José García Obrero. La piel es periferia

José García Obrero

(Santa Coloma de Gramenet [Barcelona], 1973)

.

Parto

 

Hubo un instante

en que nadie en el mundo

había muerto.

Una línea finísima

de tiempo impreciso

en que todas las cosas

chocaban

suspendidas

en el fluido

caliente

de la casa.

Vino después

un giro brusco:

la luz blanca

y el primer golpe

y un ruido

de engranajes

y esta penumbra.

 

 

 

Una casa

 

Hemos comprado una casa un día de lluvia

para que circule la sangre tan resguardada

que vuelva a florecer en primavera.

Hemos comprado una casa para limpiar,

en las estancias, el lodo frío de la soledad.

Hemos comprado una casa para ver al fracaso

pasear su perro cojo alrededor de la fuente;

para escuchar cómo se aleja la gran oscuridad;

para resistir como esas plantas que las gotas

están dejando heridas de pavor.

Hemos comprado esta casa para colocar fuera

lo que nunca sabremos poner a cubierto.

 

 

 

Jordaan

 

Las ventanas enormes de la casa

parecían dos peceras

que a fuerza de embestirse

modulaban la claridad.

Y nosotros nadábamos dentro de la casa,

más polizontes que peces, más capitanes

de un filibote holandés,

que campesinos de los huertos

líquidos del interior.

La fachada se inclinaba hacia delante

buscando soltar amarras

y alejarse de puentes y de aceras.

Y nosotros nadábamos por la casa,

por encima de los muebles,

siempre hacia las ventanas

por ver la tormenta del mar de Galilea

o la luz que mancha de miel la piel de la aguadora.

Cortamos los nenúfares del techo;

masticamos sus flores orientales.

Y la sombra de las paredes se convirtió en verano

del círculo polar;

y nuestros ojos tomaron la belleza

del color de los ladrillos de Manhattan;

y la imagen de nosotros en nosotros fue igual que nuestra imagen:

todo multiplicándose

como peces y panes, como espejos,

y a lo lejos una música débil en su concha

creciendo como orquesta

que irrumpe de repente en un tsunami.

 

 

 

Céfiro

 

I used to be a sort of blind
now I can sort of see
Bill Callahan

 

Nos adorna el paisaje.

Por ejemplo,

ella deja que el sauce le roce con sus ramas

y yo que el céfiro caliente deposite jazmín

en mi barbilla.

 

Estiramos los cuerpos junto al río

como si fuesen rocas decorando la tarde.

 

Ella contempla el agua ondulando la luz,

la luz contempla el agua ondulándola a ella.

 

Se aleja la ciudad desde nuestras riberas,

pero vienen abejas con su baile celeste

y caballos y vacas jugando como perros.

—Las bestias— me susurra —son caricias del agua.

 

El céfiro caliente se cuela entre nosotros

llevándose las ramas de sauce de su pelo

y el jazmín que perfila de blanco mi barbilla.

Observamos la luz ensortijar el río

y el río nos observa envueltos en el céfiro.

Ya no somos dos ciegos que tiemblan ante el alba,

ahora somos videntes desvelando las sombras.

 

 

© José García Obrero, de los poemas

de: La piel es periferia. Visor Libros. Madrid. 2017.

Anuncio publicitario

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: