Artemidoro de Daldis. Sueños teoremáticos y alegóricos

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Por otra parte unos sueños son teoremáticos y otros alegóricos. Los primeros son aquellos que guardan relación con su propia visión. Por ejemplo, un navegante soñó que sufría un naufragio y así le ocurrió. En efecto, cuando despertó, la nave se hundió y por poco no pudo salvarse él mismo y unos pocos de sus compañeros. Asimismo, uno soñó que era herido por un individuo con el que iba a ir a cazar al día siguiente y, en efecto, cuando se encontraron los dos fue herido en el hombro, justamente en el sitio donde él lo había soñado. Otra persona, que había soñado que obtenía dinero de un amigo, cuando despertó recibió de él diez minas[1] y las guardó como fianza. Te podría contar otros muchos ejemplos de este tipo.

Los sueños alegóricos, por su parte, son aquellos que expresan unas cosas a través de otras, pues en ellos de forma natural el alma nos indica un mensaje en clave.

Creo que es necesario referirme, de la mejor manera que pueda, a la causa de estos sueños, sus resultados y al verdadero sentido de este término. En primer lugar, diré cuál es la definición universal del sueño, si bien no haría falta ninguna explicación si no me hallara ante personas aficionadas a la discusión.

El sueño es un movimiento o una ficción multiforme del alma que anuncia los bienes y males futuros. Siendo esto así, el alma pronostica a través de imágenes particulares y naturales los llamados “principios fundamentales”, el futuro en un corto o largo período de tiempo, debido a que ella cree que en este espacio temporal nosotros podemos conocer lo que va a ocurrir a través de la lógica[2].

Sin embargo, sea quien sea quien nos dirija, no nos deja tiempo para comprender aquellos hechos que no sufren ninguna demora, dado que considera que de su predicción no vamos a sacar ningún provecho si no podemos comprenderlos antes de hacer uso de la experiencia. Nuestra alma nos muestra por sí misma los acontecimientos, pues no espera que ningún elemento exterior aclare el significado de los mensajes, y de alguna manera nos grita a cada uno de nosotros: “Mira y atiende, cuanto más puedas, a lo que yo te he enseñado”. Y todos reconocerán que esto es así. Nadie dirá nunca que después de la visión no tienen lugar sus cumplimientos sin que pase un cierto espacio de tiempo. Incluso algunos de ellos se producen, por así decirlo, a la vez que la percepción, cuando aún no ha desaparecido la visión onírica. Por este motivo estos sueños se denominan, con razón, teoremáticos, ya que se cumplen en el mismo momento en que se experimenta la visión.

El ensueño, que no tiene ningún simbolismo, va acompañado de la apariencia, sobre la que ya han escrito muchos otros autores, como Artemón el Milesio y Febo de Antioquía, mientras que el sueño contiene la visión y la respuesta oracular. No obstante, voluntariamente dejamos a un lado una exposición minuciosa de esto, pues creo que si para uno no está clara su naturaleza, tampoco lo estará para el que vaya a explicarla[3].

Algunos distinguen cinco tipos de sueños alegóricos. Llaman “propios” a aquellos en los que uno sueña que es él mismo el que hace o sufre algo; el cumplimiento, bueno o malo, solo afectará a la persona que ha tenido la visión. “Ajenos” son aquellos en los que es otra la persona la que hace o sufre algo; el sueño, positivo o negativo, únicamente se cumplirá para esta persona, si la conoce el que ha tenido el sueño o, en cierta medida, es allegado suyo. Sueños “comunes” son los que, como indica su propio nombre, se realizan con cualquier persona conocida. Las visiones que tienen relación con los puertos, las murallas, las plazas, los gimnasios y los monumentos cívicos reciben el nombre de “públicos”. El eclipse y la desaparición temporal del Sol, de la Luna y de los demás astros, así como los anormales movimientos de la tierra y del mar, se refieren a hechos del cosmos, y por ello con razón se les llama sueños “cósmicos”.

Sin embargo, estas definiciones generales no son tan simples, puesto que ha sucedido que los sueños propios no han afectado solo a los que han tenido la visión, sino también a sus allegados. Por ejemplo, uno soñó que él se moría y, sin embargo, falleció su padre, precisamente la persona que era para él su otro yo y de la que participaba su cuerpo y su alma. Otro, a su vez, soñó que era decapitado y murió su padre, dado que este era la causa de su existencia y de su vista, como la cabeza lo es de todo el cuerpo. Asimismo, ser ciego es señal de destrucción no para el que ha tenido el sueño, sino para sus hijos, y así te podría mencionar otros muchos ejemplos similares.

Incluso alguien, apoyándose en la experiencia, podrá decir que los sueños ajenos afectan también a los propios individuos que han tenido la visión. Así, por ejemplo, uno soñó que su padre estaba quemado, y sucedió que él mismo se murió, debido a que, a causa del dolor por su hijo, el padre se consumía por el sufrimiento, es decir, por el fuego. Por su parte, otro soñó que su amada se moría, y poco después fue él quien abandonó esta vida, privado así de la más grata relación que tenía. Análogamente, soñar que la madre o la esposa están enfermas produce debilidad y desorden en las actividades profesionales. Y en este aspecto concreto no existe divergencia, sino que todos opinan unánimente que la profesión está relacionada con la madre, ya que esta es la que alimenta, y con la mujer, porque es la persona más propia del hombre. Además, si en sueños vemos que los amigos sufren dolor, ello nos producirá tristeza y si aparecen alegres, placer. De acuerdo con esto, es posible poner en duda los sueños comunes, dado que algunos de ellos dan lugar a consecuencias de tipo “propio”, en lugar de “común”.

Esta clasificación de los sueños, según la han establecido los autores antiguos, es válida en la mayoría de los casos. Los raros ejemplos que voy a relatar seguidamente y que han tenido lugar de la forma en la que yo los cuento, propician el error a los entendidos en estos temas. Por ello, hay que hacer la siguiente distinción. En el caso de los sueños propios, los asuntos que no tienen que ver con los amigos se cumplen solo en la persona que ha visto el sueño, pues son hechos que únicamente pueden afectarles a ellos y no les suceden a otros o por mediación de otros, como es el caso de hablar, cantar, bailar y también el pugilato, competir, colgarse, morir, ser crucificado, ahogarse, encontrar un tesoro, entregarse a los placeres del amor, vomitar, defecar, dormir, reírse, llorar, hablar a los dioses y otras actividades parecidas. En cambio, lo que tiene que ver con el cuerpo, con una de sus partes o con algo externo, tal como los lechos, cofres, canastillos y los demás objetos, vestidos y utensilios de esta clase, aunque sean personales, muchas veces suelen afectar a las personas próximas, según la relación de sus funciones. Así, la cabeza representa al padre; el pie al esclavo; la mano derecha al padre, a un hijo, a un amigo y a un hermano; la izquierda[4] a la mujer, a la madre, a una amiga, a una hija y a una hermana; el órgano sexual a los progenitores, la mujer y los hijos; la pierna a la mujer y a la hija. Para no extenderme más en estas cuestiones hay que aplicar los mismos principios en relación con las demás partes del cuerpo.

Los sueños comunes y ajenos que tienen lugar para nosotros a través de nosotros hay que considerarlos como sueños propios, mientras que aquellos que no se realizan para nosotros o por nuestra mediación afectarán a las demás personas. Pero si en estas visiones onñiricas aparecen amigos nuestros y las señales son positivas, entonces habrá alegría y placer para aquellos y, en parte, para nosotros. En cambio, si los signos son negativos, ambos tendremos, respectivamente, desgracias y tristezas, no solo debido a los males de aquellos, sino también por nuestra propia culpa. En el caso de que en el sueño aparezcan enemigos, habrá que emitir un juicio contrario al anterior.

Sobre los sueños públicos y cósmicos puedo decir lo siguiente: nadie soñará nada sobre algo que no le preocupe, como tampoco han experimentado sueños sobre asuntos personales lo que no tenían inquietudes de este tipo. No es factible que alguien humilde sueñe con acciones importantes, por encima de sus posibilidades. Esto contradice la teoría, pues se trata también de sueños personales que afectan a las personas que los experimentan, a no ser de que se trate de un rey[5], un magistrado o alguien muy importante. A estos les preocupan los asuntos públicos y pueden recibir una visión sobre ellos, no como personas particulares que son dignas de poca confianza, sino como soberanos preocupados de algunas cuestiones en pro del bien público. Como dice al respecto el poeta, cuando los ancianos discuten en el consejo sobre el sueño de Agamenón[6]:

“Si algún otro de los aqueos nos hubiera contado ese sueño, diríamos que es una mentira y desconfiaríamos aún más de él; sin embargo, lo ha soñado el que se vanagloria de ser el mejor en el ejército”.

Estos versos quieren decir que si cualquiera de los aqueos hubiera contado el sueño, no consideraríamos mentiroso al que lo relatara, sino falso al mismísimo sueño y que sus resultados no tienen que ver con nosotros. Por ello no deberíamos haberle prestado atención, si bien en ese caso es imposible que no nos afecte, ya que es un rey el que ha tenido tal sueño.

No obstante, se dice que en alguna ocasión ciertos individuos, corrientes y pobres, han tenido visiones de tipo público y que, tras haberlas difundido por vía escrita y oral, han merecido crédito por parte de la gente porque los resultados han coincidido con los sueños, si bien se olvidan de que ellos mismos desconocen su causa. Esta visión onírica afectó a toda la comunidad, no porque la haya soñado una vez una persona particular, sino porque muchos han tenido el mismo sueño, y unos lo han proclamado públicamente y otros individualmente en privado. Y así, sucede que no es una persona particular el que ha tenido el sueño, sino el pueblo, que no es nada inferior a un general o a un magistrado. En efecto, cuando el bien común interesa a la ciudad, va a suceder, unos con una determinada visión y otros con otra distinta. Lo mismo ocurre en las situaciones adversas, si no son muchos, sino uno solo el que experimenta el sueño, no es justo que únicamente él sufra su efecto, a no ser que se trate de un general, de algún otro magistrado, de un sacerdote o de un adivino de la ciudad. En esta cuestión están asimismo de acuerto Nicóstrato de Éfeso y Paniasis de Halicarnaso, personajes muy conocidos y famosos.

 

 

de: El libro de la interpretación de los sueños. Ediciones Akal. Madrid. 1999.

Mª Carmen Barrigón Fuentes y Jesús Mª Nieto Ibáñez, de la edición y traducción.

 

 

N O T A S

[1] Unidad de cuenta monetaria que equivale a 100 dracmas.

[2] Como ha sido ya destacado por la crítica moderna, en especial C. Blum, (Studies in the Dream-Book of Artemidorus, Uppsala 1936, p. 62) y D. del Corno “Il sogno e la loro interpretazione nell’età dell’imperio”, Aufstieg und Niedergang der Röminischen Welt 16.2 (1978), 1605-1618, en el Daldiano nos encontramos ya con un avance en la investigación de la orinogénesis, dado que en este y otros pasajes (II 66, IV 2, 42 y V 40) propone una participación activa del alma en el sueño.

[3] Artemidoro evita entrar en el problema de la clasificación de los sueños, tan habitual y tradicional en los tratadistas de esta materia. Nuestro autor apenas seguirá este esquema clasificatorio, ya que se centrará en un solo tipo de sueños. Sobre este tema puede consultarse la obra de A. H. M. Kessels, “Ancient Systems of Dream-Classification“, Mnemosyne 4 (1969), 389-424.

[4] El concepto de derecha e izquierda desempeña un papel importante en la magia y la profecía.

[5] No es posible en todos los casos dar el valor preciso del término griego basileús. En principio significa “rey”, “jefe”, etc. No obstante, en esta época ya tardía puede perfectamente utilizarse como sinónimo de autokrátoros, “emperador”. Por tanto, en nuestra traducción intentaremos precisar en término basileús, como “rey” o como “emperador”, de acuerdo con el contexto en que aparezca en cada caso. Empero, optaremos por el genérico “rey” cuando su valor no esté totalmente claro.

[6] Ilíada 2. 80-82.

 

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