Historias curiosas. Claudio Eliano

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Libro I

  1. Aristóteles afirma que el cisne es un animal que tiene muchos y hermosos hijos, pero que también es de temperamento fogoso. En efecto, a menudo se encolerizan y se lanzan a la lucha, llegando, incluso, a matarse entre ellos. El mismo autor afirma que los cisnes también luchan con las águilas. Lo hacen para defenderse, pues no son ellos los primeros en atacar. Que son aves canoras es algo que se repite constantemente, pero yo nunca he escuchado cantar a un cisne y, probablemente, nadie lo haya hecho nunca. Pero la creencia general es que cantan. Y se dice, en efecto, que es en el momento final de su vida cuando su voz es más bella y armoniosa. Los cisnes también cruzan el mar y vuelan sobre la superficie marina sin que sus alas se cansen.

 

 

  1. Cuando arribó la nave de Delos [1] y llegó el momento de ajusticiar a Sócrates, Apolodoro [2], un compañero de Sócrates, se acercó a la prisión para traerle una cara túnica de lana finamente tejida y un manto de las mismas características. Le pidió que, tras vestirse con la túnica y envolverse en el manto, bebiese la cicuta. Argumentaba que no se vería privado de un buen entierro si moría así vestido, pues en efecto, con tales ropas su cadáver sería expuesto con toda dignidad. Esa fue la petición que Apolodoro le hizo a Sócrates. Pero este no admitió su propuesta, sino que dijo a quienes estaban con Critón, Simias y Fedón: “¿Y cómo puede Apolodoro tener una justa opinión de mí si está convencido de que, incluso tras este amistoso brindis que me ofrecen los atenienses y después de beber ese veneno, seguiré siendo Sócrates? Pues si cree que yo seré ese cuerpo que dentro de poco será arrojado a sus pies y yacerá muerto, está claro que no me conoce”.

 

 

 

Libro II

  1. Alejandro tuvo ocasión de ver su propio retrato pintado por Apeles en Éfeso, pero no elogió el cuadro como se merecía. En cambio su caballo, que Alejandro había llevado ante el cuadro, relinchó al ver el caballo que había en aquella pintura como si este fuera real. Y Apeles dijo: “Rey, mira, el caballo parece que entiende más de pintura que tú”.

 

 

  1. Tras la victoria obtenida sobre los persas, los atenienses establecieron por ley que se organizaran peleas de gallos en el teatro, en la fecha del aniversario, sufragadas con fondos públicos. Cuál fue el origen de esta ley, ahora lo contaré. Cuando Temístocles condujo sus tropas contra los bárbaros vio unos gallos que se estaban peleando. No contempló aquella escena sin sacarle provecho. Detuvo al ejército y dijo a sus soldados: “Ni por la patria ni por sus dioses ancestrales ni por las tumbas de sus antepasados se sacrifican estos gallos, como tampoco por la gloria, la libertad o por sus hijos, sino para evitar la derrota y no ceder, así, ante su enemigo”. Con aquellas palabras dio ánimos a los atenienses. Y quiso conservar el recuerdo de aquella escena a la que habían asistido y que los animó a ser valientes, con la mirada puesta en trabajos similares.

 

 

  1. Platón, hijo de Aristón, al principio se dedicó a la poesía y escribió un poema épico, pero de inmediato lo quemó por considerarlo despreciable, pues en comparación con los poemas homéricos vio que el suyo era muy inferior. Se dedicó entonces a la tragedia y preparó una tetralogía. Quiso ponerla en escena e incluso llegó a repartir los papeles entre los actores. Mientras acudía al certamen de las Dionisiacas tuvo ocasión de escuchar a Sócrates y quedó absolutamente seducido por el canto de aquella sirena. No solo renunció al certamen, sino que finalmente desechó la idea de componer tragedias y se consagró a la filosofía [3].

 

  1. Los cretenses ordenaron que los niños de nacimiento libre aprendieran las leyes acompañadas de una melodía para que, seducidos por la música, las retuvieran en la memoria con mayor facilidad y para que, en el caso de que cometieran algún acto prohibido, no pudieran excusarse en la ignorancia. Como segunda materia de enseñanza ordenaron que aprendieran los himnos a los dioses; y en tercer lugar, los elogios de los grandes hombres.

 

 

Libro III

  1. Los peripatéticos dicen que durante el día el alma, sometida al cuerpo, está atada a él y no puede contemplar la verdad en su pureza, pero que de noche, liberada de estas servidumbres y tomando forma esférica en el tórax, adquiere capacidad profética. De aquí nacen los sueños.

 

  1. Cuando Troya fue capturada los aqueos se compadecieron de la suerte de los prisioneros e hicieron esta proclama típicamente griega: cada uno de los hombres libres tendrá derecho a llevarse consigo una de sus propiedades, la que quiera. Eneas cogió a sus dioses patrios y se los llevó, despreciando todo lo demás. Los griegos, encantados con el acto de piedad de aquel hombre, le concedieron permiso para que cogiera una segunda propiedad. Este cargó sobre sus hombros a su padre, que era muy anciano, y se lo llevó consigo. No menos admirados por este gesto le dejaron todas sus propiedades, reconociendo que, ante hombres piadosos que se conducen con respeto a los dioses y a sus parientes, incluso los enemigos naturales se vuelven civilizados.

 

 

Libro IV

  1. Janto, el poeta lírico (era mayor que Estesíroco de Hímera) [4] dice que originalmente la hija de Agamenón no se llamaba Electra, sino Laódice. Pero cuando Agamenón fue asesinado y Egisto se casó con Clitemnestra asumiendo la realeza, a ella, que permanecía soltera y envejecía virgen, los argivos la llamaron Electra porque carecía de marido y no había conocido el lecho nupcial.

 

 

Libro V

  1. He aquí una ley ática: quien encuentre un cuerpo humano sin sepultura debe siempre echarle tierra encima y sepultarlo mirando a poniente. Observan también esta otra costumbre: no se debe sacrificar un buey de labranza que haya trabajado bajo el yugo, ya fuese tirando de un arado o de un carro, porque ese buey debe ser considerado también como un campesino y compañero de fatigas humanas.

 

  1. Cierta tradición pretende que la mala fama de Medea es infundada: que no fue ella quien mató a sus hijos [5], sino los corintios. Dice esta tradición que la leyenda sobre la mujer de la Cólquide y su drama los inventó Eurípides a petición de los corintios, y que la mentira acabó por prevalecer sobre la verdad gracias al talento del poeta. Se afirma que por aquel crimen contra aquellos niños, incluso hoy en día, los corintios siguen sacrificando en su honor, como si les rindieran el tributo debido [6].

 

 

Libro VI

  1. Cuentan que el eunuco Bagoas, de origen egipcio, organizó una conspiración contra aquel Artajerjes, también llamado Ocos. Muerto y despedazado el rey, fue arrojado como alimento para los gatos. En su lugar se enterró a otra persona, a la que se otorgó un puesto en la tumba real [pues dicen que fueron muchos sus sacrilegios, especialmente en Egipto]. Pero a Bagoas no le bastó con haber matado a Ocos, sino que mandó hacer las cachas de su espada con sus fémures, dando así testimonio de su carácter sanguinario. Bagoas odiaba a Ocos porque, como ya antes había hecho Cambises, también él, durante una visita a Egipto, había matado al buey Apis.

 

 

Libro VII

  1. La mayoría de las mujeres romanas están acostumbradas a llevar los mismos zapatos que sus maridos.

 

 

José Manuel Cortés Copete, de la traducción y notas.

Tomado de Historias curiosas. Valdemar. Madrid. 2015.

NOTAS

[1] La peregrinación anual a Delos era una rememoración ritual del mito de Teseo y el Minotauro. El héroe ateniense, enviado a Creta, fue capaz de matar al Minotauro y eliminar el terrible tributo que la ciudad pagaba: catorce jóvenes, siete varones y siete muchachas. Platón, Fedón 58 a-c. Mientras la nave estaba ausente en la ciudad se desarrollaban ritos de purificación, quedando prohibidas las ejecuciones de los condenados.

[2] Apolodoro es uno de los más fieles seguidores de Sócrates, caracterizado por su simpleza, pero absolutamente entregado al maestro, al que acompañó en el tribunal y en la cárcel. Era llamado irónicamente “el blando”, aunque en realidad resultaba una persona de trato rudo para todos salvo para Sócrates. Platón, Banquete 172-3.

[3] Diógenes Laercio, III 5: Platón quemó la tragedia después de haber oído a Sócrates. Bajo el nombre de Platón se han conservado algunos poemas que son aceptados como auténticos. E. Diehl, Antologia Lyrica graeca, I, Leipzig, 1925, págs. 87 y ss.

[4] De este poeta solo se conoce la reelaboración de algunos de sus temas que hizo Estesíroco.

[5] Medea mató a sus propios hijos, habidos en el matrimonio con Jasón, para vengarse de su marido, enamorado de Glauce, hija del rey de Corinto.

[6] Pausanias, II 3, 6-7, recuerda esta tradición corintia según la cual fueron los ciudadanos de Corinto quienes mataron a los hijos de Medea para vengarse de la muerte de Glauce. Todavía en su tiempo era posible ver la estatua de la hechicera de la ciudad.

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