Kostas Steryopulos. Poemas

kostas

(Atenas, 1926)

 

Al otro lado de la verja

 

Sobre el hilo de una araña brilla y se balancea la luz

como en un columpio imaginario,

tras algunos signos y engendros que presagian un invierno tan grave,

la ligereza del viento te trae algunos recuerdos.

 

Una música tan lejana y tan profunda—

mas qué cabe esperar…

 

¡Tiempo ha que conozco este jardín!

Fresco corría el aire de la hojarasca,

antes de que las ramas quedasen reducidas a esqueletos

y antes de que espinas y culebras lo invadiesen todo.

Las umbrías arboledas plagadas de pájaros.

Los arriates bien granados y llenos de colorido.

 

Esta soledad te trae todavía

ladridos apenas perceptibles y sonidos nocturnos,

los perros que a tu sueño acompañaban

y recordaban “bucólicas vidas en el campo“,

y después de todo, solo queda el silencio en la llanura.

 

Ya no puedo dormir y despertar reposado.

Me falta la Gran Ignorancia,

me falta el sueño de la bestia.

Y quedé al otro lado de la verja,

del lado de tanto silencio y soledad,

viendo este jardín con más años que yo.

 

(Siempre te gustaron los jardines en ruinas.)

 

 

 

 

El sol de la medianoche

 

“Es la fe…”
(“A los Hebreos”, 11,1)

 

Como el sol de la medianoche,

descendamos.

No es el sol; es su reflejo,

que todavía luce, cuando aquel ya se ha puesto.

 

Abandonaré nuevamente la esperanza de que pase por el “ojo de la aguja“.

Con sus plumas empapadas la naturaleza no puede volar,

llevando en moléculas de materia algo del alma de los antepasados.

 

Descendamos.

 

Nuestros ojos que anhelan ver,

nuestros labios impacientes para saborear.

Linaje pecador,

olvidamos incluso la maravilla.

Nuestras manos en perpetuo movimiento, dispuestas a agarrar.

 

¿Quién se encuentra en lo más alto y en lo más bajo

en medio de calaveras desnudas,

que observan ya con las cuencas vacías de sus ojos?

La guapísima con la rosa y la calabaza bizca.

El cráneo de Yorick y de Alejandro Magno.

 

Es la fe la garantía de lo que se espera,

la prueba de las cosas que no se ven.

¿Cuánto más hondo sumergirme?

No hay otro lugar por donde pueda escapar.

 

Descendamos,

descendamos aún más.

Esta luz no cesa.

 

 

© Kostas Steryopulos, de los poemas.

© Javier Sanz Becerril, de la versión al castellano.

de: El sol de la medianoche. Visor Libros. Madrid. 1999.

Anuncios

Jacques Roubaud. Que la poesía es difícil

maxresdefault

(Caluire-et-Cuire [Francia], 1932)

.

I

—Ya no se lee a los poetas, son poco leídos porque son difíciles. ¿Qué me dice a esto?

—Primera respuesta: “quien a su perro quiera matar, rabia le ha de levantar”. Le parece que la poesía es difícil porque no ve por qué razones tendría que haber poesía. Y esto, bien porque la considera superada, aburrida, bien porque estima que la misión que antes le correspondía (se trata de la misión ‘poética’ en el sentido más débil de la palabra), puede ser desempeñada hoy día por otras cosas, la canción, la publicidad,…

—No perdamos los nervios, se lo ruego.

 

 

II

—¿Niega usted que la poesía sea difícil?

—No. Hay poesía difícil y poesía sin dificultad. El reproche de la dificultad no es más que un pretexto.

—Bueno, esa era su primera respuesta.

—Segunda respuesta. Una poesía presenta dificultades. ¿Y qué? ¿Es que es indispensable no tener que enfrentarse con dificultad alguna? ¿Es indispensable no tener que hacer ningún esfuerzo de penetración, de comprensión?

—¿Y se desvanece la dificultad?

—A veces.

—¿Por ejemplo?

—Cuando por primera vez aparece formulada la alteración del orden de una forma métrica, no se entiende la nueva disposición: todo lo nuevo es percibido en un principio como ruido.

En ciertas experiencias rítmicas, la métrica de fondo, siendo real, es invisible y hay que dejar tiempo para que el espíritu la perciba (más o menos sin darse cuenta) (es algo que ocurre normalmente con cantidad de músicas tradicionales complejas) (pero también ocurre en el caso de Bach).

 

 

III

—La poesía, según dice usted, es difícil. Sobre todo si le es desconocida la poesía que se hace. Quédese tres meses en cama sin salir y verá lo difícil que le resulta andar.

Desde el momento en que la poesía se encuentra ligada a la memoria, lo está a la memoria de cada uno; si no se halla, o ya no, en su memoria, entonces usted desconoce ya lo que es la poesía. La poesía que le llega es por fuerza rara, inhabitual, difícil por tanto, por no familiaridad, por pérdida de familiaridad con la poesía, con cualquier tipo de poesía.

 

—Una variante del mismo reproche: la poesía actual es difícil; ¡ah, si usted escribiera como X, como Y, como tal o cual poeta del pasado!

—La respuesta a esa variante es una variante de la respuesta dada a la forma pura: dice eso porque la poesía del pasado ya ha penetrado en la memoria, en la memoria de la lengua, indirectamente por tanto en la suya; como ya la tiene ahí, ocurre que cuanto ella ha obtenido ya en la lengua se absorbe sin el necesario esfuerzo de penetración, de percepción de la poesía en cuanto poesía, de reconocimiento de la poesía en los poemas (lo que constituye el primer momento de la memorización).

La dificultad de la poesía, en tal caso, se presenta también como dificultad para admitir los cambios en la poesía. Eso es, además, una figura particular de un fenómeno que afecta a todo tipo de memoria y que, como corresponde a su naturaleza, tiene especial relevancia en el caso de la poesía.

Se trata de la memoria inmóvil, quieta. La memoria interior, en cualquiera de sus dos formas, no puede pervivir más que modificándose sin cesar, más que poniéndose sin cesar a prueba interiormente. La hipertrofia del papel que se atribuye a las memorias externas favore la inmovilización de la memoria, por cuanto que pasa a ser el paradigma dominante.

La poesía ultracontemporánea presenta aún otra característica, que da origen a una dificultad real, muy distinta de lo que corrientemente se entiende por dificultad (vocabulario, construcciones, formas, presentación, ideas, …): si se toma en consideración lo que representa la memoria, la hipótesis de la memoria implica que la poesía se adelanta a los cambios que se dan en la lengua (el tiempo de la poesía es también un futuro anterior), los anuncia, incluso es posible que participe en su eclosión.

Puesto que la poesía contiene el futuro de la lengua, la lengua parece rara, insólita, difícil, en la poesía del presente.

La lengua parece rara en la poesía ultracontemporánea porque en ella muestra ciertos rasgos propios de su futuro.

La lengua parece rara en la poesía ultracontemporánea porque en ella muestra ciertos rasgos olvidados de su pasado.

La poesía preserva el pasado de la lengua en su presente. Da una imagen agustiniana de la lengua.

La poesía devuelve un sentido olvidado a las palabras de la tribu.

—Muy elocuente se nos pone usted, así de repente.

 

 

IV

—Conque, al fin y al cabo, usted también admite que la poesía es difícil.

—La poesía es difícil, sí; pero esa dificultad no radica en el hecho de utilizar palabras desconocidas por los presentadores de televisión, o una sintaxis ausente de los periódicos.

La dificultad de la poesía es una e indivisible. Dimana de que es poesía.

Lo que a priori repele es la idea de que es posible emplear una manera tan poco corriente de ejercer las funciones del lenguaje.

—¿Qué hacer?

Lo que puede servir para reducir la dificultad de la poesía es dejar de lado cualquier mala razón para no leerla, para no prestarle oído, para no guardarla en memoria, y afrontar ese rechazo como lo que vale, una sumisión indolente a las formas contemporáneas de existencia.

—¿Lo dejamos aquí?

—Aquí lo dejamos.

 

 

 

© Jacques Roubaud, del texto.

© José Luis del Castillo Jiménez, de la versión al castellano.

de: Poesía, etcétera: puesta a punto. Ediciones Hiperión. Madrid. 1998.