tierra

 .

agita pañuelos de victoria que son vislumbres de estío,

aleluyas en la tibieza desoladora de mayo.

 .

.

.

III

 .

A la orilla del mundo,

viboreando sobre caminos más estrechos

que el espinazo de una garza reseca,

 .

bajo la estrella del descampado,

el despido redactado en el viejo español

del hambre, esa perra babeante.

.

Comedores de ajo y rocoto

de mueca tan impasible

como la que vislumbramos en los rostros

de los patronos de los puertos,

.

frías figuras de cerámica

cubiertas de guirnaldas en que se reúne,

como una ola que revienta su espuma rabiosa,

toda la miseria del balneario,

el fervor de las caletas y el pescador

para beneficio del estercolero.

 .

Tormenta en el cielo,

el amor marcha entre las ciudades

con su paso vacilante,

husmeando el aroma del abismo,

ese que como un caballo mojado

asciende desde grutas terribles.

 .

A la orilla del mundo

los comedores de rocoto,

centellas en la penumbra.

 .

.

.

IV

 .

Ignorantes del hado,

servidores de un mundo que balbucea

en el idioma de la violencia

y cierra la salida de la prisión,

cauce seco de la Historia & sus meandros.

Impecables, hijos pródigos en el día de la madre.

Porque este es un canto de amor,

no un remedo de canto.

Victoria es poder murmurar

madre, Lima, en estos días sin justicia.

Y las rosas fulgentes, plásticas,

atadas más que conducidas en las manos,

rojas como la sangre con que se tiñeron los sueños

de la raza en cavernas anteriores a la crónica,

entibian hoy, calientan con su estampa

la atmósfera desoladora de mayo.

.

.

.

© Manuel Illanes, de los poemas.

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