William Carlos Williams. A Elsie

William-Carlos-Williams

(Rutherford, 1883 – 1963)

 

Los saludables productos de América

enloquecen:

montañeses de Kentucky

.

o del retorcido confín norte

de Jersey

con sus lagos y valles

.

aislados, sus sordomudos, sus viejos nombres

de malhechores

y su promiscuidad

.

entre desalmados que se dan

a la extorsión

por el mero deseo de aventura

.

y jóvenes pazpuercas que se bañan

en porquería

de lunes a sábado

.

para esa noche salir bien ataviadas

de fantasiosas

horteradas que carecen

.

de las costumbres locales que les den

carácter,

en cambio se pavonean y lucen

.

puros andrajos y sucumben

sin más emoción

que un aturdido pavor

.

bajo algún seto de cerezos

o viburnos

—cuyos nombres ignoran…

.

A menos que unas nupcias,

quizás con una pizca

de sangre india,

.

vomiten a una hija tan desolada,

tan acorralada

por la enfermedad y el crimen

.

que sea rescatada

por la beneficencia,

que la instruya el estado y la pongan

.

a los quince a trabajar

en cierta casa

con aprietos de las afueras

.

en la familia de cierto doctor, cierta Elsie,

—voluptuosa agua

que con su cerebro cascado

.

representa la verdad sobre nosotros—

sus caderas torpes y anchas

y sus pechos caídos,

.

dedicada a baratijas

y a ricos

jóvenes de ojos bellos

.

como si la tierra bajo nuestros

pies fuera

el excremento de algún cielo

.

y nosotros prisioneros degradados,

sentenciados a pasar hambre

hasta que nos comamos la mugre

.

en tanto que la imaginación se esfuerza

en pos de ciervos

que van por campos de solidago

.

bajo el sofocante calor de septiembre.

De algún modo

esto parece destruirnos.

.

Solo en copos separados puede

revelarse

algo.

.

No hay quien dé fe

o haga los ajustes,

no hay quien conduzca el coche.

.

.

.

© Juan Miguel López Merino, de la versión al castellano

de: Antología bilingüe. Alianza editorial. Madrid. 2009.

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