Como un río de piedras. Raúl Zurita

raul-zurita

(Santiago de Chile, 10 de enero de 1950)

 

La enorme costra de sal le otorgaba al desierto esa blancura delirante que solo pueden comprender los locos, los fanáticos o los puros. El tajo del horizonte se cortaba al borde como un abismo, y el cielo comenzaba a remontar desde él suavemente, sin prisa, curvándose hasta alcanzar esa impertérrita lozanía que posee todo aquello que nunca ha dependido del error de la mirada. Se puede afirmar entonces que ese marco está de fondo, inmutable y perfecto, no horadado por el dolor, la pasión o la agonía del hombre que había llegado hasta dos veces y miraba.

 

Era también la luminosidad del salar encegueciéndolo. Entre su propio nacimiento y la blancura del desierto habían pasado minutos o años, daba lo mismo; el resplandor sin memoria que lo inundaba todo atestiguaba que esas nociones son recientes y que jamás han residido en la profundidad de las cosas. Alguna vez el océano había cubierto por completo las extensiones de ese territorio mostrándole de paso lo nimio de su respiración, de su hálito afanoso y corto que no obstante contenía todo el misterio de la vida. La transparencia del aire parecía emerger así desde la textura del paisaje otorgándole a esa planicie un tinte irreal donde él era apenas un tono más, un simple capricho de la luz que lo engañaba con la ilusión de una sombra. La sensación de irrealidad se estrellaba sin embargo con un núcleo duro e impenetrable, anclado en el fondo de sí, cuyo peso lo tiraba hacia abajo pegándolo al suelo como si en ese punto se hubiera concentrado toda la fuerza de gravedad de la Tierra.

 

Se había recostado boca arriba, con los brazos abiertos, sobre la larga llanura de sal, y si alguien en ese momento lo hubiese visto habría recordado la forma de una cruz, de una cruz botada y oscura. Era como si la Tierra entera subiera desde el centro de ella hasta chocar con su espalda mientras que la inmovilidad de sus brazos extendidos parecía afirmar que el dolor se opone también a la rotundez de las cosas, a la extensión del horizonte y de los paisajes, y que los milenios o instantes anteriores en que el mar se retiró dejando conchas de moluscos y peces fosilizados en las cumbres, no podían sin embargo, con toda su majestuosidad y grandeza, alterar un solo segundo del sufrimiento del ser que allí yacía.

 

Extendido sobre esa sequedad tórrida, sus ojos semicerrados alcanzaban a adivinar la encandilante claridad del cielo, pero ni siquiera como algo que las palabras o los sentidos pudiesen describir, sino más bien como esa mudez que toman los hechos si se tiene la impresión de que están ocurriendo en sueños. De esa manera, como un sueño que lo fuese arrastrando, se le venían encima las caras que alguna vez sintió cerca porque intuía, aunque en ese momento no lo supiera, que en las formas de estos farellones estaba más presente el torbellino de los rasgos humanos que en los vestigios siempre relativos de la vida. Esas dos soledades entonces, la del hombre y la del desierto, se estrellaban como dos bloques dejando apenas un mínimo resquicio entre ellos, una línea casi inexistente de aire para la existencia de los otros.

 

El que escribe conoció a esos otros. Los vio asomarse en el pequeño antejardín de una casa con un magnolio joven y luego vio la pureza de esos cuatro rostros (una abuela con un niño de corta edad aferrado a su falda, una madre a la que llamó Ana, una hermana menor a la que llamó Ana María) que se alejaban disolviéndose en un enjambre de sucesos y tiempos donde tal vez lo único permanente era la necesidad nunca colmada de una estación con olor a jazmines, de una primavera incontrarrestable y definitiva. También vio la fotografía enmarcada en metal donde un hombre vestido con esmero sostiene en brazos a su hijo de meses y lo mira. En la imagen el cielo es blanco y por un momento la fijeza de ambos recuerda el fulgor opaco de los peces petrificados en las rocas.

 

Es la misma granulosidad del desierto, del salar redondo e inmenso. Tendido sobre él, la enceguecedora superficie le rememora el olor del océano, ese olor pretérito que una vez lo copó todo. A lo lejos, apenas audible, le pareció oír el sonido de unas trompetas y recordó entonces que aunque la elegancia de su traje lo hacía ver mayor, en la fotografía su padre tendría a lo sumo veintinueve, treinta años. Ahora, agrapado a la tierra con los brazos abiertos, como si el planeta entero fuera su crucifijo, le había parecido que esa cara lloraba sobre la suya y le habló. Era un grito a las nubes, al aire, largo, como un río de piedras.

 

 

© Raúl Zurita, del texto.

de El día más blanco. Penguin Random House Grupo Editorial. Barcelona. 2016.

Manuel Illanes. Exilios

(Santiago de Chile, 1979)

(Santiago de Chile, 1979)

.

Exilios II

.

(Tahuantinsuyo)

.

Jagger y Richards entonan un coro de alabanza interminable a la sal de la tierra

.

.

 

I

.

A la orilla del mundo,

enterrada en el cauce seco

de la Historia & sus meandros,

la sal de la tierra habita

 .

en cubículos de 3 x 3

donde se cruzan felinos deseos

& el incesto es el nombre de una sobrina

pronunciado sordamente en los labios.

 .

Ocasos de cerveza barata,

un grasoso paraíso en restaurants de Independencia.

.

La sal de la tierra se multiplica

ignorando las pálidas fronteras,

brazos morenos, perfil quechua.

 .

—Pero tesón, siempre tesón!

& a veces, ligero remanso,

un domingo tibio de mayo

en que rojas flores de plástico

atemperan la atmósfera.

.

.

.

II

.

Voces de carnaval en la calle,

forasteros asando blandos

muslos de pollo, carcajadas ásperas

& el hálito de La Vega

en las esquinas del atardecer,

.

como si la felicidad hubiera extendido

repentinamente el golpeteo de sus címbalos

por este valle de lágrimas.

.

Fastos entre los creyentes

de la Señora de Santa Rosa,

patrona de los suplicios & las causas perdidas.

 .

Alineados junto a los pasos cebra,

como un tumultuoso rebaño

que se precipita hacia los mercados,

 .

insensibles al brusco corte del aire,

el metálico latigazo de los vehículos

lanzados a toda velocidad por la costanera

 .

—música tropical en el ambiente,

la yunta de las rodillas sosteniendo apenas del hambre.

.

Los címbalos de la felicidad

golpean las puertas del día & la sal de la tierra

 .

agita pañuelos de victoria que son vislumbres de estío,

aleluyas en la tibieza desoladora de mayo.

 .

.

.

III

 .

A la orilla del mundo,

viboreando sobre caminos más estrechos

que el espinazo de una garza reseca,

 .

bajo la estrella del descampado,

el despido redactado en el viejo español

del hambre, esa perra babeante.

.

Comedores de ajo y rocoto

de mueca tan impasible

como la que vislumbramos en los rostros

de los patronos de los puertos,

.

frías figuras de cerámica

cubiertas de guirnaldas en que se reúne,

como una ola que revienta su espuma rabiosa,

toda la miseria del balneario,

el fervor de las caletas y el pescador

para beneficio del estercolero.

 .

Tormenta en el cielo,

el amor marcha entre las ciudades

con su paso vacilante,

husmeando el aroma del abismo,

ese que como un caballo mojado

asciende desde grutas terribles.

 .

A la orilla del mundo

los comedores de rocoto,

centellas en la penumbra.

 .

.

.

IV

 .

Ignorantes del hado,

servidores de un mundo que balbucea

en el idioma de la violencia

y cierra la salida de la prisión,

cauce seco de la Historia & sus meandros.

Impecables, hijos pródigos en el día de la madre.

Porque este es un canto de amor,

no un remedo de canto.

Victoria es poder murmurar

madre, Lima, en estos días sin justicia.

Y las rosas fulgentes, plásticas,

atadas más que conducidas en las manos,

rojas como la sangre con que se tiñeron los sueños

de la raza en cavernas anteriores a la crónica,

entibian hoy, calientan con su estampa

la atmósfera desoladora de mayo.

.

.

.

© Manuel Illanes, de los poemas.

Estación noche. Javier Bello

(Concepción, Chile - 1972)

(Concepción, Chile – 1972)

 

Hechizo             desnudo de la lluvia dosifica

el dibujo del alba, el teatro chino

pezones en su ajuar, cadera, enroque

muslos sin ley, ventanas clandestinas,

su cadáver de alfombra y de pregunta

la mano nueva que al trizar los lentes

perdida entre reflejos, alza en vilo

cuanto esparce este tiempo que camina

La rueda y su pulmón, escenifica

en la respiración de los ausentes

que tuercen las muñecas, paroxismo

llora junto al teléfono vecino

fusilamiento pálido que junta

tobillo de satén entre los hilos

 

 

 

Destino              pese a sus pasos, libre en niebla rara

precio sin gravidez, más le valiera

tras la cepa del tiempo una partera

fragmentos a su imán los pies que fluyen

Igual abecedario da una letra

insisten en su cesto los muñones

consorte ya en su clan, de esposa huye

que ceba el propio nombre, leche y treta

Devorar la semilla en que madruga

e ignora el infiltrado esponja avara

en la carne del mundo sus leones

Pasos despedazados, sangre en fuga

sigue a su madre el rey aunque no quiera

abre sus fauces, trágase la arruga

 

 

 

Espejismo         desviado espejo que al doblar la mano

dibuja madre de metal y yelo

pariente de su dádiva en la gloria

ojo dorado que en su fiesta nunca

lame el disfraz, su témpano vigila

Nonato oculto entre escenario y nido

ofrece húmeda orilla de su hermano

hijo que verifica el espejuelo

muestra el amor cautivo en la espelunca

Obscena lengua y selva en el dormido

filomela incompleta, urna giratoria

pliegue del instrumento que destila

espía insomne, carne de su duelo

 

 

 

Nombre             alguien que reconozco por su sombra

tras la brumosa espiral, en agua fría

amordaza con sed, bozal sin beso

a dios en la cocina, escarba, huye

del huevo, trizadura cuando nombra

cinco letras, anillo coronado

alud del lavamanos, mil abejas

su forma verdadera dona al río

me visita en la niebla, sustituye

al insomne que a dios viste en el seso

mamparas de velar la soltería

en cada yema alambre, pez, arado

echo mi casa nueva, mi alma vieja

que desposa en el agua dedo y frío

 

 

 

Paisaje              no hay nadie cerca, todo me delata

el pie, tras el silbato de su nido

placebo en procesión, moscas que espanto

mordaza para dios, libre de vida

desplómase el amor, ranura sorda

sabe cantar, andaba de visita

en universo agreste, trigo santo

gorjea insomne autómata del piano

saca la lengua, méase la mano

tierra apisona lámapara suicida

Para qué vine aquí, con la corbata

escama verde ralo, seta gorda

pregunta el cuello, hervida lo desata

pileta del enfermo, se haya herido

 

 

 

Tanaj                  libro de luz respira entre mis manos

lo que escribe la sien y tibio esconde

ovillo de mil ojos anudados

anillo que no sabe asir el dedo

anfibio huevo aloja en su prepucio

y en su aliento caliente, vivo aroma

que filtra en su capullo oro lejano

muertos y vivos juntos, libro entero

Desnuda la crisálida, responde

al beso de los muertos su orificio

el pálpito que vibra ensimismado

repuja en la escritura su venero

guardan en mí la Ley, como en su nido

muerde la boca un pecho de paloma

 

 

 

© Javier Bello, de los poemas

Tomado de Estación noche, La Calabaza del Diablo, 2012

© Soledad Fariña, de la fotografía

Rodrigo Lira. Poemas

(Santiago de Chile, 1949 – Santiago de Chile, 1981)

 

 

ARS POÉTIQUE

para la galería imaginaria

 

 

Que el verso sea como una ganzúa

Para entrar a robar de noche

Al diccionario            a la luz

De una linterna

Sorda como

Tapia

Muro de los Lamentos

Lamidos

Paredes de Oído!

cae un Rocket                pasa un Mirage

los ventanales quedaron temblando

Estamos en el siglo de las neuras y las siglas

 y las siglas

son los nervios, son los nervios

El vigor verdadero reside en el bolsillo

es la chequera

El músculo se vende en paquetes por Correos

la ambición

    no descansa la poesía

está c

 ol

    g

      an

 do

en la dirección de Bibliotecas Archivos y Museos en Artí

culos de lujo, de primera necesidad,

oh, poetas! No cantéis

a las rosas, oh, dejadlas madurar y hacedlas

mermelada de mosqueta en el poema

 

el Autor pide al Lector diScurpas por la molestia (Su Propinaes Misuerdo)

 

 

 

NIL NOVI

 

Nada

Nuevo

Nada

Nuevo

Bajo el Sol

Bajo la tierra

Bajo la escala por

Bajo la cual

Evita pasar el

Supersticioso.

¿Todo de nuevo!

Así

de

complicado:

LAS LETRAS ese, te    y    pe

        pertenecientes al

       alfabeto latino

constituyen y conforman la trade mark

marca registrada, comarca gráfica –y a la vez, el logotipo–

de cierto aceite para motores, substancia lubricante

de la cual se dice que tenía –que al menos en algún

momento tuvo– (1) poderes sicodélicos o sicotomimétricos.

Según datos más recientes, que nos merecen más confianza,

se trataría de una homología entre la sigla del aceite

en cuestión –la marca del mismo– y un sicofármaco

emparentado con las anfetaminas y la benzedrina

–esto es, poseedor de poderes sico tró picos–

(El establecer la relación entre lo anterior y el ejercicio

escrito, especulación, experimento técnico, juego,

simiento texto plegaria   súplica, temblor pánico.

soledad tétrica, poema y/o payasada

que se copia a continuación

queda a cargo de la sagacidad del lector.)

________________________________________________

(1)    a no ser que se trate de un alcance de nombres

de letras, en este caso, o, más probablemente,

de algún simple truco publicitario.

 

 

 

cuatro:’               M A N I F I E S T O

: manifiesto del antayer Q.atro

gatos

S

, gato payaso/ sin alambre

en lo estruendoso/ del trópico

 

 

 

antayer Q.atro

gatos

se declara & mani-fiesta en

este MANIFIESTO, MANSA misiva,

       MAGNO mensaje,

       condicionado e incluso,

aún determinado por

y con comitando y en con-                               el  E.Co Sistema

nivencía con                                de la

Cordillera Q.bierta

por el brumo, y con la Cordura Q.erda

id est, Q.bierta y por el humo de los Cogollos de K.ñamo

y donde hay                        humo                hay                Luz

Ay!,         Luz              Lúcida           Lucida              Lucientes Luces

Oh!,        luces            de Luna o de Sol

de filamento o gas neón incandescentes

de brasa o de fuego –material o pro-

meteico–:    los pobres poetas peripatéticos

os interceptan,

–fenómeno que,   contrastando

   con la Luz a la Q.al los

   pobres p.p  pp            no interceptan.

   pero acerca de la Q.al intentan

dar testimonio,  origina                  la           sombrita

de los poetas,             por la cual se van,

maUllando en Coro,        los Q.atro

gatos, despacito

por las piedras, resbalando las palabras por las Bellas Letras

(y el olor de las gatas).

 

 

 

Notas lexicológicas

                                   llamadas de dos:

                                  el para quiénes del antayer Q.atro

   gatos

 

 

(1)    peripatéticos:            en griego, paseantes –o peatones–.

 

(2)     piranésicas:               relativas a Giambattista Piranesi &, arquitecto y

grabador italiano.  Célebres son sus Carcieri

(cárceles), aguafuertes:

 

‘han continuado, durante dos centurias,

pareciendo completamente apropiados y modernos…

como expresión de oscuras verdades psicológicas…

son también asombrosamente originales… Es una

fantasía sin precedentes, que Piranesi fue el

primero en describir en términos  pictóricos…

Todas las planchas de la serie son variaciones

evidentes de un solo símbolo, que se refiere a

cosas existentes en las profundidades físicas y

metafísicas del alma, y del cuerpo humano, a

acedia y confusión, a pesadilla u angst, a incom-

presión y pánico’  (Aldous Huxley,

&                                       Temas y Variaciones)

(1720 – 1778)

 

(3)   patafísicos       Para ¿aclarar? este término, utilizado en el texto

como adjetivo, remitimos al lector a la siguiente

cita:                     La patafísica es la ciencia de lo que es proyectado sobre la

metafísica, sea dentro o más allá de las limitaciones de ésta,

alejándose de la metafísica tanto como ésta lo hace de la física

–bien que no de la misma manera. Por ejemplo: mientras que un

epifenómeno es, normalmente, accidental, la patafísica tratará

de las leyes que rigen la excepción, y explicará el universo co-

mo complementario a ella; o más modestamente, describirá un Uni-

verso que puede –y, quizás debiera– ser considerado en lugar

del tradicional, ya que las leyes que –se supone– fueron descubiertas en el

universo tradicional, son también correlaciones de

excepciones, bien que más frecuentes –pero, en cualquier caso,

accidentales–, que, reducidas al status de excepciones inexcep-

cionales, ya no poseen ni siquiera la virtud de  la originalidad.

   

Definición:   «La patafísica es la ciencia de las soluciones ima-

ginarias que, simbólicamente, atribuye las propie-

dades de los objetos –descritos por su virtualidad

a sus alineamientos». Alfred Jarry (1873 – 1907)

Gestos y opiniones del doctor

Faustroll, patafísico.

(4)   pornoliteratura:    La voz ‘pornografía’, utilizada para designar

generalmente cierto tipo de impresos en que

predomina el material visual por sobre el verbal, deriva sin embar-

go del griego ‘grafein’, escribir (y de ‘pornos’, prostituta.)

El autor prefirió ‘pornoliteratura’, del latín littera, letra.

(y no ‘litera’).

 

(5)   proctolálicamente:   Del griego ‘proctos’, término anatómico para

la región ano-rectal, y de ‘lalos’ lengua, y,

por extensión, habla.

 

 

 

EPIGLAMA OLIENGTALEH

 

Tlawa hito leído fuela de ploglama por lodligo lila, alugno de wachiyelato

en ling wuística, sede oliengte, en el salóng de alktoh de la ehcuela de

ingenelía el vielneh siete del shiele del setenta i ocho en un alcto

olganishado pol la lama litetalia de la acu

 

 

epiglama plimelo

«El dinelo: ¿Eh la lecong pencha de viltú?» o «La

pelchevelanchia: ¿tlae we na foltuna» (como dishe el

I ching a cada lato)?

El ploblema

de la ploblecha

paleshe no tenel aleglo;

pelo, kaleshieng do de molal…

no ha de faltal

lo matelial

 

el otlo epiglama:

She pohtula que la acu puntula cula la engfelmedá,

la  lokula, la neuloshi, la sholedá, el shuflimiengto

y el dolol –ke a ehta al tula del paltido leshultan

leshelah in chopol table, polke ni fu man do mali wana

podlía lo uni vel shi talio de I kielda ek pelimental

tlan ki li da i felishidá– de manela que tenel

que integlalshe lá pida mente a un tayel de cual quiel

lama del alte o del queachel al tíhtico cultulal, o

folmal uno kong loh komg pañeloh de culso o de luta.

flache de pohtle:

La patlia etal plimelo

 

 

otlo epiglama ke chin plovi shó en el calol dechenq kuentlo, shulgido

a plopóshito de que afilmaba que la ela taba paliengno un kolachong

y kia que acudil collengdo (lo tlang clibimoh de pueh de colegil,

tijeleal y aglegal):

1)  La ela / pue de / ehtal paliengdo

un kolachong; pelo tang bieng

podel shalil un latong dentle loh sheloh

2)  Y tú ¿sabel kochinal loh latoneh

pa que le sulte sablocho?

3)     ¿O kolel y chiyal y shubilte a una shiya?

4)     ¿O pleguntal en la peletelía

pol el pleshio del laceming y lah tlampah?

 

otloh al tefaktoh velbalen que no sa lielong en eche eng cuentlo

“achelca de la poechía”

– La shelka de la poeshía ela we na, polque la poble poeshía etal tang

sel kada que no podel la cachal casi nada

– Shapato ke aplieta genelal wanete

– No kwal kiela echung pelo de coyal

– El que nadal contla la coliengte

tenel que elegil entle

achel lel kite a

o ehtle yalse contla

loh camaloneh que sheke dalong dolmidoh

Valol milital y valol de kang bio:

Choldado ke alanca y

moneda ke chia ola

chilven pala otla opoltunidá:

A dioh le sang do y cong el maltiyo clavangdo:

Pol mah que la feh pueda movel mongtagnah

la ola chione no aleglan lah gotelah

 

 

 

el superpoeta zurita se pasea

como un cristo bizantino por las calles de santiago

con el habla               (mordiéndose la lengua)

casi perdida

erguido

el superpoeta es objeto, o tal vez víctima,

por dos veces

de sendos artículos en la dominical columna

del padre valente, crítico literario

del diario el mercurio, periódico serio observe las aliteraciones que giran en torno a la r

 

no sólo es poeta, el superpoeta zurita

además, lo parece

se alucina se ilumina le observa el aura a la geografía de la faja

utopifica, como quién dice/ de alguna manera/

el superpoeta zurita

Se yergue a mayor altura que el cristo

de elqui de parra, el zuper poeta surita

zurita                                zurita

atiruz                                atiruz

neruda                              neruda

aduren                              aduren

Se pajea/ se quema y se t ajea/ las mejillas.  Se deja barba.

i         Proposición hipotética:

el superpoeta zurita no es un Despierto. Está dormido

ii.i      de facto

penetro en el campo visual y auditivo del superpoeta zurita

ii.ii     corolario:  el superpoeta surita parece que me percibe

iii.      quod erat demostrandum:

mansa pesadilla!

autocrítica:

este es un chiste a la manera de los de la violentada y dispersada promoción

poética nacional de los años 60 (cortito)

 

En recreando a goya/ instituto goethe/ ámbito literatura inaugura

coincidentalmente con Altamirano (ámbito plástica) una nueva

forma de producción artística mediante la entrega de documentos,

bajo el título «¿Cuáles son los Soportes? ¿Cuáles son los Pro-

yectos?  ¿Cuál es la obra? /MEIN KAMPF»

Observamos aquí una coincidencia que nos resistimos a creer casual entre el lenguaje

en que están escritas, en ese título, las palabras en altas (mayúsculas) y el contexto

ambiental en que se realizara el evento en que el documento se entregara

 

 

© Herederos de Rodrigo Lira.

Tomado de Proyecto de obras completas. Editorial Universitaria. 2009.

 

Leo Lobos. Archipiélago

 

Cine Jodorowsky

 

Aquí estoy en el cine Jodorowsky

la función ha comenzado en total oscuridad

soy

un topo

el ladrón del arcoíris

la santa sangre

el desierto del norte

y

la ciudad de Tocopilla

soy

también.

 

La música va

cual terremoto

y el cine

entero

se

conmueve

 

 

 

 

Paul Bowles

 

La hegemonía sin sentido de lo involuntario

 

Sin una idea en la cabeza escuchando el monólogo sin sentido del viento

 

El viento se deslizaba en su cabeza como en una habitación

 

apagando la frágil llama de una idea que se estaba formando en la oscuridad

 

 

La arena corría por la tierra llana y negra como un arroyo de agua clara

 

 

 

 

William Burroughs

 

Los poetas nos esfumaremos en anocheceres de luciérnagas

viviremos en una luz al final del último y mayor de los sueños humanos

 

Igual que los marinos del viejo continente vislumbraron una tierra redonda

Los peregrinos soñamos relámpagos de regiones más allá de la muerte

Abiertas a todo el que este dispuesto a dar un paso hacia lo desconocido

Como del agua a la tierra

De la palabra al silencio

Del tiempo al espacio

 

Nos haremos menos materiales

En eso consiste el arte con los ojos bien abiertos

Y aportar al desarrollo de los órganos necesarios para la vida en el espacio

 

Que peligroso es vivir amigo mío

Pocos sobreviven

Pero no rehuiremos el peligro cuando tenemos

un universo por ganar y nada por perder

 

 

 

 

Ingmar Bergman

 

“el talento se forja en la soledad

el carácter en el bullicio”

Goethe

Los tejados están blancos

nieve cae lentamente

un reloj da alguna hora

tal vez duerma

quizás solo haya dado el corto paso

de la realidad reconocida a la otra realidad

cierro los ojos

creo que cierro los ojos

hay alguien en la habitación

soy yo de pie contemplándome a mí mismo

sentado en el sillón contemplándome

de pie sobre la alfombra

 

Es el punto final, no hay regreso

el miedo realiza lo temido

Ingmar Bergman

quedó petrificado de pena

 

 

 © Leo Lobos, del texto y las imágenes

 

 

Nicanor Parra. Los cuatro sonetos del Apocalipsis

Nicanor Parra (San Fabián de Alico, Chile - 1914)

1

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3

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4

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© Nicanor Parra

© P. Malkovich, de la fotografía

Cinco poemas. Jorge Teillier

Jorge Teillier en Santiago, 1990

Jorge Teillier (Lautaro, 1935 - Viña del Mar, 1996)

Calle Magnolia

Un pesado perfume de caderas

En una casa del Profundo Sur

Lejos

Lejana

La adolescente de las trenzas largas

El ángel que mostraba el regreso al jardín

La calle

Donde mirabas las liceanas

Un pesado perfume de caderas

Donde evocas a sirvientas plácidas

Has regresado

Se ha ido para siempre la sombra de las alas

del pájaro furtivo

Alguien me hace evocar una sirvienta negra

Un vaso de Bourbon.

Bajo el cielo nacido tras la lluvia

Bajo el cielo nacido tras la lluvia

escucho un leve deslizarse de remos en el agua,

mientras pienso que la felicidad

no es sino un leve deslizarse de remos en el agua.

O quizás no sea sino la luz de un pequeño barco,

esa luz que aparece y desaparece

en el oscuro oleaje de los años

lentos como una cena tras un entierro.

O la luz de una casa hallada tras la colina

cuando ya creíamos que no quedaba sino andar y andar.

O el espacio del silencio

entre mi voz y la voz de alguien

revelándome el verdadero nombre de las cosas

con sólo nombrarlas: «álamos», «tejados».

La distancia entre el tintineo del cencerro

en el cuello de la oveja al amanecer

y el ruido de una puerta cerrándose tras una fiesta.

El espacio entre el grito del ave herida en el pantano,

y las alas plegadas de una mariposa

sólo la cumbre de la loma barrida por el viento.

Eso fue la felicidad:

dibujar en la escarcha figuras sin sentido

sabiendo que no durarían nada,

cortar una rama de pino

para escribir un instante nuestro nombre en la tierra húmeda,

atrapar una plumilla de cardo

para detener la huída de toda una estación.

Así era la felicidad:

breve como el sueño del aromo derribado,

o el baile de la solterona loca frente al espejo roto.

Pero no importa que los días felices sean breves

como el viaje de la estrella desprendida del cielo,

pues siempre podemos reunir sus recuerdos,

así como el niño castigado en el patio

entrega guijarros para formar brillantes ejércitos.

Pues siempre podemos estar en un día que no hay ayer ni mañana,

mirando el cielo nacido tras la lluvia

y escuchando a lo lejos

un leve deslizarse de remos en el agua.

Botella al mar

Y tú quieres oír, tú quieres aprender.

Y yo te digo: olvida lo que oyes, lees o escribes.

Lo que escribo no es para ti, ni para mí, ni para los iniciados.

Es para la niña que nadie saca a bailar,

es para los hermanos que afrontan la borrachera

y a quienes desdeñan los que se creen santos, profetas o poderosos.

Andenes

Te gusta llegar a la estación

cuando el reloj de pared tictaquea

tictaquea en la oficina del jefe-estación.

Cuando la tarde cierra sus párpados

de viajera fatigada

y los rieles ya se pierden

bajo el hollín de la oscuridad.

Te gusta quedarte en la estación desierta

cuando no puedes abolir la memoria,

como las nubes de vapor

los contornos de las locomotoras,

y te gusta ver pasar el viento

que silba como un vagabundo

aburrido de caminar sobre los rieles.

Tictaqueo del reloj. Ves de nuevo

los pueblos cuyos nombres nunca aprendiste,

el pueblo donde querías llegar

como el niño el día de su cumpleaños

y los viajes de vuelta de vacaciones

cuando eras —para los parientes que te esperaban—

sólo un alumno fracasado con olor a cerveza.

Tictaqueo del reloj. El jefe-estación

juega un solitario. El reloj sigue diciendo

que la noche es el único tren

que puede llegar a este pueblo,

y a ti te gusta estar inmóvil escuchándolo

mientras el hollín de la oscuridad

hace desaparecer los durmientes de la vía.

Un hombre solo en una casa sola

Un hombre solo en una casa sola

no tiene deseos de encender el fuego

no tiene deseos de dormir o estar despierto

un hombre solo en un casa enferma.

No tiene deseos de encender el fuego

y no quiere oír más la palabra Futuro

el vaso de vino se ha marchitado como un magnolio

y a él no le importa estar dormido o despierto.

La escarcha ha empañado las ventanas

pero a él sólo le importa mirar la apagada chimenea

sólo le gustaría tener una copa que le contara a una vieja historia

a ese hombre solo en una casa sola.

Una historia como las que oía en su casa natal

historias que no recuerda como no recuerda que aún está vivo

ve sólo una copa vacía y una magnolia marchita

un hombre solo en una casa enferma.

© Herederos de Jorge Teillier