Cayo Julio Higinio. Artofílace

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1. Se dice de él que se llamaba Arcas, hijo de Calisto y Júpiter, y que Licaón[1], al ofrecer su hospitalidad a Júpiter, se lo sirvió picado con otras carnes en una comida, pues deseaba saber si quien ambicionaba su hospitalidad era un dios. Este hecho le supuso un castigo importante. Pues, enseguida, Júpiter tras derribar la mesa[2], incendió la casa con su rayo y al propio Licaón lo convirtió en lobo[3]. Recogió y juntó los miembros del joven para que lo criara un etolio. Siendo ya adolescente, mientras cazaba en un bosque, se encontró, sin saberlo, con su madre convertida en osa. Con la intención de matarla la persiguió hasta el templo de Júpiter Liceo, en donde quien entraba merecía la pena capital, según la ley arcadia. Así pues, como era forzoso matar a uno y otro, Júpiter se compadeció de ellos y, sacándolos bruscamente, los incluyó entre las estrellas, como dijimos anteriormente[4]. De hecho, se le puede ver persiguiendo a la Osa, y como guardián de Arctos, se llamó Artofílace[5].

2. Algunos dijeron que se trataba de Icario[6], a quien, a causa de su integridad y piedad, se cree que el venerable Líber le entregó el vino, la vid y la uva, para que enseñara a los hombres cómo se sembraba y cuál era su fruto; y una vez obtenida la cosecha, cómo se debía utilizar. Cuando hubo plantado la vid e hizo que floreciera con facilidad, habiéndose ocupado de ella con sumo cuidado, se dice que un macho cabrío se arrojó al viñedo y arrancó las hojas más tiernas que vio. Icario, enojado por este hecho, se lo llevó y lo mató. De su piel hizo un odre, lo llenó de aire, lo ató y lo lanzó en medio de sus compañeros, a quienes obligó a saltar alrededor de él. Así dice Eratóstenes: “A los pies de Icario se danza por primera vez alrededor de un macho cabrío”[7].

3. Otros dicen que Icario, como había recibido del venerable Líber el vino, inmediatamente colocó unos odres llenos en un carro; por este motivo se le llama también Boyero[8]. Mientras recorría el territorio ático, se los mostró a unos pastores y algunos de ellos, llenos de avidez y seducidos por una nueva bebida, se quedaron dormidos y se tumbaron cada uno en un lugar. Como estaban echados, medio muertos y hablaban de un modo extraño, los demás, que pensaban que Icario había dado una poción a los pastores para llevarse el ganado a su país, lo mataron y lo arrojaron a una fosa. Otros cuentan que lo enterraron junto a un árbol. Los que habían bebido se quedaron dormidos profundamente y, al despertarse, reconocieron que nunca antes habían descansado mejor. Buscaron a Icario para darle las gracias por tan buena acción. Sus asesinos, perturbados por los remordimientos de conciencia, inmediatamente se dieron a la fuga y llegaron a la isla de Ceos[9], donde fueron recibidos como huéspedes e instalaron allí su residencia.

4. Pero Erígone, hija de Icario, conmovida por la añoranza de su padre, como veía que este no volvía, emprendió su búsqueda. La perra de Icario, que se llamaba Mera, aullando, como si llorara la muerte de su amo, volvió junto a Erígone. Le mostró una prueba nada desdeñable de la muerte que presentía, pues la joven, temerosa, sospechaba que su padre había muerto, después de varios días y meses de ausencia. La perra, que tenía entre sus dientes un vestido de Icario, la condujo hasta el cadáver. Tan pronto como su hija lo vio, angustiada por la soledad y la pobreza, perdió la esperanza y, lamentándose con abundantes lágrimas, decidió quitarse la vida, colgándose del mismo árbol en donde estaba enterrado su padre. La perra apaciguó los manes de la difunta con su propia muerte. Hay quienes dicen que la perra se arrojó a un pozo, llamado Anigro[10]. Como consecuencia, cuenta la tradición que nadie bebió de ese pozo. Júpiter se compadeció de su muerte y representó sus cuerpos entre las estrellas. Así pues, muchos llamaron a Icario Boyero y a Erígone Virgo, de la que más tarde hablaremos. Por su parte llamaron a la perra Canícula por su nombre y por su apariencia[11]. Los griegos la llamaron Proción[12], porque sale antes que el Can Mayor. Otros dicen que el venerable Líber los representó entre las constelaciones.

5. Mientras tanto, numerosas jóvenes doncellas atenienses se quitaban la vida colgándose sin motivo, porque Erígone, al morir, pidió que las hijas de los atenienses recibieran la misma muerte a la que ella se iba a entregar, si no vengaban y castigaban la muerte de Icario. Y como los hechos sucedieron tal y como acabamos de decir, Apolo respondió a quienes se lo habían pedido que si querían librarse de tal desgracia, debían satisfacer a Erígone. Una vez que ella se colgó, los atenienses decidieron que, suspendiéndose de unas cuerdas intercaladas en tablas de madera, se balancearían, de modo que el que permaneriera colgado sería agitado por el viento. Establecieron así una ceremonia solemne[13]. La celebran tanto en privado como en público y se llama Alétide porque, mientras Erígone buscaba a su padre con su perro, como era desconocida y estaba solitaria por necesidad, la llamaban mendicante, que en griego se dice aletides.

6. Además de esto, la Canícula, que sale con el calor, privaba de sus frutos a la tierra de Ceos y a sus campos y, afectados por este sufrimiento, les obligaba a pagar dolorosamente por la muerte de Icario, pues habían acogido a sus asesinos. El rey Aristeo, hijo de Apolo y de Cirene, padre de Acteón, pidió a su padre consejo sobre cómo actuar para poder liberar de tal desgracia a su pueblo. El dios le ordenó que expiara la muerte de Icario con numerosas víctimas y que pidiera a Júpiter que, cuando saliera la Canícula, soplara durante cuarenta días un viento que aliviara su calor. Aristeo cumplió lo ordenado y consiguió de Júpiter que soplaran los vientos etesios, como así los denominaron algunos, porque aparecen todos los años en la misma época: en efecto étos, en griego, es lo mismo que annus en latín. Algunos, incluso, los llamaron aetesios[14], porque fueron solicitados a Júpiter y les fueron concedidos. Pero dejemos el tema en el aire, para que no parezca que vamos demasiado deprisa.

7. Volviendo a nuestro asunto, Hermipo[15], que había escrito sobre las estrellas, dijo que Ceres había mantenido relaciones con Yasión, el hijo de Electra, lo que le costó ser fulminado por un rayo, según cuentan numerosos autores, como Homero[16]. Fruto de esta relación, como indica Petélides, mitógrafo de Gnosos, nacieron dos hijos, Filomelo y Pluto, de los que se afirma que no se ponían de acuerdo entre ellos. Pues Pluto, que era el más rico, no quería ceder ninguno de sus bienes a su hermano; Filomelo, por su parte, movido por la necesidad, compró dos bueyes con lo que tenía y fue el primero que construyó un carro. De este modo, se alimentaba de lo que cultivaba y de lo que producía el campo. Su madre, admirada por el descubrimiento, lo colocó entre las estrellas como si fuera un labrador y lo llamó Boyero. Se ha señalado que de él nació Parias, que dio su nombre a los parios y a la ciudad de Pario.

 

 

de: Fábulas. Astronomía. Ediciones Akal. Madrid. 2008.

© Guadalupe Morcillo Expósito, de la edición.

 

NOTAS

[1] Padre de Calisto.

[2] Allí se fundó la ciudad llamada Trapezunte.

[3] Cfr. Fab. CLXXVI; CCXXIV; Ov., Met. I, 196-262; Erat., Cat. 8.

[4] Cfr. supra, libro 1, 2.

[5] “Que acompaña a la Osa”.

[6] Padre de Erígone, que pasó por haber difundido el uso de la vid en Grecia, siendo rey de atenas Pandión.

[7] Esta frase pertenece al poema Erígone, que no se ha conservado. Cfr. Fab. CXXX; Nono de Panópolis 47, 34-264.

[8] ‘Conductor de bueyes’.

[9] Una de las islas Cícladas, en el mar Egeo, situada entre la punta meridional del Ática y la de la isla de Andros. Actualmente Zea, cuna de Simónides y Baquílides.

[10] No se trata de un pozo, sino de un río de la Élide meridional, en el Peloponeso, originario del monte Minthes, que desemboca en la laguna costera de la Trifilia, a la vista del mar Jónico y al sur de la antigua Samicum: es el Minyéios mencionado en la Ilíada, 11, 722.

[11] Es decir, “perrilla” o “perra pequeña”.

[12] Del gr. Prokýōn, el llamado Can Menor. Se le llama así por estar situado ‘por delante del perro’, del Can Mayor.

[13] Cfr. Fab. CXXX, 4: diem festum oscillationes. Se trata de la Aiora o Fiesta de los Columpios, en la que, en recuerdo del ahorcamiento de Erígone, las jóvenes atenienses se balanceaban colgadas de los árboles, en donde, además, colocaban unas figurillas (oscilla) que también eran columpiadas por el viento. Cfr. Virg. G., 2, 389.

[14] Del gr. aiteín, ‘pedir’.

[15] Hermipo de Esmirna, historiador, autor de unas célebres Vidas de hombres ilustres y de unos Fenómenos.

[16] Cfr. Od., 5, 125-129; Cfr. Apo., Bibl. III, 12, 1.

 

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Eratóstenes de Cirene. Catasterismos

 

Cáncer (Asnos y Pesebre)

Parece que fue la diosa Hera la que lo colocó en el firmamento. Cuenta Paniasis en su obra Heraclia que un cangrejo salió de la laguna en la que Hércules luchaba con la hidra y le mordió el pie él solo, sin concurso de otros. Hércules, irritado, lo aplastó con el pie, y desde entonces el cangrejo alcanzó una gran fama y se le cuenta como uno de los doce signos del Zodíaco.

Algunas estrellas de esta constelación reciben el nombre de Asnos, y fue el dios Dioniso el que los elevó al cielo. Anexo a ellos se encuentra el llamado Pesebre [1]. He aquí su historia: cuando los dioses partieron a la guerra contra los Gigantes, se dice que el dios Dioniso, Hefesto y unos sátiros subieron a lomos de unos asnos; cuando aún los Gigantes no los habían divisado, los asnos se pusieron a rebuznar hallándose a corta distancia, y los Gigantes echaron a correr al oír los rebuznos. En recompensa por dicha acción los asnos pasaron a formar parte de la constelación de Cáncer, a la zona de poniente.

Cáncer tiene dos estrellas brillantes sobre su caparazón, que son los Asnos, y una nebulosa que se encuentra entre estos compone el llamado Pesebre; da la impresión de estar flanqueado por los Asnos. Cáncer tiene una estrella de escaso brillo sobre cada pata del lado derecho y en la pata anterior del lado izquierdo dos poco brillantes, otras dos sobre la pata segunda, una en la tercera; igualmente presenta una en el extremo de la cuarta pata, otra sobre la boca y tres iguales y no muy grandes sobre la pinza de la derecha; otras dos iguales, de no gran tamaño, sobre la pinza de la izquierda. Suman un total de dieciocho.

 

 

Leo

Constituye una de las constelaciones más vistosas. Parece que Zeus la dispuso como uno de los signos del Zodíaco por ser el rey de los cuadrúpedos. Dicen algunos que representa el primer trabajo de Hércules, como testimonio de su memoria. Buscando éste alcanzar fama, dicen que dio muerte a un león si ayuda de arma alguna (única ocasión en que actuó así, pues asfixió a la bestia solo con sus brazos); así lo relata al menos el rodio Pisandro. A partir de entonces lleva consigo la piel de la fiera, en recuerdo de su gran hazaña.

Lleva tres en la cabeza, dos en el pescuezo, una sobre el pecho, tres en la pezuña, una en el medio del vientre, otra muy brillante al final del vientre, dos bajo el pecho, otra muy refulgente sobre la garra de la derecha, otra brillante bajo el vientre y otra más abajo, una en la ingle, otra en la rodilla trasera y una más también brillante en el extremo de la pezuña. Suman en total diecinueve.

Se divisan igualmente por encima de Leo siete estrellas de escaso brillo formando un triángulo por la parte de la cola; se le conoce con el nombre de Cabellera de Berenice la Bienhechora.

 

 

Erídano

Se origina en el pie izquierdo de la constelación de Orión, y es Arato quien lo llama Erídano [2], aunque no da explicación alguna sobre él. Otros autores en cambio sostienen como más verosímil que se trata del río Nilo, que es el único cuyas fuentes fluyen desde el sur.

Está ubicado entre gran número de estrellas; debajo de él se encuentra la estrella llamada Canobo, próxima a los remos de la nave de Argo, y más debajo de esta ya no divisamos ninguna otra, razón por la que la denominamos también Perigeo [3].

Tiene tres estrellas en su primer meandro, otras tres en el segundo, y desde el tercero hasta el final siete, que dicen que son las siete desembocaduras del Nilo. Suman un total de trece.

 

 

Notas

[1] En la actualidad se le ha dado el nombre de Colmena a la constelación que los antiguos denominaban Pesebre.

[2] Según una verosímil etimología, significa “río de lágrimas”.

[3] El nombre significa “la que circunde o envuelve la Tierra”.

 

 

Antonio Guzmán Guerra, de la traducción.

Tomado de Mitología del Firmamento, Alianza editorial.