Henri Michaux. Poemas

henri-michaux

(Namur, 1899 – París, 1984)

 

El verdugo

 

En vista de la debilidad de mi brazo, nunca hubiese podido ser verdugo. De ninguna manera hubiera podido cortar limpiamente un cuello. En mis manos el arma hubiera chocado no solamente con el obstáculo imperial del hueso, sino también con los músculos de la región del cuello de esos hombres acostumbrados al esfuerzo, a la resistencia.

Un día, sin embargo, se presentó para morir un condenado de cuello tan blanco, tan endeble que se acordaron de mi candidatura para el puesto de verdugo; condujeron al condenado hasta mi puerta y me lo ofrecieron para matarlo.

Dado que su cuello era oblongo y delicado hubiera podido ser cortado como una rebanada de pan. No dejé de percibirlo de inmediato, era verdaderamente tentador. No obstante, me negué con amabilidad, agradeciéndoles mucho la oferta.

Casi inmediatamente después lamenté mi rechazo; pero era demasiado tarde, ya el verdugo oficial le cortaba la cabeza. Se la cortó como siempre, como una cabeza cualquiera, siguiendo el hábito que tenía con las cabezas, desinteresado, sin ver siquiera la diferencia.

Entonces me lamenté, sentí pesar y me reproché por haber rehusado, como lo había hecho, tan rápida, nerviosamente y casi sin darme cuenta.

 

 

 

Un hombre apacible

 

Al estirar las manos fuera de la cama, Pluma se sorprendió de no encontrar la pared. “Bueno, pensó, se la habrán comido las hormigas…” y volvió a dormirse.

Poco después su mujer lo agarró y lo sacudió: “Mira, le dijo, ¡haragán! Mientras estabas ocupado durmiendo nos han robado la casa”. En efecto, un cielo intacto se extendía por todos lados. “Bah, no hay nada que hacer”, pensó él.

Poco después se dejó oír un ruido. Era un tren que venía hacia ellos a toda velocidad. “Con el apuro que tiene, pensó él, seguramente llegará antes que nosotros” y se volvió a dormir.

Luego lo despertó el frío. Estaba todo cubierto de sangre. Algunos pedazos de su mujer yacían cerca de él. “Con la sangre, pensó, siempre surgen cantidad de disgustos; si el tren no hubiera pasado, estaría muy feliz. Pero dado que ya pasó…” y se volvió a dormir.

“Veamos, dijo el juez, cómo explica usted que su mujer se accidentara hasta el punto de que la hayan encontrado partida en ocho pedazos, sin que usted, que estaba a su lado, hiciera el menor gesto para impedirlo, sin que ni siquiera se haya dado cuenta. Ese es el misterio. Ahí reside el nudo del asunto.

— En ese tema no puedo ayudarlo, pensó Pluma, y se volvió a dormir.

— La ejecución tendrá lugar mañana. Acusado, ¿tiene algo que agregar?

—Disculpe, dijo él, no he seguido el desarrollo del juicio”. Y se volvió a dormir.

 

 

 

En compañía de los monstruos

 

Pronto se hizo evidente (desde mi adolescencia) que había nacido para vivir entre los monstruos.

Durante mucho tiempo fueron terribles, luego dejaron de ser terribles y tras una gran virulencia, poco a poco se atenuaron. Finalmente se volvieron inactivos y yo vivía serenamente entre ellos.

Era la época en que otros, aún insospechados, empezaban a formarse y un día se presentarían ante mí, activos y terribles (pues si debieran surgir para ser ociosos y estar atados, ¿quién piensa que alguna vez se mostrarían?), pero después de haber ennegrecido todo el horizonte, llegaban a atenuarse y yo vivía entre ellos con ánimo ecuánime y era una gran cosa, sobre todo habiendo amenazado con ser tan detestable, casi mortal.

Aquellos que a primera vista eran tan desmesurados, infectos, repugnantes, adquirían una delicadeza en el contorno tal que, a pesar de sus formas imposibles, uno casi los hubiera introducido en la naturaleza.

Esto lo causaba la edad. Sí. ¿Y cuál era el signo seguro de su estadio inofensivo? Muy sencillo. Ya no tenían ojos. Librados de los órganos de la detección, sus rostros, aunque monstruosos de forma, sus cabezas, sus cuerpos ahora ya no inquietaban más que los conos, esferas, cilindros o volúmenes que la naturaleza ofrece en sus peñascos, sus piedras y en muchos otros de sus dominios.

 

 

 

Los desos satisfechos

 

Nunca en la vida le hice mal a nadie. Solo tenía deseos de hacerlo. Luego ya no sentía esos deseos. Los había satisfecho.

En la vida nunca realizamos lo que queremos. Si por un feliz asesinato hubieras suprimido a tus cinco enemigos, seguirían causándote molestias. Y es el colmo, tratándose de muertos para cuyas muertes uno se ha tomado tanto trabajo. Pues siempre hay en la ejecución algo que no ha resultado perfecto, mientras que a mi modo puedo matarlos dos veces, veinte veces y más. Cada vez el mismo hombre me ofrece su boca aborrecida que le hundiré entre los hombros hasta causarle la muerte y, una vez realizado ese crimen y el hombre ya enfriado, si algún detalle me molestó, lo levanto en el acto y vuelvo a asesinarlo con los retoques apropiados.

Por eso en la realidad, como suele decirse, no le hago mal a nadie; ni siquiera a mis enemigos.

Los conservo para mi propio espectáculo donde, con el cuidado y el desinterés requerido (sin el cual no hay arte) y con las correcciones y las repeticiones adecuadas, les ajusto las cuentas.

De modo que muy pocas personas se han quejado de mí, salvo cuando han llegado a arrojarse groseramente en mi camino. Y aun así…

Mi corazón periódicamente vaciado de su malicia se abre a la bondad e incluso se me podría confiar una niña por algunas horas. Sin duda no le ocurriría nada molesto. ¿Quién sabe? Incluso me dejaría a pesar suyo…

 

 

 

Demonios femeninos de la exitación de la tinta del deseo, rostro triangular como pelos de tentación, donde penetran, donde fluyen cien miradas de lluvia, cien miradas porfiadas, miradas por miradas retrospectivas. Pequeña araña negra, enana que lentamente escupe para detener por un instante el tiempo.

 

 

 

A través de mares y desierto

 

Eficaz como el coito de una muchacha virgen

Eficaz

Eficaz como la ausencia de pozo en el desierto

Eficaz es mi acción

Eficaz

 

Eficaz como el traidor que se mantiene aparte rodeado por sus hombres dispuestos a matar

Eficaz como la noche para esconder los objetos

Eficaz como la cabra para producir cabritos

Pequeños, pequeños, ya desconsolados

 

Eficaz como la víbora

Eficaz como el cuchillo desafilado para hacer la herida

Como el moho y el orín para mantenerla

Como los golpes, las caídas y las contusiones para agrandarla

Eficaz es mi acción

 

Eficaz como la sonrisa de desprecio para suscitar en el pecho del despreciado un océano de odio que nunca se secará

Eficaz como el desierto para deshidratar los cuerpos y fortalecer las almas

Eficaz como las mandíbulas de la hiena para masticar los miembros indefensos de los cadáveres

EFICAZ

Eficaz es mi acción

 

 

 

Costumbres de los dioses

 

Allá los dioses todavía acostumbran respetar el pacto que los une a la tierra.

Desdichado el hombre impulsivo, interesado o cruel que no pudo resistir la tentación de matar una criatura del bosque.

Cuando el animal es aniquilado, los dioses piadosos le conceden el don del habla a los suyos a fin de que puedan acusar al asesino y sostener la acusación durante el juicio.

Por cierto, el cazador no escapará fácilmente —pues cada animal tiene una familia numerosa y todos hablarán.

Tras el juicio, los animales pierden el habla y se dispersan con sencillez.

 

 

 

Antes de ser obra el pensamiento es trayecto.

No tengas vergüenza de pasar por lugares molestos, indignos, aparentemente no hechos para ti. El saber de quien los evite para conservar su “nobleza” siempre tendrá el aspecto de haberse quedado a mitad de camino.

*

En el revés que parece el derecho, en el seno de una conquista sin apropiación, a lo largo de las horas, en la linde de lo infinitamente prolongado del espacio y el tiempo, engaño exterior, engaño interior, engañabobos, dime, ¿qué haces?

¿Qué eres, noche sombría en el interior de una piedra?

 

 

 

© Herederos de Henri Michaux

© Silvio Mattoni, de la versión al castellano

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: