Una novela irritante: Pandemonio de Francis Picabia

(Malpaso editorial, 2015)

(Malpaso editorial, 2015)

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Al igual que los mares, los templos y los bolsillos, la literatura está plagada de tesoros secretos a la espera de ser encontrados. En esta ocasión podemos decir que el descubrimiento es por partida doble: una novela inédita de Francis Picabia, aparecida póstumamente en 1974, llega a nosotros en una vistosa presentación —mérito de Malpaso Editorial— después de más de 50 años (91 en total, si nos atenemos a la fecha de su composición).

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Titulada originalmente Caravansérail (hoy Pandemonio) este fue uno de los proyectos que más frustraciones y dolores de cabeza trajo a su autor, quien la condenó al olvido tras infructuosas correcciones y desplantes editoriales. La historia de esta corta novela coincide con los efervescentes años del vanguardismo europeo y con el espíritu de renovación y de inconformidad que hoy hemos perdido. Gracias a ella, Picabia abre una ventana que nos permite conocer aquellos rincones, personajes y circunstancias que conformaban la bohemia parisina de inicios del siglo XX.

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Su fuerza no descansa en el argumento, que es bastante sencillo: un escritor se ve acosado por un escritorzuelo arribista y principiante, Claude Lareincay, quien finalmente desposará a la mujer del primero tras una vertiginosa y cómica persecución. En el plano formal esta novela es más bien clásica: temporalidad lineal, narrador en primera persona y un protagonista que encarna al antihéroe prototípico y muy definido. Empero, Pandemonio es para nosotros una joya no por estas razones, sino por otras de mayor relevancia.

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En primer lugar, puede leerse también como una vívida y colorida crónica de aquella época en que los “ismos” cantaban misa en todos los bares, salas y teatros de París, en los cuales Francis Picabia ejercía de sumo sacerdote. El lector es testigo de acaloradas rencillas y rivalidades y de la indiscreta competitividad entre cubistas, dadaístas o surrealistas por el predominio ideológico y artístico. Desde su púlpito, Picabia nos comparte su contradictoria forma de ver la vida y de entender el arte: “la locura de los hombres consiste en intentar amoldarse a un joyero y creer que este tiene forma de corazón”. Siempre en el límite y a toda velocidad hasta agotarse en su propia combustión.

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Asimismo, los personajes son otro de sus fuertes y una de sus armas de ataque más letal. A medio camino entre realidad y ficción Picabia nos ofrece una caravana de personalidades excéntricas y desquiciadas, algunas con referentes claros como Picasso o Duchamp, en tanto que otros aparecen velados, como Paul Éluard, André Breton o Jean Cocteau. Lo mejor de todo es que la novela está escrita en clave y se vale ello para caricaturizar y ridiculizar principalmente al gremio surrealista. La precocidad e insistencia de Claude Lareincay, por ejemplo, irritó sobremanera a Breton (17 años menos que Picabia), quien habrá tenido más de un motivo para sentirse aludido.

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Francis PicabiaEste no es el único recurso para ejercitar la sátira, pues las situaciones y escenarios son igual de absurdos e irónicos. En más de un diálogo hallaremos comentarios desfavorables contra Arthur Rimbaud o contra el psicoanálisis de Freud, dos de los pilares del credo surrealista: “La anécdota sobre el artista tiene un sabor que contribuye a discutir y apreciar todo lo que este produce. Es como si para conocer las cualidades de un caballo de carreras debiéramos averiguar si quería o no a su madre”. El cubismo ni tampoco el espiritismo escapan de sus afilados dardos. Incluso el lenguaje utilizado para estos fines es de una verdadera maestría, ya que nos revela el viperino ingenio que le granjeó la antipatía y el repudio de sus célebres contemporáneos.

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Habría que señalar que la presente edición de Luc-Henri Mercié respeta el manuscrito original, pues no toma en cuenta las posteriores correcciones de Picabia y consta de un oportuno apartado de notas. Pese a haber sobrevivido incompleta (las páginas 14, 15, 26 y 27 siguen extraviadas), esta es su obra de mayor extensión y atesora el espíritu indomable y provocador de aquella rara avis que anidó en la rama más alta del iridiscente árbol que fue la vanguardia occidental.

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© Reinhard Huamán Mori, del texto

Publicado en Quimera, nº 383, octubre de 2015

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