Osvaldo Lamborghini. La Divertidísima Canción del Diantre (anexos)

lamborghini

(Buenos Aires, 1940 – Barcelona 1985)

 

1

El cuerpo tiene un órgano metafórico,

es el lugar de todas las transmutaciones,

es el lugar poético por excelencia, el ano,

en el sentido que es el lugar

donde el niño y la niña

se encuentran todavía, subrayando todavía,

sin el corte, sin la diferencia de sexos.

El lugar metafórico, el ano,

mierda, niño, regalo, pene,

todo ahí es intercambio.

Incluso una gran mujer,

mujer de Nietzsche,

mujer de Rilke,

casi mujer de Freud:

Lou Andreas Salomé,

habló de la vagina como

eternamente

arrendada al ano.

 

 

 

2

¿De qué color, coliflor, amada mía,

será tu corazón?

Verde, o seguramente lila.

Selecta caña,

si la vista no me regaña.

Tu excremento es un puro viaje

femenino.

Niño, el excremento femenino,

la raya continúa y abarca,

el buque parte

hacia una una

primavera entrada en años.

 

Te escribo desde el descrédito.

Yo no hice una obra, hice

una experiencia, experience.

Al margen, yo te amo como se ama

al rumor heteróclito,

el clítoris todavía todavía

de la página aún no escrita,

manejo de los sinónimos.

¡Lo que es la lengua castellana!

Afirmación que hay, débese, entender

en estos términos:

Lo que es: la lengua castellana.

Y no mi pésima

bragueta.

Nocturno, nocturno, nocturno.

 

La política llegó, llegó a los ánimos

y entramos como yegua sudada.

Hay que ver lo que son estos campos,

hay que ver el trébol partido

y el municipio de un otario.

Hay que ver la luna, el sol, la aguada

allí donde beben los caballos

bien pero bien de mañana,

y esto ya lo dije en otro lado.

 

Si pudieras, che, estar conmigo,

si yo pudiera acariciarte el pelo

con la dolorosa trenza del m’hijita,

si pudiera mirar tu mano, decirme:

en otro momento besaré su mano.

Pero solo me importan los ángeles

y los dialectos del paraíso.

 

 

 

3

La Divertidísima Canción del Diantre,

pertenece a una modernidad alterna

—no, nada de alternativa—, y es una historia.

Si yo supiera pensar —no, nada de escribir—

archivarla en mi memoria

la instancia de su modulación, alterna,

comprendida en una balanza donde el peso

de la vanguardia:

dos puntos más dos puntos

igual no igual es nulo.

Tranquilamente mis errores planean en un plan

bajo, lo siento, de pasar al guion

—ya ocurrió: ese coronel cinematógrafo,

el cine y su Instituto Nacional hasta las heces

de los cuerpos de un batallón de granaderos

enterrados en los hielos —eternos—

desde la Campaña de los Andes.

 

Éste es el peso nulo de mi haber:

igual, no igual.

Enseñar, en Vermont,

inconsciente y barroco, ¿mejor?

¡Oh, Jerry!

(Ha introducido

en mi parturienta cama

su pelambre, entre mis piernas entalcadas,

donde yo escribo, y lame, y lame.)

La Argentina es azul, Pringles, y cuando ríe

Jerry acaba, eyacula, Frank Brown. ¿Y?

Mis imágenes, diantre

vuelven a estabilizarse en el cine picante

de una conciencia culpable.

Igual, no igual.

A ver si vamos a creer, a ver,

que hemos progresado tanto como para no tener

una conciencia culpable.

¡Oh, Jerry!

 

 

 

 

© Herederos de Osvaldo Lamborghini.

de: Poemas 1969-1985. Penguin Random House Grupo Editorial. Barcelona. 2015

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: