William Carlos Williams. A Elsie

William-Carlos-Williams

(Rutherford, 1883 – 1963)

 

Los saludables productos de América

enloquecen:

montañeses de Kentucky

.

o del retorcido confín norte

de Jersey

con sus lagos y valles

.

aislados, sus sordomudos, sus viejos nombres

de malhechores

y su promiscuidad

.

entre desalmados que se dan

a la extorsión

por el mero deseo de aventura

.

y jóvenes pazpuercas que se bañan

en porquería

de lunes a sábado

.

para esa noche salir bien ataviadas

de fantasiosas

horteradas que carecen

.

de las costumbres locales que les den

carácter,

en cambio se pavonean y lucen

.

puros andrajos y sucumben

sin más emoción

que un aturdido pavor

.

bajo algún seto de cerezos

o viburnos

—cuyos nombres ignoran…

.

A menos que unas nupcias,

quizás con una pizca

de sangre india,

.

vomiten a una hija tan desolada,

tan acorralada

por la enfermedad y el crimen

.

que sea rescatada

por la beneficencia,

que la instruya el estado y la pongan

.

a los quince a trabajar

en cierta casa

con aprietos de las afueras

.

en la familia de cierto doctor, cierta Elsie,

—voluptuosa agua

que con su cerebro cascado

.

representa la verdad sobre nosotros—

sus caderas torpes y anchas

y sus pechos caídos,

.

dedicada a baratijas

y a ricos

jóvenes de ojos bellos

.

como si la tierra bajo nuestros

pies fuera

el excremento de algún cielo

.

y nosotros prisioneros degradados,

sentenciados a pasar hambre

hasta que nos comamos la mugre

.

en tanto que la imaginación se esfuerza

en pos de ciervos

que van por campos de solidago

.

bajo el sofocante calor de septiembre.

De algún modo

esto parece destruirnos.

.

Solo en copos separados puede

revelarse

algo.

.

No hay quien dé fe

o haga los ajustes,

no hay quien conduzca el coche.

.

.

.

© Juan Miguel López Merino, de la versión al castellano

de: Antología bilingüe. Alianza editorial. Madrid. 2009.

.

Robert Duncan. Poemas

robert-duncan

(Oakland, 1919 – San Francisco, 1988)

 

El segador [1]

 

Creado por los poetas para cantar mi canción,

o creado por mi canción para cantar.

 

La fuente de la canción debe extinguirse.

 

Durante todo el día, la noche de la música se cierne

sobre el abeto, se balancea y brilla.

Oh, muéveme a que no cante

porque mi deseo es permanecer en silencio con mi primer Señor.

 

La fuente de la canción se extinguirá.

 

Glorioso es el sol ardiente.

En su juventud el segador tala el grano vivo.

Vemos el brillo de la curva ardiente de su guadaña.

Su extenuante labor nos abate

aún en vida.

 

La fuente de la canción se extinguirá.

 

No arrases las cuerdas de mi oscura lira,

mi cuerpo, música. Acalla

el árbol de tu corazón, pues deseo

ir hacia mi Señor invalorable.

La Tumba de las Musas en el mármol de la piel

es como un monumento a la canción,

 

La fuente de la canción se extinguirá.

 

Toda la noche el pestilente segador asesina.,

Desaparecemos bajo el filo de su guadaña.

Nuestra juventud se siega a diario como el trigo

de los campos de nuestro primer Señor.

 

La fuente de la canción se extinguirá.

 

Pero mira, glorioso es el sol ardiente.

El Segador derriba mi ardiente juventud.

Me arranca de mi primer Señor

mientras aún vivo.

 

La fuente de la canción se extinguirá.

 

 

 

Adoración a la Virgen

 

La muda estatua de la Virgen se yergue

entre los susurros de las formas sombrías.

El llamado mágico se extiende

más allá de su figura envuelta en la adoración de la luz.

La sólida madera del druida, magia-contenida

de una virginidad viviente, muestra a través de un baño dorado

el rojizo lustre de oro.

 

Los amantes del poetaen el pasillo de la tarde

entran en el clamor de las tenues campanas

que redoblan, redoblan la caída de la noche.

Esperan, perturbados,

como si la rígida imagen de la Virgen fuese a revivir

y a hablar. El milagro parece inminente.

 

Ella no es inocente, pero, virgen,

ha conocido a Dios. Su ropaje

vuela, se extiende y queda atrapado

en una batalla con el aire que lo rodea,

tallado de asombro y pintado de oro.

 

A ella su hijo no se le apareció.

A nosotros, que no lo conocimos

se nos apareció, como un pálido baldur [2]

en el madero sangrante.

 

Camino con mi amante. Nos entristecemos por un tercero.

Un tercero camina con nosotros. Esplendor herido.

No ya puro, sino transformado. Pero más.

Lleva nuestras heridas, lágrimas que son sangre,

coronas que son espinas.

 

Oh aureolada Madre, cúranos a

mi amante y a mí. Ave

María llena de gracia.

 

La imagen solitaria de la Virgen se

articula llena de gracia.

Sostiene al Niño Mago

como una exclamación.

 

Perdona, perdónanos en nuestro amor y cúranos.

 

La madera de druida perturba.

Habla por debajo de la hoja de oro.

Su desdicha es más antigua de lo que imaginamos.

El oro, Su sangre, sobre el rígido ropaje

nos concede la gracia.

 

Los poetas amantes sienten su contacto

como si ese contacto les fuese robado a sus corazones.

 

 

 

Los albigenses [3]

 

Nos movemos como dragones aletargados.

El espíritu de nuestro Señor se mueve por el universo

que nos habló de cosas diabólicas.

Oímos crujir la luminosidad de una serpiente.

 

Mira cómo se inflama el esplendor mundano.

La oscuridad de nuestro Señor es de odio vegetal.

 

Los espíritus de la Luz se mueven en la oscuridad.

Se esfuerzan para poder tocar. Tenemos algunas noticias,

tenues memorias, de su castidad.

 

Sé de una serpiente sabiduría de la sangre,

del sufrimiento, de la magia coital.

La luz de nuestro espíritu se vacía

en la piel. El útero,

el sol rojo-sangre, el universo,

brilla con presencias malignas,

ángeles de un fuego leproso.

 

El espíritu del deseo se mueve en todas las cosas animadas,

una belleza que brilla en las hojas de los árboles.

 

El Papa de Roma admirable por sus masacres

es Lucifer. Él se repite, se repite en nosotros, crea

su imagen diabólica. La novia entrega la lacra

de su forma diabólica y quiere conocer

la diabólica masculinidad de su novio.

Comen el cuerpo de nuestro Señor.

Gólgota cabalga con la mirada fija en ese paraíso.

 

Los amantes del poeta mientras copulan saben

que el dragón surge de todas las cosas.

Se consumen en la cólera de un Dios colérico.

Negro es el momento más bello del día más brillante.

 

Oh déjame morir, pero si me amas, déjame morir.

Tu agonía y tu furia hieren mi segunda vida.

 

Iré al origen de la luz olvidada.

Los Dorados se mueven en reinos invisibles.

Si pudiéramos conocer su castidad. Nos esforzamos para tocar.

El consuelo de Dios se extingue con la vida.

Nos estiramos, nos estiramos para detenerlos.

Se vuelven invisibles para nuestro deseo.

 

Oh déjame morir, pero si me amas, déjame morir.

 

 

 

Poesía desordenada

 

No un desarreglo de los sentidos [4] pero sí, hay otro sentido oculto del significado en todo des-orden. Des en su orden significa. ¿Qué me imaginé que sería el idioma? No un mito, excepto por la verdadera tarde mítica, un ambiente o preconcepción en el mejor de los casos la oscuridad de una noche verdadera. Ningún visionario excepto cuando la visión es real en su intensidad —esta es una escena en el sentido de las palabras—. Pero una choza de palabras primitiva para nuestra naturaleza. El idioma en su desorden natural.

 

Al no estar en la historia parecemos vivir en y ya no encima de la tierra. Y el lector como un viajante preocupado tal vez vea “esa tenue luz en la vasta oscuridad del bosque” y venga a nuestra puerta, a indagar adentro y se siente por una noche al titilar de nuestras oraciones, oyéndonos contar un relato en algún lugar del que no quiero acordarme hacia un así era una vez que relatamos. Y sería parte de ese reino de la historia al que él tal vez nunca pueda volver a regresar otra vez. Regresar para encontrar el lugar, ya no puede reconocer su entorno.

 

Lo que me imagino es una poesía hilada por una tarde como un todo hilado con la malla de una lana gastada. Y alejada, en esa eterna cabaña en el lugar más profundo del bosque de esos relatos que se cuentan alrededor de una hoguera. Lo que me imagino es un viejo chal gastado, sin ninguna importancia terrenal, una poesía otra vez reducida a sus hilos. El entretenimiento de una tarde sin gran importancia. Habla en un cuarto vamos hacia donde venimos. Una interrogación aislada. El discurso que si fuera oído no le hubiera molestado al oyente no haberlo oído.

 

Ahí no podría haber tiempo para el deseo o para la ambición estructural, uno solo escucharía las posiciones relativas, lapsos y divisiones, amontonadas, entretejidas y decisiones.

 

Un poeta que se sienta a la luz de las palabras como un gato a la luz moteada del sol en una ventana. Donde está él en la oración es ahí. Y escucha mientras su poesía dibuja su escuchar.

 

 

 

El comienzo de la escritura

 

una composición

 

Empezar a escribir. Continuar finalmente para escribir. Escribir finalmente para continuamente empezar.

 

Para superar el comienzo. Para superar la urgencia. Para superar el escribir escribiendo.

 

Sin nunca superar el comienzo. Ahora escribir escribiendo. No superar el comienzo.

 

*

El amor es a veces adelante e incluir. El amor es a veces superar y no comenzar. El amor como una parte constante de algunas composiciones es imaginar la expansión del amor para incluir el comienzo como continuación.

 

Deseo : no en el escribir. Urgencia : en el no escribir. Mentir en la espera de no escribir. El deseo es lo anterior no el comienzo del principio. La urgencia es un no sentir que finalmente comienza.

 

*

Cuando me imagino el no superar sino el incluir, el amar toma el lugar del deseo. Cuando diariamente me imagino comenzando continuamente, ser no es más re-formar sino repetir.

 

Un gigante del día se despierta.

Un gigante de la noche se duerme.

 

¡Ser un universo! ¡Ser un universo!

Absorto en su continuo hablar.

Ser regresado al sueño.

 

Cuando me imagino a mí mismo como amante

el Amor está otra vez aquí, aquí digo,

hace su aparición durante el Día una vez más

desde el simple anhelo, pertenecer

al decir.

 

La mañana se transforma

silenciosa como las palabras al hablar:

un soliloquio de silencios audibles.

 

*

¡Un soliloquio! ¡Un soliloquio!

tanta frivolidad al hablar con los diferentes colores de luz, con las tretas

de personas imaginadas, en persona.

 

El gran Funcionario engreído rueda su eterna existencia como rueda

un bidón

sobre las medidas de un sueño desordenado.

Un habla desordenada.

 

 

 

Origen

 

O: Trabajo el idioma como un salto de agua trabaja la roca, para encontrar un curso, y así, ciegamente. En esto no soy un creador de las cosas, pero si fuera un creador, creador de un camino. Por el camino en sí mismo. Está muy bien hablar de que el agua tiene su destino en el mar, y así imaginarse llegar casi a conocer el curso; pero el mar es solo el fin de los caminos, si pudiese la corriente encontrar un curso más lejano, continuaría. Y vasto como es el idioma, no es el final sino la resistencia por la cual el poema puede moverse, mientras fluye o baila o se embarra en el tiempo, inventándolo en la marcha y no obstante solo continuar hasta donde se rompe la resistencia del idioma.

Cuando tenía unos doce años, supongo que sería aproximadamente la edad de Narciso, me enamoré del arroyo de una montaña. Allí, de lo más intenso durante todo el verano, me quedé mirando a su límpido correr frío, conocí el pleno dolor del anhelo. Ser de ello, enteramente estar fuera de mi ser y entrar en el Otro claro elemento imposible. La imaginación, vieja tergiversadora de la forma, se expande dolorosamente para concebir la forma amada.

Entonces todo serpentea y hace un fondo común, se apresura, constante inconstancia, no sabemos de dónde sale como torrente del arroyo, todo precipitación de los sentidos y del insecto a través del tiempo del ser —me estimula; como si el pulso de mi piel sangrienta, del boqueo de un aliento a otro aliento (como un pez fuera del agua) hubiera otro continuum, un arroyo como un murmullo regular, claro y hondo, allí abajo, un fluir de aguas. Escribo esto solo para explicar alguno de los viejos dolores que el anhelo revive cuando otra vez aprehendo la corriente del lenguaje, se precipita sobre la ruta o sobre los estanques, las energías vacantes debajo del significado, se esconde de nuestros propósitos. A menudo, mientras leo o escribo, regresa el más pleno dolor, y veo u oigo o casi conozco el más puro elemento de la claridad, un movimiento pronunciado, una precipitación absoluta en el curso de su propio camino, que hace que aún desde las mismas palabras de mi bolígrafo un elemento extranjero que ansío —como reino o salvación o libertad— pero nunca se sabe.

 

 

 

A menudo se me permite regresar a un prado

 

como si fuera una escena imaginada por la razón,

que no es mía, pero es un lugar creado

 

que es mío, tan cercano al corazón,

un pastizal eterno plegado en toda su idea

así hay un vestíbulo allí dentro

 

eso es, un lugar creado, producido por la luz

desde donde las sombras que se forman caen.

 

Desde donde se caen todas las arquitecturas que soy

digo que se asemejan al Primer Amado

cuyas flores arden para alumbrar a la Dama.

 

Ella eso [5] es la Reina Bajo la Colina

cuyas huestes son un disturbio de palabras dentro de las palabras

es decir, un campo plegado.

 

Es solo un sueño donde la hierba sopla

hacia el este en contra del origen del sol

en una hora, antes de que baje el sol

 

en cuyo secreto vemos el juego de los niños

un corro de rosas dicho.

 

A menudo se me permite regresar a una pradera

como si fuera una de las propiedades de la razón

ciertos límites detienen previniendo el caos,

 

ese es el lugar del primer permiso,

eterno presagio de lo que es.

 

 

 

© Herederos de Robert Duncan

© Marta López-Luaces, de la versión al castellano y de las notas.

Tomado de Tensar el arco y otros poemas. Antología poética (1939-1987). Bartleby Editores. Madrid. 2011.

NOTAS

[1] Personaje masculino con que en inglés y otras lenguas anglosajonas se representa a la Muerte.

[2] Baldur: dios de la justicia, de la luz y de la verdad en la mitología nórdica, hijo de Odín y de Frigg. Tras un sueño que teme que resulte profético, su madre hace prometer a todos los objetos y las criaturas de la Tierra que jamás le harán daño a Baldur. Todas las criaturas se avienen a la promesa, excepto el muérdago, que tiempo después será el causante de la muerte del dios —aunque muy probablemente el muérdago solo fuera la forma que tomara el vengativo Loki para darle muerte—. Ante el inmenso dolor de Frigg, Hermodur, el divino mensajero, parte en su caballo de ocho patas al Reino de los muertos, con la intención de rescatar a Baldur y volverlo a la vida. Hel, la diosa de las tinieblas, le promete liberar a Baldur solo si se logra que absolutamente todas las criaturas de la Tierra, sin excepción, lloren por él. Todas las criaturas lo lloran, excepto una gigante —otra de las posibles metamorfosis de Loki para seguir haciendo el mal—. Pero la promesa de que algún día, cuando el mal ya no existan en la Tierra, Baldur volverá a la vida, es precisamente el elemento del relato que lo une tanto a la “suspendida muerte” del Rey Arturo, como a la Resurrección de Cristo, con la que Duncan lo asocia en el poema.

[3] Movimiento religioso declarado herético por la Iglesia católica que se extendió en la región de Languedoc durante el siglo XII. La cruzada albigense (también conocida como cruzada contra los cátaros) fue un conflicto armado que tuvo lugar entre los años 1209 y 1244 y que comienza por iniciativa del papa Inocencio III con el apoyo de la dinastía de los Capetos, reyes de Francia.

[4] Alusión a la poética de Arthur Rimbaud quien, en su Carta del vidente, propone “un sistemático arreglo de los sentidos”.

[5] Aquí Duncan presenta dos pronombres de sujeto en tercera persona, el femenino y el neutro. De ahí la traducción como “Ella eso”.

Robert Bringhurst. El río de Ptahhotep

 (Los Ángeles, 1946)

(Los Ángeles, 1946)

 

 

El corazón es aceite

 

            Si un hombre se ve en un sueño viendo su rostro
            En un espejo, cuidado: significa otra mujer.
            —Papyrus Chester Beatty III, Museo Británico (Tebas, dinastía XIX)

 

Si un hombre sueña y se ve a sí mismo soñando

un sueño en el que se ve a sí mismo en un espejo

viendo que el corazón es aceite que cabalga

la sangre, como una cubierta hacia la cual se aproxima,

sus huesos como un barco y su estómago tensado

en una vela en la corriente de su aliento,

 

si éste es su ojo en el espejo viendo

su ojo en el sueño viéndose

en el espejo en el que ve su ojo viéndose

en un sueño en un espejo, su rostro

reflejado en aceite y que se arruga de vez

en cuando en la corriente de su aliento,

 

el espejo fluirá y el corazón se dispondrá

como vidrio en el marco de sus huesos en las paredes

de su aliento, su sangre tan fina como el papel y la plata,

en un sueño en el que se ve viéndose

en un espejo viendo

 

que los huesos flotarán y el corazón se conmoverá,

sus huesos en su garganta y su estómago tensado

como una vela en la corriente de su aliento, su sangre

llena de vidrios rotos y su rostro como un papel rasgado

viéndose en el espejo de su corazón

que se desperdiga como aceite en el espejo de su aliento.

 

 

 

 

Hechizo para sandalias blancas

 

El recibidor es tan ancho que ambas manos caben en él.

¿Hay un suelo?, preguntarás, o ¿dónde estamos?

¿estamos en algún lugar que no

sea éste o dónde estamos tan anchos?

Ambas manos cabrán aquí.

Señor, tus dos ojos, tus dos hijas,

y una ¿cuál era? con ella me casé.

 

Señor, sé que existe más que una sola justicia.

Pero también sé que existe una sola habitación

en estas numerosas mansiones.

 

Señor, he volteado mi mano hacia fuera

sin conocer mi propósito.

Señor, he volteado mi mano hacia dentro

sin conocer mi propósito, con menor frecuencia.

Señor, he volteado mi mano sin conocer

mi propósito contra otras criaturas, con menor frecuencia todavía.

 

Señor, desconozco mi nombre.

 

No he menguado el acre, la onza, o la hora.

No he detenido a ningún dios en marcha.

No he quebrado el dorso del río.

No he erigido nada en el camino del sol.

 

Soy el filo del aire, la boca del pozo

de agua y mineral, hecho de luz de sol y de aire.

Quizás no recuerde

ninguno de los nombres sino algunas pocas de las letras:

 

la que devora sombras

la que devora aire

la que existe en polvo

la que regresa a casa sin jamás llegar

la que llega sin detenerse

la que tiene el rostro detrás del suyo

la que devora luz

la que tiene los dientes más blancos que el agua

la que no tiene grano en la mano ni tampoco doblez

la que tiene incontables voces

 

Señor, le he dado la vuelta a mi mano por arriba y por

abajo y por arriba. Soy la boca del pozo, el filo del aire,

la forma arrojada hacia la luz

por mi propia sombra el filo de la luz, nada más que eso.

 

Vengo a por los nombres de mis pies ahora.

Vengo a por los nombres de mis pies al levantarse

y caer hacia el frente. Vengo a por los nombres

de mis pies al caerse.

 

 

 

 

El río de Ptahhotep

 

La palabra justa escasea más que el jade. Escasea

más que la piedra verde, sin embargo puede encontrarse

entre las muchachas en las piedras de afilar, entre los pastores

solitarios en las colinas.

Sé cómo un hombre puede hablarle a su nieto;

no le puedo enseñar a hablar con las jóvenes.

 

Sin embargo, he visto en el pozo cómo las palabras

afinan el corazón, cómo se hacen de aquel que las oye

un maestro del oído. Si lo oído penetra en el que oye,

el que oye se convierte en el que escucha. Oír es mejor

que cualquier otra cosa. Purifica la voluntad.

 

He visto en las colinas cómo el corazón escoge.

Los puños del corazón sostienen las puertas de los oídos.

Si un nieto puede oír las palabras de su abuelo,

quizás las palabras, décadas más tarde,

se eleven desde su corazón como el humo

mientras espera en la montaña y piensa en la vejez.

 

En la cueva del oído, los huesos, como estrellas

de solsticio, se sientan derechos e inmóviles,

escuchan con atención el aire mientras el músculo y la sangre

escuchan con atención al esqueleto.

Lenguas y senos de las no vistas

criaturas del aire

se deslizan sobre los huesos en las desdentadas

bocas de los oídos.

Oír es honrar al caracol que duerme

en la caja de leña tras la forja.

 

Verás cómo los oídos del nuevo gobernador

se llenan como bolsillos, cómo sus ojos

se hinchan con lo que se ve fácilmente,

y sin embargo su rostro es una jarra desatendida. Sus huesos

se arrugan como flautas dobladas, su corazón

se prepara y se activa como la mano de un mendigo.

Las palabras del nuevo gobernador son ordenadas, limpias,

inagotables, y no se distinguen

unas de otras, como los funerales, como la arena.

 

He hecho lo que he podido durante mi mandato.

El río crece, el río decrece.

He visto la luz del sol anidar en el agua.

He visto la oscuridad

formar charcos como aceite en la palma de mi mano.

 

Háblale a tu nieto diciéndole,

la palabra justa escasea más que el jade, escasea

más que la piedra verde, sin embargo puede encontrarse

entre las muchachas en las piedras de afilar, entre los pastores

solitarios en las colinas.

El corazón es un animal. Aprende el lugar al que te lleva.

Aprende su marcha al romperse. Aprende su gama,

cómo se aparea y alimenta.

Si esquilan tu corazón como a una cabra, la badana

crecerá de nuevo, aunque tu corazón tiemble de frío.

Si despellejan tu corazón,

se secará en tu garganta como un pez en el viento.

 

Háblale a tu nieto diciéndole,

mi nieto, las cuevas del aire

resplandecen con las huellas de las pezuñas

de las criaturas

a las que has convocado.

 

Mi nieto, mi nieto,

la palabra justa escasea más que el jade, escasea

más que la piedra verde, sin embargo puede encontrarse

entre las muchachas en las piedras de afilar, entre los pastores

solitarios en las colinas. El corazón es un barco.

Si no flota, si no tiene quilla,

si no tiene lastre, si no tiene

asta ni remo, ni timón ni mástil,

no hay modo en que puedas cruzar.

 

Háblale a tu nieto diciéndole,

mi nieto, la estela del corazón

es tan ancha como el río;

la corriente del corazón es tan vasta como el viento

y tan fuerte como la caña del timón que se desliza en tu mano.

 

Háblale a tu nieto diciéndole,

la palabra justa escasea más que el jade, escasea

más que la piedra verde, sin embargo puede encontrarse

entre las muchachas en las piedras de afilar, entre los pastores

solitarios en las colinas.

Al abrirse y cerrarse en la cuerda de la sangre

en el pozo del aire, los puños del corazón

huelen a río.

El corazón tiene dos pies y el corazón tiene dos manos.

Los oídos de la sangre lo escuchan aplaudir y caminar;

los ojos de los huesos observan las pisadas sangrientas

que deja en su camino.

 

Háblale a tu nieto diciéndole,

hijo mío, pon tu oído

en el camino del corazón,

arrodíllate allí en honor

del caracol que duerme.

 

 

 

© Robert Bringhurst, de los poemas.

© Louise Mercer, de la fotografía.

Tomado de La belleza de las armas. Kriller 71 ediciones. 2013.

Versión al castellano de Marta del Pozo y Aníbal Cristobo.

John Ashbery. América

(Rochester, Nueva York - 1927)

(Rochester, Nueva York – 1927)

 

1

Apiladas hacia arriba

el hecho las estrellas

En América la oficina escondió

archivos en su

puesto…

Estrellas enormes sobre ellos

El impasible anarquista de pie

con su sombrero.

Brazo a lo largo de la verja

Estábamos estacionados

Millones de nosotros

El accidente fue terrible.

La forma en que la puerta barrió

las piedras apiladas;

Los libros con lazo.          milagro.          con luna y las estrellas.

 

El peral

me mueve

Estoy por aquí         y en mi suspiro

El regalo de una las estrellas.

La persona

Horror, los trozos de su elección

me reprocharon yo,

en el apartamento

la piedra nosotros en la cama.

El techo,

lluvia, pastillas,

halladas entre el musgo

La suya ya no importaría; no sé por qué.

 

 

 

2

Lazos

sobre el Pacífico

A veces nosotros

El profundo añadido

y más y más menos profundo

pero doliendo

bajo el fuego

lluvia brillante

a nuestro encuentro.

Probablemente en

fuego modelado

Lo hacemos

épocas del año

la luz cae del cielo

amor

dividiendo las vidas separadas

su tenedor          las

especificaciones

particularmente el fuego.

Nos entristecemos, fuera

El amor

La casa entera

Malgastamos las visitas

El otoño cepilla el cabello

La chica ha vivido en este rincón

Bajo la luz del sol todo el año.

levantándose para hablar

Tu portero intentó

si estaba listo

Casi me matan

ahora al leer

a juicio

de pie con la jarra

en la puerta envoltorio

de este año fuego intangible

Cuchara

me gusta que la suciedad alrededor

los geranios del pasado agosto

secos en el patio

jugaron para cierta

persona

por supuesto los tornos alrededor

de las estrellas con estremecimientos privilegiados

sobre el país el año pasado estábamos indignados conociendo

equivocados

su única respuesta el pino

fuera de la tierra

al viento

de tu medicina

salud, la luz, preocupación por la muerte, belleza.

Así que no mates a la

la piedra esto es el desierto

para los brazos

Tú muchacha

el mar con olas.

 

 

 

3

del arsenal

sombreado en público

una mano alzada

labios, una vivienda

Un minuto la música termina.

El día en que empezó. Persona

bloqueando al conductor

¿Es el portero con la capa roja

y la maceta de flores en una mano

Su cara oculta por el estante

que se pensaba intangible.

¿Así que es esta

la salida a los caminos

de la plaza

pétalos armados con una cadena

noche ártica

qué con las estrellas

balancea y esa iluminación fascinante

que entierra mi corazón

en sí tribuna para que vengan

los bailarines. Desfile pulgada

de historia          dando forma

Más que las formas

pueden hacer cuac

la noche en los baños

agitado en su sueño el portero coge la herramienta con la que matará al intruso

Terreno

Brillante

No se parece mucho a lo que hay fuera

Caminamos alrededor          la mano

observa la destrucción de la lluvia

en la puerta la noche

no puede mantener           dentro

tal vez percibiendo al centinela

el disco perfecto

Caminábamos hacia el arbusto

el disco

algo pasaba con el disco

el arbusto había olvidado

manzanas en el cráter

el Mensajero

del norte la piedra

de nieve

 

 

 

4

Aunque nunca había venido aquí

Este país, sus leyes de cristal

Y la majestad de la noche

a través del fútbol

Atraídos lejos

Saludan impotentes

El campo

marcado por líneas de nieve

solo se servía puré

apilándose

las estrellas no deseadas

necesarias contra la noche

Prohibido categóricamente

pero se admite

más allá del cabo

el árbol todavía crece

caen lágrimas

Y me siento orgulloso

de las estrellas en nuestra bandera que no queremos

la bandera de película

ondeando sobre el cielo

hacia nosotros, ciudadanos de algún estado futuro.

Nos desesperamos en la habitación, pero las estrellas

y la noche persisten, a sabiendas de que no lo queremos

Algunas borlas al principio

luego nada, día

el olor.

En el vestíbulo. La piedra.

 

 

 

5

A través del otro mar

avanzaba

el mar detenido

Decenas de personas          ciegas

Inmediatamente el puerto, desafío

Argumento

Peral

Solo perforación

Cadena para desmoronarse en su mano

Algún día la libertad

de ser de la prensa

bebía

tal vez la loción

añadió ella. Bebía

las órdenes.

Las órdenes

falsas.

linde

su misantropía.          niebla de pera.

el acto          imitación

su actitud feliz

posición          paz

en la tierra

líquido encendido

antes de que él caiga

ha de venir bajo esta cabeza

ser querido, así que podrían ser

lágrimas, adoración sin esperanza, pasiones

el fruto de la noche cincelada

Visible tarde al día siguiente. Coches

bloquean las calles          deseo

los geranios que abrazan

paraguas

cayendo su abrazo él ahoga

en su acopio, pero en

esto significaba

un caso

Una pluma no nieve golpeó contra la ventana.

Una señal desde el exterior grandioso.

 

 

© John Ashbery

© Julio Mas Alcaraz, de la traducción

Tomado de El juramento de la pista de frontón. Calambur, 2010