Poemas. Pedro Lastra

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(Quillota, Chile, 1932)

 

Balada

 

Perch'i' no spero di tornar giammai,

ballatella, in Toscana

Guido Cavalcanti

 

Pues cada uno tiene su Toscana

A la cual sabe como Cavalcanti

que no regresará,

que busque en su memoria la música

de un álamo en la tarde,

el destello

de una hoja al caer sobre la hierba húmeda,

el pasaje de un pájaro de altura

que atraviesa sin fin la misma nube,

aves música nubes

extraviadas desde hace mucho tiempo

allá lejos

en región de penumbra o desdicha.

 

 

 

Meditación de Teseo

 

Si las islas que están ahí se unieran

por una vez, si el cielo

que tú miras pasar

fuera el mismo

por una vez,

si el Minotauro fuera por una vez el ángel

que tú llamas en sueños,

bastaría tu nombre y no habría palabras.

 

 

 

Reivindicación del astrolabio

 

El astrolabio ha caído en desuso

y hoy todos celebran la eficacia

de los instrumentos modernos.

Yo sostengo que se trata de un error lamentable

en el que los antiguos no cayeron jamás

(el sol era un pretexto).

Aunque no lo dijeran

no ignoraban

que el astrolabio mide la altura del amor,

de las estrellas

que su poder instala en el espacio.

 

 

 

Mester de perrería

 

Asiduo de mí mismo sobrevivo

encerrado con llave y cerradura,

negando como Pedro la figura

que más me abruma cuanto más la esquivo.

 

Busco sobrellevarla y hasta escribo

la agilidad del agua que me apura

la vida como el mar (la matadura

de la luna y del sol al rojo vivo).

 

Escribo los ladridos a la luna

y al mar y al sol y a otros elementos,

o exalto el modo de las perrerías

 

con que la noche me ha embarcado en una

palabrera piragua de lamentos

por ella y mis trabajos y mis días.

 

 

 

Nostradamus

 

El futuro no es lo que vendrá

(de eso sabemos más de lo que él mismo cree)

el futuro es la ausencia

que seremos tú y yo

la ausencia que ya somos

este vacío

que ahora mismo se empecina en nosotros.

 

 

 

El azar

 

¿Y si hubiera nacido en otra parte,

en el Perú, en Praga, por ejemplo

(ya que amo esos lugares)

serías aquel nombre, la figura que eres

creada paso a paso

en estas calles tristes de Santiago,

existirías tú,

persistiría

la presencia que soy, la que me has dado?

 

 

 

Con letras indecisas

 

Omar Cáceres dice

que escribió su poema

con letras indecisas.

Muchos años después

yo leo en otro mundo

su afilado decir

de la desolación,

cuando escuchaba afuera

la raudal despedida

del auriga nocturno.

Y esa voz me recuerda

los días por venir:

ellos serán ovejas

en la boca del lobo

que las está esperando

sin memoria ni encono,

simulando dormir

en otras vecindades.

 

 

 

Adagio

 

¿Cómo llegué hasta aquí?

Veo muertos

que alimentan la lluvia:

es su trabajo.

Solo yo ignoro el mío en este valle

de arenas corrosivas

que el agua lleva y trae

lentamente,

y destruyen la casa

en donde sigo inmóvil

escuchando

el rumor de allá afuera:

no me deja dormir,

tampoco recordar

o saber

cómo llegué hasta aquí,

cómo puedo salir.

 

 

 

© Pedro Lastra, de los poemas.

 

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Rodrigo Lira. Poemas

(Santiago de Chile, 1949 – Santiago de Chile, 1981)

 

 

ARS POÉTIQUE

para la galería imaginaria

 

 

Que el verso sea como una ganzúa

Para entrar a robar de noche

Al diccionario            a la luz

De una linterna

Sorda como

Tapia

Muro de los Lamentos

Lamidos

Paredes de Oído!

cae un Rocket                pasa un Mirage

los ventanales quedaron temblando

Estamos en el siglo de las neuras y las siglas

 y las siglas

son los nervios, son los nervios

El vigor verdadero reside en el bolsillo

es la chequera

El músculo se vende en paquetes por Correos

la ambición

    no descansa la poesía

está c

 ol

    g

      an

 do

en la dirección de Bibliotecas Archivos y Museos en Artí

culos de lujo, de primera necesidad,

oh, poetas! No cantéis

a las rosas, oh, dejadlas madurar y hacedlas

mermelada de mosqueta en el poema

 

el Autor pide al Lector diScurpas por la molestia (Su Propinaes Misuerdo)

 

 

 

NIL NOVI

 

Nada

Nuevo

Nada

Nuevo

Bajo el Sol

Bajo la tierra

Bajo la escala por

Bajo la cual

Evita pasar el

Supersticioso.

¿Todo de nuevo!

Así

de

complicado:

LAS LETRAS ese, te    y    pe

        pertenecientes al

       alfabeto latino

constituyen y conforman la trade mark

marca registrada, comarca gráfica –y a la vez, el logotipo–

de cierto aceite para motores, substancia lubricante

de la cual se dice que tenía –que al menos en algún

momento tuvo– (1) poderes sicodélicos o sicotomimétricos.

Según datos más recientes, que nos merecen más confianza,

se trataría de una homología entre la sigla del aceite

en cuestión –la marca del mismo– y un sicofármaco

emparentado con las anfetaminas y la benzedrina

–esto es, poseedor de poderes sico tró picos–

(El establecer la relación entre lo anterior y el ejercicio

escrito, especulación, experimento técnico, juego,

simiento texto plegaria   súplica, temblor pánico.

soledad tétrica, poema y/o payasada

que se copia a continuación

queda a cargo de la sagacidad del lector.)

________________________________________________

(1)    a no ser que se trate de un alcance de nombres

de letras, en este caso, o, más probablemente,

de algún simple truco publicitario.

 

 

 

cuatro:’               M A N I F I E S T O

: manifiesto del antayer Q.atro

gatos

S

, gato payaso/ sin alambre

en lo estruendoso/ del trópico

 

 

 

antayer Q.atro

gatos

se declara & mani-fiesta en

este MANIFIESTO, MANSA misiva,

       MAGNO mensaje,

       condicionado e incluso,

aún determinado por

y con comitando y en con-                               el  E.Co Sistema

nivencía con                                de la

Cordillera Q.bierta

por el brumo, y con la Cordura Q.erda

id est, Q.bierta y por el humo de los Cogollos de K.ñamo

y donde hay                        humo                hay                Luz

Ay!,         Luz              Lúcida           Lucida              Lucientes Luces

Oh!,        luces            de Luna o de Sol

de filamento o gas neón incandescentes

de brasa o de fuego –material o pro-

meteico–:    los pobres poetas peripatéticos

os interceptan,

–fenómeno que,   contrastando

   con la Luz a la Q.al los

   pobres p.p  pp            no interceptan.

   pero acerca de la Q.al intentan

dar testimonio,  origina                  la           sombrita

de los poetas,             por la cual se van,

maUllando en Coro,        los Q.atro

gatos, despacito

por las piedras, resbalando las palabras por las Bellas Letras

(y el olor de las gatas).

 

 

 

Notas lexicológicas

                                   llamadas de dos:

                                  el para quiénes del antayer Q.atro

   gatos

 

 

(1)    peripatéticos:            en griego, paseantes –o peatones–.

 

(2)     piranésicas:               relativas a Giambattista Piranesi &, arquitecto y

grabador italiano.  Célebres son sus Carcieri

(cárceles), aguafuertes:

 

‘han continuado, durante dos centurias,

pareciendo completamente apropiados y modernos…

como expresión de oscuras verdades psicológicas…

son también asombrosamente originales… Es una

fantasía sin precedentes, que Piranesi fue el

primero en describir en términos  pictóricos…

Todas las planchas de la serie son variaciones

evidentes de un solo símbolo, que se refiere a

cosas existentes en las profundidades físicas y

metafísicas del alma, y del cuerpo humano, a

acedia y confusión, a pesadilla u angst, a incom-

presión y pánico’  (Aldous Huxley,

&                                       Temas y Variaciones)

(1720 – 1778)

 

(3)   patafísicos       Para ¿aclarar? este término, utilizado en el texto

como adjetivo, remitimos al lector a la siguiente

cita:                     La patafísica es la ciencia de lo que es proyectado sobre la

metafísica, sea dentro o más allá de las limitaciones de ésta,

alejándose de la metafísica tanto como ésta lo hace de la física

–bien que no de la misma manera. Por ejemplo: mientras que un

epifenómeno es, normalmente, accidental, la patafísica tratará

de las leyes que rigen la excepción, y explicará el universo co-

mo complementario a ella; o más modestamente, describirá un Uni-

verso que puede –y, quizás debiera– ser considerado en lugar

del tradicional, ya que las leyes que –se supone– fueron descubiertas en el

universo tradicional, son también correlaciones de

excepciones, bien que más frecuentes –pero, en cualquier caso,

accidentales–, que, reducidas al status de excepciones inexcep-

cionales, ya no poseen ni siquiera la virtud de  la originalidad.

   

Definición:   «La patafísica es la ciencia de las soluciones ima-

ginarias que, simbólicamente, atribuye las propie-

dades de los objetos –descritos por su virtualidad

a sus alineamientos». Alfred Jarry (1873 – 1907)

Gestos y opiniones del doctor

Faustroll, patafísico.

(4)   pornoliteratura:    La voz ‘pornografía’, utilizada para designar

generalmente cierto tipo de impresos en que

predomina el material visual por sobre el verbal, deriva sin embar-

go del griego ‘grafein’, escribir (y de ‘pornos’, prostituta.)

El autor prefirió ‘pornoliteratura’, del latín littera, letra.

(y no ‘litera’).

 

(5)   proctolálicamente:   Del griego ‘proctos’, término anatómico para

la región ano-rectal, y de ‘lalos’ lengua, y,

por extensión, habla.

 

 

 

EPIGLAMA OLIENGTALEH

 

Tlawa hito leído fuela de ploglama por lodligo lila, alugno de wachiyelato

en ling wuística, sede oliengte, en el salóng de alktoh de la ehcuela de

ingenelía el vielneh siete del shiele del setenta i ocho en un alcto

olganishado pol la lama litetalia de la acu

 

 

epiglama plimelo

«El dinelo: ¿Eh la lecong pencha de viltú?» o «La

pelchevelanchia: ¿tlae we na foltuna» (como dishe el

I ching a cada lato)?

El ploblema

de la ploblecha

paleshe no tenel aleglo;

pelo, kaleshieng do de molal…

no ha de faltal

lo matelial

 

el otlo epiglama:

She pohtula que la acu puntula cula la engfelmedá,

la  lokula, la neuloshi, la sholedá, el shuflimiengto

y el dolol –ke a ehta al tula del paltido leshultan

leshelah in chopol table, polke ni fu man do mali wana

podlía lo uni vel shi talio de I kielda ek pelimental

tlan ki li da i felishidá– de manela que tenel

que integlalshe lá pida mente a un tayel de cual quiel

lama del alte o del queachel al tíhtico cultulal, o

folmal uno kong loh komg pañeloh de culso o de luta.

flache de pohtle:

La patlia etal plimelo

 

 

otlo epiglama ke chin plovi shó en el calol dechenq kuentlo, shulgido

a plopóshito de que afilmaba que la ela taba paliengno un kolachong

y kia que acudil collengdo (lo tlang clibimoh de pueh de colegil,

tijeleal y aglegal):

1)  La ela / pue de / ehtal paliengdo

un kolachong; pelo tang bieng

podel shalil un latong dentle loh sheloh

2)  Y tú ¿sabel kochinal loh latoneh

pa que le sulte sablocho?

3)     ¿O kolel y chiyal y shubilte a una shiya?

4)     ¿O pleguntal en la peletelía

pol el pleshio del laceming y lah tlampah?

 

otloh al tefaktoh velbalen que no sa lielong en eche eng cuentlo

“achelca de la poechía”

– La shelka de la poeshía ela we na, polque la poble poeshía etal tang

sel kada que no podel la cachal casi nada

– Shapato ke aplieta genelal wanete

– No kwal kiela echung pelo de coyal

– El que nadal contla la coliengte

tenel que elegil entle

achel lel kite a

o ehtle yalse contla

loh camaloneh que sheke dalong dolmidoh

Valol milital y valol de kang bio:

Choldado ke alanca y

moneda ke chia ola

chilven pala otla opoltunidá:

A dioh le sang do y cong el maltiyo clavangdo:

Pol mah que la feh pueda movel mongtagnah

la ola chione no aleglan lah gotelah

 

 

 

el superpoeta zurita se pasea

como un cristo bizantino por las calles de santiago

con el habla               (mordiéndose la lengua)

casi perdida

erguido

el superpoeta es objeto, o tal vez víctima,

por dos veces

de sendos artículos en la dominical columna

del padre valente, crítico literario

del diario el mercurio, periódico serio observe las aliteraciones que giran en torno a la r

 

no sólo es poeta, el superpoeta zurita

además, lo parece

se alucina se ilumina le observa el aura a la geografía de la faja

utopifica, como quién dice/ de alguna manera/

el superpoeta zurita

Se yergue a mayor altura que el cristo

de elqui de parra, el zuper poeta surita

zurita                                zurita

atiruz                                atiruz

neruda                              neruda

aduren                              aduren

Se pajea/ se quema y se t ajea/ las mejillas.  Se deja barba.

i         Proposición hipotética:

el superpoeta zurita no es un Despierto. Está dormido

ii.i      de facto

penetro en el campo visual y auditivo del superpoeta zurita

ii.ii     corolario:  el superpoeta surita parece que me percibe

iii.      quod erat demostrandum:

mansa pesadilla!

autocrítica:

este es un chiste a la manera de los de la violentada y dispersada promoción

poética nacional de los años 60 (cortito)

 

En recreando a goya/ instituto goethe/ ámbito literatura inaugura

coincidentalmente con Altamirano (ámbito plástica) una nueva

forma de producción artística mediante la entrega de documentos,

bajo el título «¿Cuáles son los Soportes? ¿Cuáles son los Pro-

yectos?  ¿Cuál es la obra? /MEIN KAMPF»

Observamos aquí una coincidencia que nos resistimos a creer casual entre el lenguaje

en que están escritas, en ese título, las palabras en altas (mayúsculas) y el contexto

ambiental en que se realizara el evento en que el documento se entregara

 

 

© Herederos de Rodrigo Lira.

Tomado de Proyecto de obras completas. Editorial Universitaria. 2009.

 

Carlos de Rokha. Cántico profético al Tercer Mundo

Carlos de Rokha

(Santiago de Chile, 1920 – Santiago de Chile, 1962)

I
Sobre toda porfía el hombre aviva su sagrada soberbia porque quiere volver al principio del mundo. Su cuerpo real toma los destellos del bronce y es arrastrado al sueño para así no ceder: Veámosle venir, su ceniza cubramos con la nuestra.

Su himno oigamos con júbilo y su entrada feérica nos siga: sea su imagen trocada por el furor maligno.
De ningún modo podrá ese exorcismo cumplir si abandona su gloriosa esencia.

No caerán las visiones como secreta retribución que llamean en su imagen. Él lo sabe y aguarda tranquilo.
A ratos busco algo más; la misma luz me hace creerme irrevelable, pero después retorna a la muerte entre los que a gritos la anuncian.
¿Acaso yo quiero abolir lo terrestre? ¿Despreciar ese límite que a veces toco y me deslumbra? ¿Arrancar de mi espalda los signos del sueño y cambiarlos por los del sueño?

Nada conjuro sin tentación, nada conjuro para en mis adentros alcanzar lo inefable.
Igual a mí mismo lleno de fugaces poderes e irreparables pérdidas.

Hay algo además de un secreto temor que informa mis sentidos; barcas llenas de ojos que son los del ser, angélicos y feroces, luego brillan.
¿Ahí no es donde estoy y me descubro con cólera y fría reserva?
Soy yo el que se predice entre los lobos.
Cada ángel pierdo en un sollozo: en su costado agítanse carbones y nada retiro de su justo lugar.
Yo me muevo con signos: aprendo a tomar del sueño lo necesario. Así me bato entre los estériles hijos de la tierra.
Aparece oh madero de luz y condéname, aparece precedido por jaurías de lobos que ahí llegan y en tus alturas me estremecen.
Aparece arrebato en mí y cíñeme, tu corona destrocen mis pies dulce y solitaria.

Tú te desprendes de mis bienes, luego soy yo el desheredado.
Oh, cúbreme de horas para en ti sobrevivir. Mi lengua llena de sangre y mi espalda de orgulloso brillo.
¿Qué visión recóndita me nombra a ciegas?
Hacia esa total amplitud ensálzame y adentro de mí en tu luz prefiéreme al que te desolla.
Bebe lo que arde en mis sellos según la hondura del tiempo.
Hago brotar lo sagrado apenas estalla en mi memoria revestido de admirable sentido.
Cógeme en tu aceite, tu luminoso aceite arrancado a la entrada de los peces.
Mas, ¿qué inmortal ráfaga terrestre me transfigura a su sola posesión?
Vivo entre los criados de mi casa y oigo sus sollozos mientras descubro el misterio: vigilan a la puerta acompañados de blancas liebres y armas de caza.

Abro en señas el cuerpo, el sagrado cuerpo colérico, abro los lobos y exclamo: «¡Levántate la liberación del durmiente es llegada!»
Restituidos son a su origen los primordiales misterios del ser cuya frente entrega a las águilas de una calle nocturna.
¡Oh, blanco cuerpo saciado de alas, las lámparas volcad una a una!
A nadie muestro la suprema escritura del pacto, a nadie detengo para ello; la marca invisible hará que retrocedáis, pero al fin la tocaréis con vuestra hacha.
Mi corcel mojo en la lengua de los ancianos parecida a lúcidos testimonios de promisión, recibo la heredad endurecida de la muerte y su ceniza retengo.
Llenadme de su sentido como de una llave, pues nada poseo y cae mi alma para adorarte entre los ángeles.
De la muerte soy: ved en mí al enemigo que se ensancha, al iniciado por los brujos.
Así me cubro de desvelados confines aparecidos, desahogados animales me siguen y yo abro los molinos a los bandoleros de agua de invierno.
Quiero caer, extendido estoy, pero necesito resplandor.
Oráculos fríos del hombre despertadme entre lo que yo otorgo.
Ofrecedme el profundo designio que a viva fuerza reclamo.
Pero del tiempo nazco acaso en segunda forma.
Ocaso de altivas resonancias en mí te reproduces.
Mas sólo la sombra del ámbar de tus brazos es la que forma una copa sobre el cielo, pero esa copa yace quebrada: animales en cuya frente yo veía el jade, bebían en ella; reyes y leprosos lloran al pie de sus ruinas y la copa se rehace para volver a perderse.
Aparición de profundos conjuros hechízame si a tu cetro me condenas.
Para ti descubro ¡ay!, no imito el mundo inmolado, lo insondable, lo cruel.
Otorgado a mi sangriento linaje el sueño obra tu rostro he de poner contra el día en secreta obstinación.

II
Somos llagas de carnicería divina y masacre.
Viejos principios mueven la luz y nos tocan el cuerpo y luego vuelven a teñirse de engendros del mal cuando en mí su melancólica proclama ondea la tierra.
Descúbrase el gemelo natal de mi vida: éste es el fuego.
Toma de ti el celo que incumbe al durmiente deposita tus bienes como arrebatados cinturones.
Así son contados los pasos del hombre y los oímos aunque sellen sus designios.
Oh, dioses que habéis hecho mis desgracia, desterrad de mis labios el misterio que los cierra.
Desnudo bajo la tempestad encarno su imagen. Soy el fiel intérprete cuyo canto horada las rocas.
Sobre mi mano, a esta hora que ella rasga las arpas de la tiniebla, leed, leed la clave de la horda.
Mis sellos se demudan: corceles rojos cantan en el fuego y sus jinetes se alzan, pero desprovistos de hábitos de seguridad el holocausto invisible agita sus reyes.
Promisor es el vino que mancha los labios de la bella: la oigo cantar entre los muertos preñada de rosas.
Hija de la cólera; sus vestiduras son vendidas a los gitanos, pero su amor no tiene precio.
Untas tu cuerpo con anémonas de calor y orquídeas benignas. Mas ¡ay! El barquero mortal sube ya las aguas de la Estigia.
El misterio temporal te revela sus signos; mi ojo arrastro ahí para devorarte sin lengua.
¿Qué soy yo sin que me sustenten los enigmas cuya posesión pretendo sin cesar?
Miro con ese ojo único: tu cabellera persigo sobre el cielo y alguien espera su señal.
Dotado de enigmas vengo, oigo el eco del océano, a nada temo.
Vuelvo la cabeza a la alquimia maldita y espero la consumación de mis antiguos y postreros designios.
¿dónde ilumináis la heroína de la muerte?
Soy traslúcido a esa vigilia en lo irreal.
Todo vuelve al mudo e invisible sino y allí la bestia natal destruye su corazón al roce de los soles sumergidos.
Sudamos geología criminal y miseria dorada: niñas asesinadas cantan entre nuestros párpados.
Nadie puede trocar el conjuro y sólo le es dado asistir al desvelo de su propia resurrección en la muerte, que al fin luminosa e inocente, ellos encarnan.
Yo canto lo terrible; lo terrible es más bello que lo diáfano oh ciega memoria temporal de lo que somos: efímeras llagas nocturnas de carnicería y masacre.
La bestia y el ángel luchan en mí hasta destrozarse en lujuriosos soles.
Yo ataco con locura los cuerpos que adoro y aprisiono entre mis besos a la joven matinal cuya aparición entre las barcas es mi súbita recompensa y mi deuda.
Pero bebed, ¡bebed! Un vaso de vuestra propia y maligna sangre y habréis sellado el gran pacto.
Mi corazón tatuado por panteras y buitres sucumbe bajo las garras del dios ebrio.
Cuatro mancebos vestidos de negro interrumpen el festín y levantan la cabeza de la bella inmolada a la altura del rey de los pájaros como para señalar al culpable entre la horda divina.
Espuma y sal hay entre tus labios, oh tú que haces tu participación en mis sueños y danzas hasta imitar la perfección de tu propio artificio de muerte en cuyo espejo todo es posible.
Ven, mi graciosa ondina, cierra tu cuaderno de sabiduría y allí juguemos, ese círculo que ondea los molinos nunca termina.
Habito un litoral de corales donde enseñas diurnas oponen su esplendor a mi avance.
El viento de las jarcias juega en el rostro del extranjero. Extranjero de todos los mundos ¿qué buscas a mi puerta? ¿Por qué interrumpes al ausente? ¿O la hora del te de los pálidos vagabundos?
Creedme, ¡ay!, un ángel muerde las raíces minerales del viento y sus pies doran las aguas mientras una leche azul brota de sus dedos heridos por las arpas del alba.
Sus extremos lúcidos arraigan en mí, y, cazador del más allá, yo interpreto la densidad de sus consignas.

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© Herederos de Carlos de Rokha

Omar Cáceres. Defensa del ídolo

Omar Cáceres

Omar Cáceres

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A los que, como Nietzsche, saben que milagro incomprensiblemente elevado es un amigo, y que, si son idólatras, tendrán que elevar, ante todo, un altar al desconocido dios que les creó“.

Omar Cáceres

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Mansión de espuma

Con mi corazón, golpeándote, oh sombra limitada,
apaciento los bríos absolutos de estas estampas perdurable;
huyendo de su vida, pienso, el que parte limpia el mundo,
y así les es dado reflejar su imagen dulcemente terrestre.

Un pueblo (Azul), trabajosamente inundado.
Va a pasar la dura estación equilibrando sus paisajes.
Tiempo caído de los árboles, cualquier cielo podría ser mi cielo.
El blanco camino cruza su inmóvil tempestad.

Muda voz que habita debajo de mis sueños,
mi amiga me instruye en el acento desnudo de sus brazos,
junto al balcón de luz disciplinada, tumultuosa,
y desde donde se advierte la aún no soñada desventura.

Revestido de distancias, entre hombre a hombre -magro,
todo naufraga bajo el pendón de su postrer adiós;
dejé de existir, caí de pronto desamparado de mí mismo,
porque el hombre ama su propia y obscura vida solamente.

Ídolo ignoto. ¿Qué he de hacer para besarlo?
Legislador del tiempo urbano, desdoblado, caudaloso,
confieso mi autocrimen porque quiero comprenderlo,
y en las rompientes de su alcohol de piedra despliego mis palabras.

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Insomnio junto al alba

En vano imploro al sueño el frescor de sus aguas.
Auriga de la noche! … (¿Quién llora a los perdidos?)
Vuelca la luna sobre su piel el viento, mientras
que de la sombra emerge la claridad de un trino.

Tambalean las sombras como un carro mortuorio
que desgaja a la ruta el collar de sus piedras;
e inexplicablemente crujen todas las cosas,
flexibles, como un arco palpitante de flechas.

Amor de cien mujeres no bastará la angustia
que destila en mi sangre su ardoroso zumbido;
y si de hallar hubiera sostén a esa esperanza,
piadosa me sería la voz de un precipicio.

Volcó la luna sobre su piel el viento. Suave
fulguración de nieve resbala en los balcones;
y al suplicarle al sueño me aniquile, los pájaros
dispersan un manojo de luz en sus acordes.

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Palabras a un espejo

Hermano, yo jamás llegaré a comprenderte;
veo en ti un tan profundo y extraño fatalismo,
que bien puede que fueras un ojo del Abismo,
o una lágrima muerta que llorara la Muerte.

En mis manos te adueñas del mundo sin moverte,
con el mudo estupor de un hondo paroxismo;
e impasible me dices: “conócete a ti mismo”,
como si alguna vez dejara de creerte!…

De hondo como el cielo, cuán dulce es tu sentido;
nadie deja de amarte, todo rostro afligido
derrama su amargura dentro de tu fuente clara.

Dime, tú, que en constante desvelo permaneces:
¿se ha acercado hasta ti, cuando el cuerpo perece,
algún alma desnuda, a conocer su cara?

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Oráculo inconstante

Recreo estelar ebrio de superiores hálitos,
frente azulada de cansancios, de apurar su doble-vida;
doblega la noche de tumbo en tumbo y dame esa fuerza clara,
serpentina de tus huesos!

Encumbrado su pulmón de ceniza, luna,
suavemente intercalada entre nosotros dos;
chorrea el sueño de mi cuerpo espérame:
hollarás conmigo la soledad en que he abierto
una nueva salida hacia las cosas.

Guiado hacia el estribo de tu sed maciza,
(penacho de olas débiles, caderas conturbadas),
el aerolito de tu cuerpo fija las estaciones,
desde el arco vacío de su piel.

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Segunda forma

Delante de tu espejo no podrías suicidarte:
eres igual a mí porque me amas
y en hábil mortaja de rabia te incorporas
a la exactitud creciente de mi espíritu.

Indócil a ese augusto y raudo desierto,
encuentras, padeces una nueva muerte nueva;
al abandono de tu propia levedad asistes,
como un manantial riendo de su pena.

Entonces desciendo a tu exigua y extrema realidad, a tu fijeza,
desentendido de rencores y pasos de este mundo;
cruzando el pálido paisaje de los deseos olvidados,
sacudido de memorias, de inclementes y efímeros despojos, te enturbio de pasión.

Un ciego lucero hinca su diversidad en nuestro ser,
exactamente hasta tu espejo sin trabas, alcanzándolo;
ondeando un solo corazón de infinito a infinito, es decir,
hacia el día que se acostumbra a sus dos reyes de vidrio!

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Canción al prófugo

Golpeando l’aguda meta con su escudo monótono, hay,
desde que tú te fuiste, diez almas en tu porte;
rompe ese cielo inmediato, lineal, para que se junte tu vida
y dame, oh prófugo, el último oasis de ese viaje, tus pasos
desnudos por el camino único y el sol cerrado
que lava la pena de esa tierra sabia, tu frente ácida, dame
el solo sentido que ahí existe para hablar
y estaremos juntos SIEM-
pre!

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Cubierta de la edición de LOM, de 1996

Cubierta de la edición de LOM, de 1996

 .

© Herederos de Omar Cáceres

Poemas. Stella Díaz Varin

Stella Diaz

Stella Díaz

 

La palabra

Una sola será mi lucha
y mi triunfo;
encontrar la palabra escondida
aquella vez de nuestro pacto secreto
a pocos días de terminar la infancia.

Debes recordar
donde la guardaste
debiste pronunciarla siquiera una vez…
Ya la habría encontrado
pero tienes razón ese era el pacto.
Mira como está mi casa, desarmada.
Hoja por hoja mi casa, de pies a cabeza.
Y mi huerto, forado permanente
y mis libros como mi huerto,
hojeado hasta el deshilache
sin dar con la palabra.
Se termina la búsqueda y el tiempo.
Vencida y condenada
por no hallar la palabra que escondiste.

 

 
Breve historia de mi vida

Comando soldados.
Y les he dicho acerca del peligro
de esconder las armas
bajo las ojeras.
Ellos no están de acuerdo.
Y como están todo el tiempo discutiendo
siempre traen perdida la batalla.

Uno ya no puede valerse.
Yo no puedo estar en todo;
para eso pago cada gota de sangre
que se derrama en el infierno.

En el invierno, debo dedicarme
a oxidar uno que otro sepulcro.
Y en primavera, construyo diques
destinados a los naufragios.

Así es, en fin…
Las cuatro estaciones del año
no me contemplan sino trabajando

Enhebro agujas
para que las viudas jóvenes
cierren los ojos de sus maridos,
y desperdicio minutos, atisbando
a la entrada de una flor de espliego
a una simple abeja,
para separarla en dos,
y verla desplazarse:
La cabeza hacia el sur
y el abdomen hacia la cordillera.

Así es
cómo el día de Pascua de Resurrección
me encuentra fatigada,
y sin la sonrisa habitual
que nos hace tan humanos
al decir de la gente.

 

 
Dos de noviembre

No quiero
que mis muertos descansen en paz
tienen la obligación
de estar presentes
vivientes en cada flor que me robo
a escondidas
al filo de la medianoche
cuando los vivos al borde del insomnio
juegan a los dados
y enhebran su amargura

Los conmino a estar presentes
en cada pensamiento que desvelo.

No quiero que los míos
se me olviden bajo la tierra
los que allí los acostaron
no resolvieron la eternidad.

No quiero
que a mis muertos me los hundan
me los ignoren
me los hagan olvidar
aquí o allá
en cualquier hemisferio

Los obligo a mis muertos
en su día.
Los descubro, los trasplanto
los desnudo
los llevo a la superficie
a flor de tierra
donde está esperándolos
el nido de la acústica.

 

Fotografía: Alejandro Stuart