Gladys Mendía. Asfalto

gLAD377

(Maracay [Venezuela], 1975)

 

las líneas blancas son los poemas del asfalto

 

el sueño es la máscara

las sandalias aladas vueltas piedra

la visión no directa

 

 

la autopista está en el sueño del túnel

no es mística

no es el símbolo

sino una pasta amorfa

los ojos deciden que sea autopista

mientras parpadea

ocasiona un accidente

un herido fatal

 

 

el auto marca la pauta

aunque el asfalto es más largo

se podría decir infinito

pero el infinito es un estado intermedio

 

 

el túnel sostiene una rosa roja

que deja caer en la autopista

el asfalto mira cómo respira

piensa que sin él la rosa no sería suave

no tendría olor

no sería rosa

la autopista

ve los átomos vibrando

piensa en ella

el asfalto

sus miradas

 

 

en la autopista corre un avión

tiene pánico

la torre de control persigue al avión

detrás camina el observador

vacía el cerebro de gasolina

quiere ser autopista

justo en la encrucijada del amor

para no elegir

quedarse por siglos viendo

cómo los autos se dejan guiar por las señales de precaución

su instinto siempre lo supo

un beso no lo salvaría

el viaje no lo salvaría

las señales de precaución no lo salvarían

la única respuesta era quedar sin combustible

 

 

el alcohol sigue siendo

lo volátil sigue siendo la suma de todas las autopistas

la voz es la búsqueda

la búsqueda está condenada al fracaso

la polilla está condenada al fracaso

 

 

a la autopista le dieron la llave que encierra el amor perfecto

la cura de la enfermedad

el éxtasis perpetuo

la autopista lanzó la llave al vacío y se sintió cómoda

el observador recordó algo

derramó unas lágrimas que rápidamente se evaporaron del asfalto

 

 

la autopista desea crear ilusiones a los autos

pozos de agua vibrando desde lejos

pero que al llegar se desvanecen

ese es el juego

el remolino de agua sal azúcar en su cerebro sin luz

el observador no está en el cerebro

la autopista está en todas las autopistas

el observador en el centro de la carretera

es la fórmula perfecta para atascarse

quedarse en las imágenes

la parte liberada es el testigo

la parte sin adornos es el testigo

el testigo es el observador

se une a otras carreteras que no son reales

son una mezcla de matices

 

 

la autopista está en la superficie

con la silenciosa desesperación del sueño

las líneas blancas son los cuerpos

las líneas blancas siguen pintadas en el asfalto

no hay que borrarlas

ni ver por el espejo retrovisor

 

 

la autopista no es un lugar

sino un foco de atención

está al borde de reacciones incontrolables

mira cómo se angosta

cómo se hace túnel y se extiende al infinito

el infinito es un estado intermedio

despierta del sueño con los ojos cerrados

no sabe qué es real

ama la muerte

un parpadeo de luces altas

para quedar fuera del asfalto

las cosas son así

suena en el cerebro de piedra caliza

donde almacena los juicios

 

 

la autopista está bloqueada

los hombrecitos de nuevo pintando las líneas

poniendo carteles que se iluminan con la oscuridad

escucha sus voces

sus pequeñas lenguas producen tormentas eléctricas

se pasean por el asfalto como un elefante salvaje

la autopista duda si las metáforas son tóxicas

el camión duda si la autopista es tóxica

el elefante salvaje duda si es elefante

los hombrecitos son surcos blancos en el asfalto negro y espeso

la autopista quiere ser negra y espesa

ser las voces murciélago

las voces elefante

las voces polilla

 

 

la autopista no sabe que es todas las autopistas

el auto queda atrás

los hombrecitos corren con las maletas detrás del avión

pisando las líneas blancas

las líneas blancas son los poemas del asfalto

las líneas blancas de la carretera

que ahora forman la silueta del difunto

 

 

 

todos los puentes caerán porque nunca existieron

 

las negaciones no sirven

las afirmaciones no sirven

matices en movimiento escupen a las señales

 

 

para el volante las autopistas no son iguales

hay barrancos entre ellas

grandes diferencias que los puentes quieren disimular

 

 

los barrancos y su belleza

por qué no vamos hacia el barranco

 

 

la autopista no sabe que todo es un gran barranco disfrazado

el tiempo son las líneas blancas fragmentadas

pintadas por los hombrecitos en el asfalto

las líneas blancas suponen un orden

cuando son continuas no hay que adelantar

pero también las líneas blancas dan giros insospechados

como grillos en la noche hacen música para la huida perfecta

 

 

 

© Gladys Mendía, de los poemas

de: La silenciosa desesperación del sueño. Paracaídas Editores. Lima. 2010

 

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