María Rosa Maldonado. Acúfenos

maria rosa maldonado

 

el asedio de dubrovnik

 

el viento bora pasa y el adriático   se convierte en caldero

peligroso para los navegantes

 

desde el cielo   azul nitrógeno

las bombas bajan sobre la ciudad vieja

 

por la misma razón que la manzana de newton

 

la gravedad   es una fuerza débil

dicen   más de mil veces

menor   que aquella que sostiene unidos a los átomos

pero aun así

caen sin pausa   las bombas

dentro de las murallas

 

en el arboretum de trsteno

entre sulfúricas manchas de energía

el alcanforero

expande su vastedad narcótica

su vapor

que seda a los enfermos

y envenena a los pájaros

 

 

 

en cuanto a la cosa en sí

 

en cuanto a la cosa en sí

la hormiga la transporta

sin susto

asida con la boca

 

camina ligera   ligera   sobre la ciénaga del ser

entre la nada y otra vez la nada

a recoger muestras del dios

y hacer con ellas su comida

 

desconoce su propia oscuridad

pero habla en lenguas

de mayor antigüedad que el arameo

 

no necesita llegar a la luna: forma parte de ella

 

su corazón —largo tubo dorsal por donde fluye la hemolinfa—

es más sabio que el tractatus de Wittgenstein

 

 

 

la hoguera de champel

 

en un universo paralelo

servet   y sus libros

no fueron   quemados vivos en la hoguera

por acción   u omisión   de juan calvino

 

vapores fuliginosos no cubrieron el cielo de champel

extramuros   de la culta ginebra

 

magno artificio

la circulación sanguínea es alma emanada del eterno

 

pero   quién viene a nombrar la trinidad

con la boca de un ave de corral?

 

azufaifo   fruta de la inmortalidad

drupas dulces y comestibles

son los dioses

 

pasto para las cabras

 

 

 

keeling descubrió la respiración exquisita de la tierra

 

keeling descubrió la respiración exquisita de la tierra

el lento ritmo de inspiración y exhalación

dióxido de carbono

entrando y saliendo de sus profundos   alveolos vegetales

 

mientras

la vida engorda y adelgaza en los bosques del norte

 

intercambio preciso

delicado equilibrio   del calor corporal

del planeta azulino

su historia

sellada en el frío límpido de las nieves antiguas

 

volcanes y cianobacterias preparando la fuente

el ácido y volátil alimento

 

pero también   también

podríamos   haber nacido de la energía venenosa del cadmio

 

 

 

sokushinbutsu

 

el hombre que bebió y bebió el té venenoso del urushi

está desapareciendo de este mundo

y apareciendo en el mundo

del árbol

él ya no ve

es el árbol ahora quien en amorosa meditación

lo mira

contempla su oscura corteza de hombre seco

que se contrae sin ruido

en el pozo de piedra donde espera

sin certeza ninguna

la restitución

la visitación

la habitación de la luz

 

 

 

 

© María Rosa Maldonado, de los poemas

de: Acúfenos. Zindo & Gafuri Ediciones. Buenos Aires. 2017

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: