Fernando Nombela. EROS & TÁNATOS

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(Toledo, 1978)

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A vueltas con Eros

He soñado, sueño que estoy a tu lado, y te beso muy suave en la boca. Despacio, muy lentamente. Cierro los ojos mientras huelo tu pelo. Pronuncio tu nombre, y en tu oído susurro: soy tu compañero, vamos juntos, dame la mano. Cojo tu mano. Ahora te quitaré la ropa, no toda. Con mucho cuidado. No tengo prisa. No tienes tiempo. Tendidos, con tiento, acaricio tu rostro con las yemas de mis dedos. Eres tan hermosa. Quisiera despertar siempre en tus ojos. Para siempre caer en ellos, como tú caes ahora en mis manos. Para siempre. La caricia de mi mano, mis labios te acarician. Mi boca en tu cuello, en tu pecho saborea la dureza templada, la tersa ternura de tus pezones. Me nutro de ti. Ya sólo vivo de ti. Sólo por ti, de tanta vida, me estoy muriendo. De tanto gozo, me estoy viviendo. Mi boca y tu boca, mi boca y tu ombligo, tu vientre y mi boca, y mi cara que te roza por encima de las braguitas, y entonces tu aliento sonoro y un escalofrío. Acaricio tus piernas. Dobla tus rodillas el deseo de mis labios. Beso tus muslos. Me gusta cómo hueles. También quiero saber a qué sabes. No tienes prisa. No tengo tiempo. Tenemos toda la eternidad por delante. Y mis dedos te tocan, mi rostro te toca, mi boca te toca; mis dedos, mi rostro, mi boca te tocan te palpan te pulsan te rozan. Lenta y suave, mi lengua donde tan suave eres. Ahí, donde no hay tiempo, quiero estar todo el tiempo. Ahí, donde no hay tiempo, y sí esta sed, sed de ti. Sola sed de tu agua, pues también te quiero así, líquida, mielosa, adentro mío, cálida copa de rocío iluminado por la luna, viento del sur que me trae brisa y locura, savia o jugo de la fruta más sabrosa, de la rama más fresca (después será tu carne, entreverada de alma, cuando yo esté dentro de ti, tú fuera de mí, envolviéndome; yo fuera de ti, tú dentro de mí, desbordándome: tú, mi piel y mi asombro). Y saciado, de tanta boca que alza, danza y me marea, ya no tengo sed (la tendré más tarde). Y lleno al fin de ti, feliz, felices, comienzo de nuevo, y te beso muy suave en la boca

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Exilio

 

No estar dentro de ti

es mi único exilio.

 

(de: A vueltas con Eros, de pronta publicación en la editorial Amargord)

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Paráfrasis

 

III

 

Aún

 

No,

no ha sido fácil,

vadear tantos ríos,

atravesar estaciones

sumergidas en la negación.

 

Lo que queda,

después de todo,

me atrevería a llamarlo

esencial. Por ejemplo:

estoy vivo.

 

Te amo.

(Jorge Riechmann)

[ I N É D I T O S ]

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Soñé la muerte

 

Soñé la luz que arde y fija el polvo y cristaliza la saliva que disparan contra los

desperados las serpientes del abandono

y las miradas que se reconocen sin antes haberse conocido

y estallaron las risas contra los muros de la nada

 

Soñé la fiebre que se alza eyaculando engrudo en el aire lisérgico de un cielo azul

deshabitado

donde llorarán los dragones de la última creación

y los poemas que escribí y después rompí bajo las leyes del fuego

y ceniza es lo que será diamante

y nunca más se supo

 

(…)

 

Soñé los brazos tatuados por las agujas orientales de la muerte lenta y

Soñé hongos y

Soñé peyote y

Soñé mares de verdes estrellas esculpidos

mientras se desprendían los dientes ennegrecidos por obra y gracia del basuco

y enfurecían las hormigas de la sobredosis

bajo la piel gélida de los cuerpos ahorcados

 

(…)

 

Soñé que nadie nos quería

y mendigábamos palabras que abrazan o destrozan

en el dorado inalcanzable de las estaciones de servicio

y un buen día se detuvo un coche y subimos

y nos condujo hacia la línea de sombra de un amanecer esquivo

y nadie dijo nada

 

(…)

 

Soñé que las pantallas

y las máscaras del lenguaje y los aparatos de televisión

eran lanzados por la ventana

y poco a poco comenzamos a mirarnos a los ojos

hasta por fin vernos

y era la (r)evolución

 

(…)

 

Soñé a contracorriente que encontraba al señor Kurtz remontando las aguas del río de la

vida y la muerte que se nos lleva

y el señor Kurtz eras tú

y era yo

y somos los hombres huecos

a contracorriente

a contracorriente las aguas del río

a contracorriente el río de la vida

a contracorriente las aguas del río de la vida

y la muerte que nos lleva

a contracorriente

 

(…)

 

Soñé que era el Narciso de las Leproserías

 

Soñé a Dostoievski leyendo una Biblia de hojas blancas como los glaucos cielos

imposibles de Siberia Sumergida

 

(…)

 

Soñé que el día 26 de abril de 1932 Hart Crane no divisaba las costas de Florida

sino que paseaba mirando al atardecer desde el puente más con más de esta Nueva York

sobre las aguas danzante

hasta tropezar con la sombra del corazón del hombre que le alejaría de las horribles

costas de Florida

donde otros cuerpos son hoy los que flotan inertes o se sumergen inertes

como el esmoquin reflectante de Mario de Sá-Carneiro

así que dame tu otra mano Hart

–sobre nosotros amanecerá Manhattan–

nadie sabrá que tres hombres caminaron las aguas del East River

sin amor desde el puente que cantabais

sin amor desde el puente que yo canto

sin amor desde el puente de Brookling

y nada más que sombras

 

(…)

 

Soñé que la infancia es el amuleto

 

(…)

 

Soñé que había asesinado a mi Ángel de la Guarda

 

(…)

 

Soñé que vida y poesía son inseparable aventura a vida o muerte

 

(…)

 

Soñé que yo era un niño perdido que cuidaba de otros niños perdidos

y era dichoso

y sin embargo esa lluvia algunas tardes

esa lluvia adentro

sin nombre

esa lluvia

mamá

 

(…)

 

Soñé todos los poemas que me quedan por escribir todos los libros por leer todos los

hombres y mujeres por descubrir todas las noches por vencer

todas las cuerdas oxidadas

y quise nunca más morir

¿me oyes?

nunca más

 

Soñé que vivíamos

y no era un sueño

y despertamos

En Santa Teresa, a 15 de julio de 2666

(15 de julio—27 de agosto de 2003)

(de: Soñé la muerte y otros poetas, 2011)

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Última fe

 

Creo que,

al menos mientras vivimos,

hay un bien imperecedero,

una suerte de dios,

en el hecho

de haber amado

alguna vez.

Esa es hoy

mi última fe,

el único motivo

por el cual

volvería a la vida.

 

(de: En esta luz nosotros, 2014)

 

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Lola Andrés. La matanza

lola-andres

(València, 1961)

 

¿Soy yo el que está ahí abajo?

[...] Qué extraño, qué curioso es verse morir.

Ray Bradbury, Crónicas marcianas

 

I

Los postulados

de una congregación

a menudo admiten

un nexo en la palabra dada

y he aquí:

 

si se origina un tumulto

producido por pánico o confusión

cabe ocultarse

también cabe

utilizar el camuflaje

esto es

entrarse en otro ente

y comulgar en forma

y comportamiento

 

así la voz

la representación del gesto

lo insinuante —oh sí—

la esfera de bondad

la contención

la bruma inigualable del carácter

cuanto valor sopese la mirada

el ángulo entreabierto

de las piernas —distancia equilibrada—

cualquier ente admitiría

—oh sí—

un implante acerado en su derrota

 

un pánico perdido podría

resquebrajar el verde de las hojas.

 

 

II

Una de ellos.

 

Los observas,

como si tu pertenencia

a la manada te quemara,

como si

tu pupila saliese de tu ojo

y ardiendo —no cenizas aún—

sintiera ese partirse

—la doblez,

la grieta.

 

Ves, en la opacidad,

la rigidez del hambre,

ese nicho de carne

que todavía

respira las mañanas.

 

En llamas,

tu pupila revienta

y te lo dice:

mira cuánta pureza

desorientada, erguida.

 

Escuchas sus gemidos

adelantando el cierre

de la luna nueva.

 

Oyes

tu pupila —ya ceniza—,

la grieta de tu carne,

la inminente obstrucción

de tu circuito.

 

Crece la horda

en la resquebrajadura de tu estómago.

 

Una de ellos. Hora

es de acrecentar también la grieta.

 

Y romperte.

 

Mira

las dos entrelazadas mansedumbres

que te quedan.

 

 

III

La jácena

se quiebra.

 

Las astillas

son viejas

y mojadas

secuencias de tiempo.

 

Un sinfín

de pequeños corazones

clavados

ahora

—sangre en la grieta,

en la rotura

ojos, carne, piel.

 

Se atenazan los siglos,

el tiempo rompe,

cuartea lo nacido, la criatura

lívida que husme en sus entrañas.

 

Gruñen por su muerte,

rasgan a los otros,

los aplastan

por un segundo más

de respiración,

de posibilidad: ahora

una luz cenital

regresa de la tarde

y la vida se ensancha

como un trueno en el cielo.

 

 

IV

Llevas sangre del otro

y sangre tuya.

 

Nacida la mañana, te retuerces.

 

Calibras el dolor, los desgarros.

 

Hueles, todavía,

y ves

la gran matanza.

 

Muchos yacen

inertes, rotos.

 

Tú vives

amputada —la piel es poca cosa.

 

Guardarás la tragedia

en tus colmillos

—puede que en adelante

humilles al destino

devorando al gran macho

que ahora

desprecia al inocente.

 

Se develan certezas,

consumida la voz,

la extrañeza se ocupa del aliento.

 

Un momento te das

para la vida: brisa,

otros seres abriéndose

a la luz, sonidos

cerca y lejos —no sabrías.

 

La matanza, recuerdas,

la matanza terrible, obscena,

la matanza cayendo

en una zanja

 

—sola.

 

Un momento

y aprietas el dolor, hundes la carne

en un pozo profundo que permita

ecos reconocibles.

 

La cuna piadosa

de la pequeña

cuida

de los ojitos quietos,

abandonados

al albur de su sueño.

 

 

V

La lluvia, de pronto

llueve.

 

Oh, ese aroma

de tierra, tus huesos

niños hueles.

 

La tierra ahí

engullendo nostalgia.

 

No existía el viaje,

los trenes eran

costas de cinabrio

o

arrecifes en cúpulas.

 

Entonces, cuando la lluvia,

se colmaba el futuro,

chupabas el ansia

de los caballos jóvenes.

 

Tus heridas

se elevan —el olor

de los tiempos

te calman, silenciosos—,

qué has venido a buscar,

en qué viaje,

que reventó tus ojos,

tu carne, tu esqueleto.

 

En un escalofrío,

los que aún sobreviven,

entrelazan sus bocas

y comienza

algún canto

de estremecidos tonos.

 

Sales, salen,

limpiáis cada rotura,

queda

el estruendo.

 

 

 

© Lola Andrés, de los poemas.

de Travesía. Ediciones contrabando. Valencia. 2016

Lima innominada. Olga Muñoz Carrasco

caja musica

 

 

EN LAS ACERAS

se arrastran escobas

y agitan inútilmente

trapos    cubos

paños que oscurecen las vitrinas

antes de tocar el humo

porque Lima

también ensució la luz.

 

 

 

LA LUZ

como una ancha cinta sucia

entre las puntas

del día.

 

 

 

LIMA SE ASFIXIA

bajo la gasa de nube

que tapa su herida brutal.

 

 

 

LA CIUDAD RESPIRA

descaradamente

su aliento en rancio sueño

Lima esplendorosa

y mugrienta.

 

 

 

QUIZÁ LO MEJOR SEA

alargar sencillamente los brazos

sin intención de alcanzar o separar el ruido

más bien para que la niebla

vaya enfriando el extremo de mi cuerpo

un pez helado más

otro fantasma feroz.

 

 

 

HAY UN ÁNGEL abrumado

también respira agua

entre sus alas plomizas

y le molestan esos dulces animales

que venden caramelos

en las esquinas.

 

 

 

LA CIUDAD RECORRIDA por acequias

melancólicas como sus habitantes

a lo largo del asfalto o de la tierra

suavemente en los jardines de la asfixia

y siempre

siempre

este olor embarrado.

 

 

 

QUIERO LA PIEDRA blanquísima

con que los tejedores suavizan sus dedos

esa blanda tiza

para frotar la ciudad hasta gastarla

hasta dejarla en el olvido

limpiamente

vacía.

 

 

© Olga Muñoz Carrasco, de los poemas.

Tomado de: La caja de música, Asociación poética caudal, 2011.

Víctor Gómez Ferrer. Visceratur Magnolia

(Madrid, 1967)

 

Magnolia entre las vísceras

 

I

««:Agosto no luz camorra en las ramblas corren / aire sucio de los incendios / baba de nadie que dejó la refriega Agosto no sal calzado el desaire y la obsolescencia del atributo viril ni espada ni revolver ni puño mestizo en cada fractura se atisba el color fermentado de la canallada y el gris pavimento de los cementerios: ingles de ladrillo y párpados de pvc martirio con oquedad de sílabas estivales No Agosto en las camisas rojas de los reventados por la joven fiebre del despropósito y la avaricia jade y pezuña de mostrenco y fardos inasumibles que nos ahogan y entierran Agosto no esperpentos y calumnias al verso del periodista y los coros ministeriales y geométricos más dinero más calderilla y también tinajas con oro líquido  lágrimas de banquero…  gotea hirviendo el labio de las muchachadas gotea y supura como el aterido vello de un siglo desecho y famélico que vuelve sus ojos al sombrío pasadizo que va de un abrazo a una ausencia no vaciada aun de lo suficiente Agosto no libro vena a vena desenredado del cuerpo avasallado para una lectura en las vibraciones y el moroso bosque sin sol  la inalcanzable nocturnidad del dolor la espesura del daño en las articulaciones chirriantes    la ciudad de los esclavos pero tú Seno terso y firme acunas en la electricidad del amante una resistencia feraz y desobediente por las caderas los muslos y la espalda      acuerdo fulgurante con la complicidad de los no castrados    Agosto no Paris ni Atenas las oscilantes curvas de Sierra Magina orean el perfume de un tiempo por venir   Silueta áspera siendo los anzuelos celestes de una caída memoria bajo que signos solventar la afrenta de una luna llena desproporcionada en las ciegas cabañuelas las estrellas errantes son invisibilizadas por la nocturna cal Moneda preciosa de los telediarios :Agosto no resurrección   el plazo queda cercado en la misma desolación que llamó perros     a los hijos del hombre y miseria   a los versos de Rimbaud.

 

¿detrito o música? Vamos a tener         que darnos prisa…»»

 

 

 

II

«Sobre un baúl de nenúfares (borra nenúfares) de alfileres mejor dicho pusieron tu ojo indivisible que larvado de sal y miedo mantenía-sé abierto por no traicionar al abuelo (tachemos abuelo) al maquillador.

—Así ha de rezar la esquela del chivato.— Nadie pagó    pero hubieron flores.»

 

 

 

III

«Ayerdecer        la semilla vuela adentro del ave y adentro del frío   se hace música y azúcar     trae memoria del futuro    la anticipada flor   el escándalo.»

 

 

 

IV

«Oscilante movimiento el puñal al puño   palabra de filo mortal en la vena falla que se abre voraz   Anemia de los náufragos —acento parisino— el coronel dejó propina   aun la peonza gira y gira    U que dobla sobre la T casi la erosión del falo    acero que busca de cuajo sacarte las entrañas   dar de comer a los cuervos   Vaivén del mudo  taxista  ebrio en la esquina junto al hipódromo  ballestas saetean al mulato hijo del indocumentado    pirao que vendía farlopa a los regatistas     Honra el resbalón y en zigzag gana el foso de arena la atleta jubilada   País que ya no existe otro dictador cambio la contraseña del candado     La sierra minera  no llegaran las transferencias   Cenaremos en casa con la tele —llagas en las ventanas que no cierran— puesta y así no tendremos que hablar de los nigerianos atrapados entre las mareas   Noventa y siete ahogados     Péndulo sobre la frontera    temblor de esa cuerda que pudo estar al cuello   nadie viaja gratis   Hace frío en tu escalera ya no duerme el rumano   gotea el puñal la vejiga está a punto de reventar    Hay pan duro de ayer y algo de mermelada    Para qué más de una comida   no hemos resuelto aun como escapar de los zulos de los CIEs de las comisarías de los negreros de las balsas de los especuladores de los medios de comunicación de los racistas de las bandas organizadas del sermón de los pijos de la bata blanca de las cunetas de los sótanos     Curvada vuelta y vuelta cae la fruta pocha      Las hojas la tapan   cuando el viento revuelve la tarde sin ángeles ni cipreses      Vamos pisando por el camino asfaltado sin mirar a las cunetas     Sin mirar                                  Sin miramientos.»

 

 

 

V

«de voz Desahucio caverna del cráneo así fuera ojo que dijo mamá a la lluvia y abrazo de tierra al huerto cosidos los dientes al cuello de la rabia no los niños en tu vértigo no los niños la calcinada fotografía en sepia ni las vallas de la factoría en la explanada sucia   —deténganse el lector   la huérfana    el jardinero tuerto—  derrotada en los basurales    recuentan fósiles     restos que suman         luxadas y patizambos restos multiplicados

 

[…/…]

 

inasumibles cúmulos  frente a la higuera cuya pensatez está madurando en el suelo

 

no vale el abono en tierra estéril

 

muros de aire Plomizo  oscuro   suave       un pelo de adolescente oscila cuestionador del modo de anudar los daños  ¿llegas a verlo —slowly—

casi un flequillo           danzar

e irse?»

 

 

 

 VI

«Determinadas posesiones son un crimen   por ejemplo los ojos de un perro joven   Algunos desprendimientos usura   como el de la responsabilidad sobre tus esclavos  o la sangre del prudente     Pero lo imperdonable hoy es echar tela asfáltica sobre el lecho de las magnolias y podar   la sombra de los balcones  o tapiar el mirador al mar de tu pueblo costero     Hacer en la cena de año nuevo un brindis por los fondos de inversión especulativos y llamar pringao al indígena que defiende con su vida el palmo de tierra de sus ancestros    Si lloviera ácido no estaríamos peor   Hoy   las palabras están flacas y llenas de pulgas  Algo tendría que decir la poesía  Pero ¿con qué coraje   humildad  precisión y dignidad     si lleva tanto tiempo mirando a la luna        de espaldas al mundo? »

(25.08.2011 – 03.10.11)

 

 

© Víctor Gómez Ferrer, del texto inédito