Milo de Angelis. Veremos domingo

milo_de_angelis

(Milán, 1951)

 

 

Contar los segundos, los vagones del Eurostar[1], verte

bajar del número nueve, el carrito, la sonrisa,

las palpitaciones, la noticia, la gran noticia.

Esto sucedió, en 1990. Sucedió, ciertamente

sucedió. Y antes de eso, el chapuzón en el Ticino,

mientras el balón desaparecía. Sucedió.

Hemos visto la apertura y el nacimiento de un instante.

Las hadas regresaban a las viviendas populares, el huracán

llenaba un cielo alucinado. Cada cosa estaba allí,

desierta y llena, para nosotros que esperamos.

 

 

 

*

Milán era asfalto, asfalto derretido. En el desierto

de un jardín se produjo la caricia, la penumbra

endulzada que invadió las hojas, hora sin juicio,

espacio absoluto de una lágrima. Un instante

en equilibrio entre dos nombres avanzó hacia nosotros,

se hizo luminoso, se posó respirando sobre el pecho,

sobre la gran presencia desconocida. Morir fue aquel

desmoronamiento de las líneas, nosotros allí y el gesto

por todos lados, nosotros dispersos en las

supremas tensiones del verano,

nosotros entre los huesos y la esencia de la tierra.

 

 

 

*

No es posible. El llanto que se transformaba

en una risa loca, las noches pasadas

corriendo por Via Crescenzago, persiguiendo el neón

de un quiosco. No es posible. No es tampoco nuestra

la palpitación de esperar la medianoche, esperar

hasta que la medianoche entra en su verdadero tumulto,

en el frenesí de todas las horas, de todas las horas.

No es posible. Uno solo es el tiempo, una sola

la muerte, pocas las obsesiones, pocas

las noches de amor, pocos los besos, pocas las calles

que nos alejan de nosotros, pocos los poemas.

 

 

 

*

Todo estaba ya en camino. Desde entonces hasta aquí. Todo

el tiempo, luminoso, rozaba los labios. Toda

la respiración se concentraba en el collar. Las sombras

de Lambrate[2] cerraron la puerta. Toda la habitación,

absorta, se convirtió en el primer latido. El negro

de tus cabellos contra el amarillo del último rayo.

Desde entonces hasta aquí. Era el primer día del verano.

El silencio nos llenaba la frente. Todo estaba

ya en camino, desde entonces, todo estaba aquí, único

y perdido, nuestro y remoto. Todo pedía

permanecer a la espera, de volver a su verdadero nombre.

 

 

 

*

No quedaba tiempo. La habitación había entrado en un vial.

Ya no era posible compartir la esencia. Ya no tenías

el collar. No te quedaba tiempo. El tiempo era una luz

marina entre las persianas, una fiesta de hermanas,

la herida, el agua en la garganta, Villa Litta[3]. Ya no había

día. La sombra de la tierra llenaba los ojos

con el miedo de los colores perdidos. Cada molécula

permanecía a la espera. Hemos visto el remiendo

de las manos. No había luz. Todavía nos siguen

llamando, juzgados desde una estrella que no se mueve.

 

 

 

*

En el verano del tiempo humano, en el último verano,

estaban todas las calles. La Prenestina

con sus rondas llegaba al mar

de Taranto vieja y a los jardines de Porta Venezia,

geografía de uniones inesperadas, tiempo que no se pierde,

todas las calles, todos los amores inmersos en uno solo

y renacidos, todos los pasos ante el portal, las miradas

en el intercomunicador, todas las voces, los acentos, las sílabas,

tú que salías sonriente con tu colbac

y caminabas decidida hacia el autobús.

 

 

 

*

Hubo un cumpleaños, al inicio, ciertamente.

Cinco velitas azules, los familiares que nunca vemos,

los vivas. Hubo, hubo todo aquello.

El decimoquinto fue en Monferrato, recuerdo,

con Luisella y Cristiana, el torneo de lucha en el Po,

el cuerpo vencido, el seno entrevisto. Ocurrió allí.

En el misterioso tumulto se formaba una osamenta, el sentido

de las horas truncadas. Todo estaba más cerca de la sangre

que del arco iris. Ocurrió. Ocurrió. Los ojos

buscaban, en la materia inquieta, una incisión.

En el rostro envejecido de una mujer, el mundo

entero se marchitaba. Luego, en una heroína, renacía. Leche

y cruz. Vía de los desaparecidos. Tarea escrita.

 

 

 

*

En ti se reúnen todas las muertes, todos

los vidrios hecho pedazos, las páginas secas, los desequilibrios

del pensamiento, se reúnen en ti, culpable

de todas las muertes, incompleta y culpable,

en la vigilia de todas las madres, en la tuya

inmóvil. Se reúnen allí, en tus

débiles manos. Están muertas las manzanas de este mercado,

estos poemas regresan a su gramática,

a la habitación de hotel, a la cabaña

de aquello que no se une, alma sin descanso,

labios envejecidos, corteza arrancada del tronco.

Están muertos. Se reúnen allí. Han fallado,

han fallado en la operación.

 

 

 

*

El lugar inmóvil, la palabra oscura. Aquel era

el lugar designado. Adiós recuerdo de noches

luminosas, adiós gran sonrisa. El lugar era allí.

Respirar era una oscuridad de persianas, un estar primitivo.

Silencio y desierto intercambiaban el rostro y nosotros

hablábamos a una luz. El lugar era aquel. Los tranvías

casi no pasaban. Venus regresaba a su cabaña.

De la garganta guerrera se desprendían episodios. No dijimos

nada más. El lugar era aquel. Era allí

donde estabas muriendo.

 

 

 

 

*

Las naciones se ahogan, las torres se derrumban, un caos

de lenguas y de colores, traumas y nuevos amores,

entra en Bovisasca[4], elimina el siglo XX

de la soledad maestra, de nuestro verso

colgado en el vacío. Otras mujeres evitan

los desperdicios del mercado, en la nueva miseria

de este instante. Me siento en el café debajo de casa,

observo el paisaje de Sironi[5], en un solitario

doce de agosto, empiezo a convocar las sombras.

 

Observo nuevamente a mi padre en una ciudad de mar, un aire

a Belle Époque y una sonrisa extraviada de muchacho.

Y luego a Paoletta que sobre el tatami consiguió

la victoria a tres segundos del final. Y a Roberta

que ha dedicado su vida. Y a Giovanna,

en un silencio de hospital, cuando el tiempo

revela sus grandes paradigmas.

 

“Volverán vivos los amores tenebrosos

que en medio de los años dejaron

una espina, volverán, volverán luminosos”.

 

 

© Milo de Angelis, de los poemas

© Reinhard Huaman Mori, de la versión al castellano

.

.

.

N O T A S

[1] Nombre comercial de los servicios ferroviarios de alta velocidad prestados por Eurostar Group y que comunican Londres con París y con Bruselas a través del Eurotúnel, ubicado en el Canal de la Mancha.

[2] Barrio de Milán situado en la periferia oriental de la ciudad.

[3] Edificio que se encuentra en el barrio de Affori construido hacia finales del siglo XVII a pedido del marqués Pier Paolo Corbella. Con el correr del tiempo sus jardines fueron creciendo hasta convertirse en uno de los lugares más pintorescos de la capital lombarda.

[4] Otro de los barrios de Milán, ubicado al norte y que pertenece al Municipio 9.

[5] Se refiere a uno de los cuadros de Mario Sironi (Sassari, 1885 – Milán, 1961), gran parte de su obra pictórica estuvo dedicada a los paisajes urbanos y zonas industriales enmarcadas en un contexto de angustiosa soledad y de un alienante sentido de progreso.

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