Ejército de hadas. William Butler Yeats

"En Irlanda, empero, decimos que las hadas son inmortales"

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La voz irlandesa para “hada” es sheehogue [sidheóg], este es el diminutivo de “shee” en banshee [1]. Las hadas son deenee shee [daoine sidhe] [seres mágicos].

¿Quiénes son ellas? “Ángeles caídos que no fueron lo suficientemente buenos para poder salvarse, ni tampoco lo suficientemente malvados como para ser condenados”, dicen los campesinos. “Los dioses de la tierra”, afirma el Libro de Armagh. “Los dioses paganos de Irlanda”, dicen los anticuarios irlandeses, “los Tuatha De Danann, quienes al dejar de ser adorados y alimentados con ofrendas se desvanecieron del imaginario popular y ahora se encuentran distantes”. Y te dirán, como prueba, que los nombres de los jefes de las hadas son los nombres de los antiguos héroes Tuatha De Danann, y que los lugares en donde especialmente se reúnen son los lugares en los que fueron enterrados los Tuatha De Danann, y que solían ser llamados los slooa-shee [sheagh sidhe], es decir, los ejércitos de hadas, o Marcra shee, esto es, la caballería de las hadas.

Por otro lado, existe mucha evidencia que prueba que son ángeles caídos. Han habido testimonios sobre la naturaleza de estas criaturas, sobre sus caprichos, su manera de obrar con bondad por el simple hecho de hacer el bien; y también de su manera de obrar con maldad por el simple hecho de ser malos, y que poseen toda clase de encantos, excepto conciencia —consistencia. Son seres que se ofenden rápido si es que no hablas mucho sobre ellos; y nunca se les debe llamar de otra manera sino como “seres distinguidos” o también como daoine maithe, lo que en castellano quiere decir “seres bondadosos”. Tampoco son fáciles de complacer, ellas harán hasta lo imposible para mantener alejada la desgracia de ti, solo si les dejas un poco de leche en el umbral de la ventana por las noches. En general, la creencia popular habla mucho de ellas, nos cuentan cómo fue que cayeron y cómo no han sido todavía condenadas, ya que su maldad carece totalmente de malicia.

¿Son, acaso, “dioses de la tierra”? ¡Quizás! Muchos poetas y todos los escritores místicos y ocultistas en todas las épocas y países, han declarado que detrás de lo visible hay cadenas de cadenas de seres con conciencia, que no pertenecen a los cielos sino a la tierra, y que no han heredado su forma, sino que cambian de acuerdo a su voluntad, o según la mente de quien los observa. No puedes levantar tu mano sin influenciar y ser influenciado por algún tesoro. El mundo visible es meramente su piel. En nuestros sueños caminamos, jugamos y peleamos con ellas. Tal vez sean almas humanas en un crisol —estas criaturas de voluntad.

No se debe pensar que las hadas son siempre pequeñas. Todo sobre ellas obedece a sus caprichos, incluso su tamaño. Al parecer toman el tamaño y la forma que les plazca. Sus actividades más importantes son los festines, las luchas, hacer el amor y tocar la música más hermosa. Las hadas tienen solo una persona industriosa entre ellos, el lepra-caun —los hacedores de zapatos. Quizás ellas se despojan de sus zapatos cuando bailan. Cerca de la villa Ballisodare hay una pequeña mujer que vivió con ellas durante siete años. Cuando regresó a casa sus pies no tenían dedos —había bailado para ellas.

Tienen tres grandes festivales al año —la Noche de mayo, la Noche de verano y la Noche de noviembre. En la Noche de mayo, cada siete años, se pelean en rondas por la cosecha, por las mejores espigas del grano, pero usualmente lo hacen en “Plain-a-Bawn” [dondequiera que esté]. Un anciano me contó que las vio peleando una vez; ellas suelen arrancar los tejados de las casas en el medio de su pelea. Si alguien más hubiera estado cerca, habría visto apenas un gran viento girando las cosas dentro de él, como si el aire hubiese pasado. Cuando el viento pasa sobre los juncos y se marcha girando, esas son las hadas, y el campesino que las ve se quita el sobrero y dice “Dios las bendiga”.

En la Noche de verano, cuando las fogatas están encendidas en cada colina en honor a San Juan, son las más contentas y a veces arrebatan algunos hermosos mortales a sus novias.

En la Noche de noviembre [2] ellas se encuentran en tinieblas y esa noche es, de acuerdo con el antiguo cálculo gaélico, la primera noche de invierno. En ella las hadas bailan con los fantasmas, y el pooka [3] se encuentra lejos de ellas, las brujas preparan sus hechizos, las niñas ponen la mesa en nombre del diablo; así la búsqueda de su futuro amante puede llegar a través de la ventana al comerse la comida. Después de la Noche de noviembre las zarzamoras dejan de ser saludables porque el pooka las ha echado a perder.

Cuando están molestas paralizan a los hombres y al ganado con sus dardos mágicos, pero cuando están contentas cantan. Varias muchachas que han escuchado sus cantos han desfallecido y muerto de amor por aquellos cantos. Muchas de las más hermosas melodías de Irlanda son canciones suyas, y fueron aprendidas por aquellos que por curiosidad las han escuchado. Ninguno de los sabios aldeanos ha tarareado “La bella muchacha que ordeña la vaca” cerca del alba de las hadas, porque son muy celosas y no les gusta escuchar sus canciones en los ordinarios labios de un mortal. Carolan, el último de los bardos irlandeses, se quedó dormido en uno de estos días mágicos y luego de que las melodías de las hadas entraron en su cabeza se convirtió en el gran hombre que fue.

¿Ellas mueren? Blake vio el funeral de un hada; pero en Irlanda decimos que son inmortales.

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© William Butler Yeats, del texto

© Reinhard Huamán Mori, de la versión al castellano

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Notas

[1] La banshee es una especie de hada propia de Irlanda y Escocia cuyos lamentos son profetizan la muerte.

[2] Conocida originalmente como Samhain, la Noche de Noviembre marcaba el inicio de un nuevo ciclo cósmico en la que los muertos visitaban sus antiguos hogares. Tenía lugar el primer día del mencionado mes.

[3] El pooka proviene del céltico pok, es un personaje mágico que cambia de forma constantemente, usualmente en animales como cabras, asnos, caballos, águilas o toros.

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Cath Maige Tuired (Segunda batalla de Mag Tuired)

[FRAGMENTO*]


127. Cuando llegó el momento para la gran batalla, los Formoré marcharon de su campamento y se formaron en batallones indestructibles. No hubo jefe ni guerrero habilidoso entre ellos sin armadura alguna que protegiese su piel, un casco para su cabeza, una osada lanza en su mano derecha, una pesada y filuda espada colgando de su cinturón y un fuerte escudo sobre sus hombros. Aquel día, atacar a las huestes de los Formoré sería como “golpear una cabeza contra un acantilado”, como meter “una mano en el nido de una serpiente“, como “acercar el rostro al fuego”.

 

128. Estos fueron los reyes y líderes que arengaban los ejércitos Formoré: Balor hijo de Dot hijo de Net, Bres mac Elathan [1], Tuire Tortbuillech mac Lobois, Goll e Irgoll, Loscennlomm mac Lommgluinigh, Indech mac De Domnann, rey de los Formoré, Ochtriallach mac Indich, Omna y Bagna, Elatha mac Delbaith.

 

129. Por el bando contrario, los Tuatha De Danann se alzaron y dejaron nueve compañías para vigilar a Lug [2] y se dirigieron hacia la batalla. Pero cuando comenzó el combate, Lug escapó de la vigilancia que pesaba sobre sí camufándose como un conductor de carroza y se puso al frente del batallón de los Tuatha De Danann. Una vehemente y cruel lucha tuvo lugar entre las razas de los Formoré y los hombres de Irlanda [3].

 

Lug animaba a los suyos a pelear ferozmente para acabar con su cautiverio, pues era mejor para ellos encontrar la muerte protegiendo la tierra de sus ancestros que ser esclavo y pagar tributo como lo habían estado haciendo. Entonces, Lug pronunció el hechizo andando con un ojo cerrado y sobre un pie alrededor de los Tuatha De Danann [4].

 

130. Los ejércitos dieron un gran grito y arremetieron en combate. Entonces se encontraron cara a cara y empezaron a golpearse entre ellos.

 

131. Hermosos hombres cayeron en gran número en los patios de la muerte. Grandiosa fue la carnicería y los entierros que allí tuvieron lugar. Orgullo y vergüenza se hallaban codo a codo. Hubo ira e indignación. Abundantes fueron los ríos de sangre sobre la blanca carne de jóvenes guerreros mutilados a manos de intrépidos hombres mientras se lanzaban al peligro por vergüenza. Desagradable fue el ruido de la multitud de guerreros y campeones protegiendo sus espadas, sus escudos y sus cuerpos mientras otros los asestaban con lanzas y espadas. Desagradable fue también el tumulto sobre el campo de batalla —el alarido de los combatientes, el choque de sus radiantes escudos, los movimientos de las espadas y los sables con empuñaduras de marfil, el estruendo y el rechinar de las aljabas, los zumbidos y los silbidos de las lanzas y venablos, los golpes ruidosos de las armas—.

132. Mientras se atacaban unos a otros, las puntas de sus dedos casi se tocaban con sus pies, pues la sangre vertida debajo de ellos se tornaba resbalosa y les hacía caer, sus cabezas eran decapitadas mientras permanecían en el suelo. Una sangrienta, tenaz, cruenta y mortal batalla estaba teniendo lugar, y las astas de las lanzas estaban teñidas con la sangre de las manos de sus adversarios.

 

133. Entonces, Nuadu Mano de Plata y Macha, hija de Ernmas, cayeron a manos de Balor, nieto de Net. Casmael cayó a manos de Ochtriallach, hijo de Indech. Lug y Balor, el de los ojos penetrantes, se encontraron frente a frente. Este último tenía un ojo destructor que nunca abría, excepto en el campo de batalla. Cuatro hombres le levantaron el párpado del ojo con un anillo pulido que tenía en dicho párpado. Todo ejército que mirase aquel ojo, aún cuando fueran cientos en número, no ofrecería resistencia a los guerreros enemigos. Tenía un venenoso poder debido a esta razón: una vez los druidas de su padre se encontraban preparando brebajes mágicos. Él se acercó y miró a través de la ventana y los humos de la cocción afectaron su ojo y el poder venenoso de aquel líquido entró en él. Entonces, él y Lug se encontraron…

 

134. “Levanta mi párpado, muchacho”, dijo Balor, “y así podré ver al locuaz compañero que me está hablando”.

 

135. El muchacho levantó el párpado de Balor. Entonces, Lug le lanzó una piedra que le arrancó de la cabeza el ojo y dio a parar sobre su propio ejército que se quedó mirándolo. El ojo cayó sobre las huestes de los Formoré y veintisiete de ellos murieron, y la corona de su cabeza se estrelló contra el pecho de Indech mac De Domnann y un chorro de sangre brotó de sus labios.

 

136. “Permite que Loch Lethglas, mi poeta, (“Medio Verde”) se acerque a mí”, dijo Indech (él era medio verde desde el suelo hasta la corona en su cabeza). Este fue hacia él. “Encuentra a aquel que me lanzó esa piedra”, dijo Indech. Entonces, Loch Lethglas preguntó: “Que confiese quién es aquel hombre…”

Y Lug le respondió con estas palabras:

“Un hombre la lanzó… el cual no te teme”.

 

137. Y llegó, entonces, Morrigan, hija de Ernmas, para incentivar a los Tuatha De Danann a pelear ferozmente. Ella entonó el siguiente poema : “¡Reyes, levántese en combate!… ”.

 

138. Inmediatamente después estalló la batalla y los Formoré fueron replegados hacia el mar. El campeón Ogma, hijo de Elatha, e Indech mac De Domnann se enfrentaron en un combate personal.

 

139. Loch Lethglas pidió cuartel a Lug. “Concédeme tres peticiones”, le dijo Lug.

 

140. “Las tendrás”, repuso Loch. “Eliminaré vuestra necesidad de defenderse de los Formoré en Irlanda para siempre; y cualquiera que sea la sentencia que salga de tu boca ante alguna situación difícil, ella resolverá dicho asunto hasta el fin de los días”.

 

141. De este modo, Loch fue perdonado. Luego recitó “El decreto del cierre” a los Gaels…

 

142. Entonces, Loch dijo que por haber sido perdonado le daría nombre a las nueve carrozas de Lug. Este dio su venia para que así lo hiciese. Loch respondió diciendo: “Luachta, Anagat, Achad, Feochair, Fer, Golla, Fosad, Craeb, Carpat”.

 

143. Luego le preguntó: “¿Cuáles son los nombres de los conductores que iban en ellos?”.

— “Medol, Medon, Moth, Mothach, Foimtinne, Tenda, Tres, Morb”.

 

144. “¿Cuáles son los nombres de las aguijadas que tenían entre sus manos?”.

— “Fes, Res, Roches, Anagar, Each, Canna, Riadha, Buaid”.

 

145. “¿Cuáles son los nombres de los caballos?”.

— “Can, Doriadha, Romuir, Laisad, Fer Forsaid, Sroban, Airchedal, Ruagar, Ilann, Allriadha, Rocedal”.

 

146. “Otra pregunta: ¿cuál es el número de las bajas?”, inquirió Lug a Loch.

— “No sé cuál será el número de los labriegos ni el de los plebeyos. En cuanto al número de los señores, nobles, campeones y reyes Formoré sí lo sé: 3 + 3 x 20 + 50 x 100 hombres + 20 x 100 + 3 x 50 + 9 x 5 + 4 x 20 x 1000 + 8 + 8 x 20 + 7 + 4 x 20 + 6 + 4 x 20 + 5 + 8 x 20 + 2 + 40, incluyendo al nieto de Net y 90 hombres más. Ese es el número de las bajas de los reyes Formoré y de los nobles que cayeron en la lucha”.

 

147. “Pero en cuanto al número de labriegos, de gente común y demás plebeyos y gente de todos los oficios que acompañaron al gran ejército —cada guerrero, cada noble y cada rey Formoré vino al combate con sus propios sirvientes, y todos ellos cayeron muertos, tanto los hombres libres como los esclavos— cuento solamente algunos de los criados de los reyes. Este es el número de aquellos que conté según iba observando: 7 + 7 x 20 x 20 x 100 x 100 + 90, incluyendo a Sab Uanchennach hijo de Coirpre Colc, hijo de un criado de Indech mac De Domnann (es decir, el hijo de un sirviente del rey Formoré).

 

148. “En cuanto a los hombres que lucharon en parejas y los lanceros, guerreros que no alcanzaron el corazón de la batalla pero que también cayeron —hasta que las estrellas del cielo puedan ser contadas, y las arenas de los mares, y los caballos del hijo de Lir en una tormenta en el mar— hasta entonces jamás podrán ser contados”.

 

149. Inmediatamente después de aquello, los Tuatha De Danann hallaron la oportunidad de matar a Bres mac Elatha. Este dijo: “Es mejor que me sea concedido el perdón y no la muerte”.

 

150. “¿Por qué habría de hacer eso?”, preguntó Lug.

“Las vacas de Irlanda siempre darán leche si soy perdonado”, contestó Bres.

“Lo consultaré con nuestros sabios”, repuso Lug.

 

151. Lug acudió donde Maeltne Morbrethach y le dijo: “¿Debería ser Bres perdonado por darnos la leche de las vacas de Irlanda por siempre?”.

 

152. “Él no debe ser perdonado”, contestó Maeltne. “Él no tiene poder alguno sobre sus edades o sobre sus partos, aunque controle su leche mientras vivan”.

 

153. Entonces, Lug se dirigió a Bres: “Aquello no te salvará, tú no tienes ningún poder sobre sus edades o sobre sus partos, aunque controle su leche mientras vivan”.

 

154. Bres contestó: “¡Maeltne te ha dado amargos consejos!”.

 

155. “Es que hay algo más que pueda salvarte la vida, Bres?”, interrogó Lug.

“De hecho, sí que lo hay. Dile a tu consejero que tu gente recibirá en recompensa una cosecha cada tres meses si mi vida es perdonada”.

 

156. Lug acudió donde Maeltne: “¿Debería ser Bres perdonado por dar a cada uno de los hombres de Irlanda una cosecha cada tres meses?”.

 

157. “Eso a nosotros nos viene muy bien”, repuso Maeltne. “La primavera es buena para el arado y para la cosecha; el inicio del verano para alcanzar la dureza del grano; el inicio del otoño para completar la madurez del grano y para su cosecha. El invierno es bueno para alimentarnos de él”.

 

158. “Esto no te salvará”, replicó Lug a Bres.

“Maeltne te ha dado amargos consejos”, le contestó.

 

159. “Por menos te salvarías”, dijo Lug.

“¿Cómo, entonces?”, preguntó Bres.

 

160. “¿Cómo trabajarán la tierra los hombres de Irlanda? ¿Cómo sembrarán? ¿Cómo cosecharán? Solo si sabes todas esas cosas podrás ser salvado?”.

“Diles, entonces, que aren los días martes, que siembren las semillas en los campos los días martes y que los martes sean los días de la cosecha”.

 

161. Y gracias a aquel consejo Bres fue liberado.

guerreros celtas

 

NOTAS

[*] La extensión de este texto es de 167 cantos, pero el fragmento que presentamos se centra en el combate y posterior victoria de los Tuatha de Danann.

[1] Originalmente, Bres mac Elathan, conocido también como Bres el Hermoso, era el rey de los Tuatha De Danann. De padre Formoré y madre Tuatha De Danann, Bres fue proclamado rey de estos últimos, sin embargo, pesó en él su linaje paterno y traicionó a sus súbditos aliándose con los Formoré para asesinarlos. Por ello Bres figura como uno de sus jefes.

[2] También conocido como “Samildanach”, es decir, el que conoce todas las artes, Lug era un héroe muy importante para los Tuatha De Danann, ya que su sola persona era capaz de realizar todos los oficios de los hombres, incluyendo las artes mágicas. Por ello gozaba del aprecio de Nuadu, el rey de los Tuatha De Danann, quien decidió protegerlo antes que arriesgarlo en la batalla.

[3] Este apelativo es otra manera para aludir a los Tuatha De Danann.

[4] Es importante acotar que la magia y los poderes ocultos son muy importantes para los Tuatha De Danann, ya que gracias a ellos pudieron tomar ventaje sobre los Formoré, quienes no encuentran el modo de contrarrestar los conjuros enemigos. Previo al combate, los hombres de Irlanda lanzaron encantamientos sobre las piedras y las armas para que destruyeran a los formorianos. Todo este despliegue y dominio de estas artes está explicada en los siete primeros cantos de esta gesta, en la que se narra su aprendizaje: “1. Los Tuatha De Danann se encontraban en las islas septentrionales del mundo instruyéndose en el saber oculto y la hechicería, en las artes druídicas y en las habilidades mágicas hasta que superaron a los sabios de las artes paganas”.

 

 

© Reinhard Huamán Mori, de la traducción.

Publicado originalmente en la revista BOCA DE SAPO, nº 6. Buenos Aires, 2010.


Cu Chulainn, el perro de Irlanda

Tarot celta con la imagen del héroe


De la muerte del perro del herrero por Cu Chulainn y de la razón por la que es llamado así

Entonces, Cormac Conlongas [1] hijo de Conchobar [2] habló: “Otra vez que ese joven muchacho realiza una segunda hazaña al año siguiente”. “¿Qué hazaña era esa?” preguntó Ailill [3].

“Hubo un buen herrero en las tierras de Ulster, Culann el herrero [4], tenía por nombre. Él preparó un banquete para Conchobar y arregló que Emain [5] lo invite. Él le hizo saber que solamente algunos debían venir con él y que él no debía traer a ninguno a menos que fuera un verdadero invitado, puesto que no eran suyos esos territorios o tierras, solamente la fruta de sus dos manos, sus trineos y yunques, sus puños y sus tenazas. Conchobar contestó que solamente unos pocos irían con él.

“Culann regresó a la herrería para preparar y alistar la carne y la bebida en la celebración para el rey. Conchobar acampó en Emain hasta que fuera el tiempo del banquete, hasta que llegase el ocaso del día. Entonces, el rey se vistió con sus finas y ligeras ropas. Luego, Conchobar entró al verde campo, y vio algo que lo asombró: 150 muchachos al final del campo y un muchachito solo en el otro extremo, y el muchachito había ganado en la meta y en el hurling [6] de entre todos los 150 muchachos.

Cuando era hora del juego del agujero —un juego de hoyos que se jugaba en los verdes campos de Emain— y fue el turno de los muchachos de meter la pelota y el turno del muchacho de proteger el hoyo, este atrapó las 150 bolas justo antes de que se introduzcan en el agujero, y ninguna entró ahí. Cuando fue el turno de los muchachos de proteger el hoyo y el de él de meterla, este introdujo las 150 pelotas en el agujero sin fallar, y los muchachos no pudieron tapar ninguna. Cuando fue el momento de que todos trataran de quitar la ropa con la que habían jugado al otro, el muchacho les arrancó los 150 trajes de modo que ellos quedaron casi desnudos, y entre todos no pudieron quitarle más que el broche de su capa. Cuando llegó el momento de la lucha [7], él arrojó a aquellos 150 muchachos a la tierra y se puso encima de todos, y ninguno tuvo éxito en tratar de levantarlo.

Conchobar miraba con maravilla al muchachito. “Oh, ustedes los jóvenes,” gritó Conchobar. “¡Salve la tierra de donde viene el muchacho, si es que las hazañas de su hombría son como las de su juventud!” “No es justo hablar así,” exclamó Fergus; “mientras que el muchacho crezca, así crecerán sus hazañas con él.” “Llamen al muchacho para que pueda venir con nosotros y así goce del banquete al cual vamos.” Convocaron al muchacho donde Conchobar. “Bien, mi muchacho,” dijo Conchobar, “vente con nosotros para que disfrutes del banquete al que vamos, porque tú eres digno de ser invitado”. “No, yo no iré,” respondió el muchachito. “¿Por qué?” preguntó Conchobar. “Por que los muchachos todavía no han tenido suficiente de juegos y de deportes, y no los dejaré hasta que hayan tenido suficiente”. “Es demasiado tiempo para que aguardemos por ti, muchachito, y de ninguna manera nosotros esperaremos.” “Vaya entonces,” dijo el muchacho, “que yo lo seguiré después”. “Nada conoces del camino, muchachito,” dijo Conchobar. “Yo seguiré el rastro de la compañía y de los caballos y de los carros.”

Después de eso, Conchobar llegó a la casa de Culann, el herrero. El rey estaba siendo esperado por todos, quienes se presentaron ante él como conviene a sus rangos, nombres y privilegios, nobleza y gentil talento. Pajas y frescas espadañas fueron esparcidas bajo sus pies. Entonces, comenzaron a beber y alegrarse. Culann le preguntó a Conchobar: “Oh, Rey ¿has escogido a alguien para que venga esta noche a esta tierra?” “No, no he elegido a nadie,” contestó Conchobar porque se había olvidado del muchacho al que había ordenado que viniera con él. “¿Por qué?” preguntó Conchobar. “Tengo un excelente sabueso que fue traído de España. Cuando su cadena se suelta, nadie se atreve a acercarse al lugar donde está, porque no conoce a nadie más que a mí. El poder de miles radica en él gracias a su fuerza”.

Luego, Conchobar habló: “Deja que abran la jaula para que el perro pueda proteger las tierras.” Entonces, le retiran la cadena al perro, y luego este comienza a pasearse por las tierras. Al final, se acerca al montículo sobre el que acostumbra descansar y ahí se reclina, con la cabeza acostada sobre sus patas, indomablemente salvaje, furioso, bestial, feroz y listo para la lucha.

En cuanto a los muchachos que estaban jugando: ellos se quedaron en Emain hasta que llegó el tiempo para que se marchen. Cada uno regresó a casa de su padre y de su madre, de su nodriza y del esposo de su nodriza. Y el muchachito siguió el rastro de la fiesta, hasta que alcanzó la casa de Culann, el herrero. Él acortó el camino mientras llegaba con todos los implementos de su juego. Cuando estuvo cerca del campo de la fortaleza en donde estaban Culann y Conchobar, se deshizo de todas las cosas de su juego excepto por la pelota.

El perro guardián divisó al muchacho y le ladró, de modo que en todo el campo fue oído el aullido del sabueso. Y ninguna división de los que estaban en el banquete sabían lo que el perro iba a hacer con el joven, que no era otra cosa que tragarlo de un golpe hasta más allá de la cavidad de su tórax y de la anchura de su garganta y de la chimenea de su pecho. Y el muchacho no tenía con él ningún medio de defensa, entonces lanzó la pelota con tanto acierto que pasó a través del esófago del cuello del perro guardián y lanzó sus intestinos hasta detrás de una puerta que se encontraba tras el sabueso, y el muchacho agarró al perro por las dos piernas y lo estrelló contra una pilar de piedra que se hallaba cerca a él, de modo que cada miembro del perro salió disparado, con lo que este quedó esparcido por toda la tierra.

Conchobar oyó el ladrido del perro. “Alas, Oh, guerreros” gritó Conchobar; “En mala suerte hemos venido a disfrutar de este banquete”. “¿Por qué?” preguntaron todos. “El muchacho que ha venido a encontrarme, el hijo de mi hermana, Setanta hijo de Sualtaim, está acabado por culpa del sabueso.” Como si fuesen un solo hombre, se levantaron todos los renombrados caballeros de Ulster. Sin embargo, aunque una puerta de la posada estaba abierta de par en par, ellos acometieron con dirección contraria hacia afuera sobre la empalizada de la fortaleza. Pero más rápido que todos fue Fergus, y fue él quien levantó al muchacho de la tierra y lo puso sobre su hombro y lo llevó a la presencia de Conchobar.

Y Culann salió, y vio a su perro asesinado en muchos pedazos. Sintió su corazón golpear contra su pecho. Pero, sucedió entonces que Culann entró y dijo: “Bienvenida sea tu llegada, muchacho, por tu madre y tu padre, pero no lo sea por tus propias razones. Hubiera preferido no haber hecho ningún banquete.” “¿Qué tienes contra el muchacho?”, preguntó Conchobar. “No es sin suerte que tú hayas llegado para beber de mi ale [8] y comer de mi comida; porque mi esencia es ahora una riqueza echada a perder, y mi sustento es un sustento ahora perdido después de lo de mi perro. Bueno era el amigo que tú me has robado, aunque un perro, él cuidó mi rebaño y mis manadas y existió por mí.”

“No te encolerices por esto, Oh, Culann, mi amo,” dijo el muchacho. “No es ningún gran problema, porque daré un juicio justo sobre él.” “¿Qué juicio sobre esto harás, muchacho?” preguntó Conchobar. “Si hay algún cachorro de la casta de ese perro en Erin [9], él será criado por mí hasta que esté apto para el negocio al igual que su padre. Hasta entonces yo mismo seré el sabueso que protegerá sus rebaños y sus ganados y su tierra y a él mismo.”

“Buen juicio has dado, muchacho,” dijo Conchobar. “En verdad, nosotros mismos no podríamos dar uno que fuera mejor,” dijo Cathba [10]. “¿Por qué de esto no tomas el nombre de Cu Chulainn, [‘el sabueso de Culann’]?” “No” contestó el muchacho; “más querido para mí es mi propio nombre, Setanta hijo de Sualtaim.” “No digas eso, muchacho,” continuó Cathba; “los hombres de Erin y de Alba [11] escucharán ese nombre y las bocas de los hombres de Erin y Alba se llenarán con ese nombre!” “Me complace, sea cualquiera el nombre que se me dé,” dijo el muchacho. Por lo tanto el famoso nombre se quedó con él, a saber Cu Chulainn, luego de que hubo matado al sabueso de Culann, el herrero.

“Un pequeño muchacho hizo esta hazaña,” agregó Cormac Conlongas hijo de Conchobar, “él había completado seis años desde su nacimiento, cuando mató al perro guardián que ni los huéspedes ni los ayudantes se atrevieron a ocupar el mismo lugar que el del sabueso. No habrá necesidad de maravilla o de sorpresa cuando él venga al mando de ejércitos, cuando él corte el tenedor de cuatro dientes, cuando mate a un hombre o a dos hombres o a tres hombres o a cuatro hombres, cuando sus 17 años se hayan completado en las luchas de Cuailnge! [12]

© Carlos Villacorta, de la versión al castellano.

Notas

[1] Cormac Conlongas era el hijo mayor de Conchobar, y era conocido como “el del exilio inteligente” debido a las tierras que tomó y dispuso como refugio para la seguridad de los desterrados hijos de Usnech.

[2] Rey de Ulster, en la zona de Emain Macha. Fue hijo del druida Cathba y de Ness, e hijo adoptivo de Fachtna Fatach. También es conocido como Connor mac Nessa.

[3] Rey de Connacht y esposo de Medb.

[4] Culan, el Herrero.

[5] Se refiere a la región de Emain Macha situada al norte de Irlanda. Según la mitología irlandés fue fundada por la diosa Macha en el siglo V o VI a.C.

[6] Deporte tradicional irlandés parecido al fútbol. Se usa una pelota llamada sliothar compuesta de corcho y forrada de cuero que se coge con el hurley, camán, o stick, y debe ser transportada hasta la portería.

[7] Se refiere a la competencia de la lucha cuerpo a cuerpo.

[8] Cerveza inglesa.

[9] Antiguo nombre poético de Irlanda.

[10] Jefe druida en la corte de Conchobar, y de acuerdo con algunos textos, fue el padre natural del rey Conchobar.

[11] Antiguo nombre poético de Escocia.

[12] Cuailnge es la palabra irlandesa para Cooley, un montañoso distrito ubicado entre Dundalk Bay y Drogheda, en los señoríos de Lower Dundalk, en el condado de Louth. Originalmente, se extendía hasta el condado Down y su nombre es ahora usado para nombrar el lado sureño de las montañas Carlingford. Cormac Conlongas hace aquí alusión a la guerra contra la región de Ulster por la reina Maeb de la región de Connacht. Será a los 17 años que el joven Cu Chulainn tendrá que enfrentarse solo contra el ejército de Maeb. Este relato se encuentra en el texto “Táin Bó Cuailnge”.

Vida de San Patricio [atribuida a Nenio]

San Patricio, patrono de Irlanda

El siguiente texto ha sido extraído de la Historia del pueblo Bretón, cuya autoría es atribuida a Nenio [1], la cual no es sino una compilación que ofrece una panorámica de los antiguos habitantes celtas que se establecieron en Gran Bretaña. La obra se extiende desde los principios de las edades religiosas del mundo y los orígenes míticos hasta el definitivo establecimiento de los invasores anglosajones, luego de muchas luchas y conquistas, a fines del siglo VII. Dentro de la Historia del pueblo Bretón se presentan también temas que nos hablan de los otros pueblos que habitaron la isla, como los pictos del norte y los escotos o irlandeses, la época de la dominación romana, San Patricio y las oleadas evangelizadoras, así como el período de los reyes y la leyenda de Arturo. A pesar de ello, su método histórico se limita solamente a consignar los datos que dispone, sin la mediación de un juicio crítico, sustentándose de lecturas erróneas o confusas de los hechos por parte del autor. No obstante, su valor e importancia radica en el punto de vista literario, ya que la Historia del pueblo Bretón es la primera obra latina que habla de un cúmulo de leyendas, como la artúrica, o toda la historia legendaria de Gran Bretaña y algunas narraciones hagiográficas; y porque también refleja la historia cultural del Gales de su época. Además de ello, su influencia se extendió hasta otros historiadores insulares posteriores, entre los que destaca Geoffrey de Monmouth que, con su Historia de los reyes de Britania, constituye otro monumento de la literatura latina galesa.

50. San Patricio [2] era en aquel tiempo cautivo de los escotos. Su señor se llamaba Milchu y él era su porquerizo. A los 17 años regresó de su cautiverio, por voluntad de Dios fue después educado en las letras sagradas y fue a Roma donde residió por largo tiempo. Se esforzó en leer y comprender los misterios de Dios y las Santas Escrituras. Y cuando ya llevaba allí siete años, fue enviado el obispo Paladio, en un primer viaje, por el obispo y Papa de Roma, Celestino, al país de los escotos, para convertirlos a Cristo; pero Dios se lo impidió por medio de unas tempestades, porque nadie puede recibir algo en la tierra si no le es concedido por el cielo. Y marchó Paladio de Hibernia [3] y arribó a Britania y allí murió, en tierras de los pictos.

51. Llegada la noticia de la muerte del obispo Paladio, durante el reinado de Teodosio y de Valentiniano, otro legado, Patricio, fue enviado a los escotos para convertirlos a la fe de Cristo, por mandato de Celestino, Papa romano, después de habérselo aconsejado en ángel del Señor [4] cuyo nombre era Víctor, y persuadido el obispo San Germán. Este envió con él a otro de más edad, Segero, a la presencia de un hombre admirable, el obispo de más autoridad, que vivía cerca del rey Amateo. Allí el santo, sabiendo todo lo que le iba a ocurrir, recibió la ordenación episcopal, siendo rey Amateo, como santo obispo, y tomó el nombre de Patricio, porque antes se llamaba Maun. Auxilio, Iserino y otros de menor grado fueron a la vez ordenados con él.

52. Entonces, recibidas las bendiciones, y tras partir en nombre de la Santa Trinidad, ascendió a la nave que estaba preparada y llegó a Britania. Allí predicó no muchos días y luego, después de dejar atrás todos los avatares de la navegación, con gran velocidad y viento favorable, penetró en el mar Hibérnico con una nave. Y, cargada la nave con maravillas de ultramar y tesoros espirituales, llegó a Hibernia y los bautizó.

53. Desde el principio del mundo hasta el bautismo de los hibernienses hay 5530 años. En el quinto año del rey Loegaire comenzó a predicar la fe de Cristo.

54. Y así, San Patricio predicó el evangelio de Cristo a las naciones extranjeras durante 40 años; practicaba las virtudes apostólicas, iluminaba a los ciegos, limpiaba a los leprosos, hacía oír a los sordos, hacía huir a los demonios de los cuerpos poseídos, resucitó a los muertos hasta un número de nueve, redimió a muchos cautivos de uno y otro sexo con sus propios bienes. Escribió 365 ó más opúsculos doctrinales. También fundó iglesias en el mismo número, 365. Ordenó 365 ó más obispos, en los cuales estaba el espíritu de Dios. Ordenó hasta tres mil presbíteros y a 12 mil hombres en una región, en Conaugth los convirtió a la fe de Cristo y los bautizó; y a siete reyes, que eran hijos de Amolgith, los bautizó en un solo día. Durante 40 días y 40 noches ayunó en la cima del monte Eile, esto es en Cruachan Eile; y en esta colina, que se elevaba hacia el cielo, hizo piadosamente tres peticiones por aquellos de los hibernienses que había recibido la fe de Cristo. La primera petición fue, como dicen los escotos, que cada uno hiciera penitencia, aunque estuviera en el último momento de su vida; la segunda, que no fuesen nunca dominados por los extranjeros; la tercera, que no sobreviviera ningún hiberniense en la llegada del Juicio, y por ello perecerán en honor a San Patricio siete años antes del Juicio. Y desde aquella altura bendijo a los pueblos de Hibernia y desde allí ascendió para orar por ellos y ver el fruto de su labor. Entonces, llegaron a él innumerables aves de muchos colores, para que las bendijera, lo cual simboliza que todos los santos de los hibernienses, de uno y otro sexo, llegarán a él el día del Juicio, a su padre y a su maestro para seguirlo al Juicio. Después, en su buena vejez, emigró a donde ahora se alegra por los siglos de los siglos amén.

55. De cuatro modos se parecen Moisés y Patricio, esto es: en el ángel que le habló de una zarza ardiente; en segundo lugar, ayunó en el monte durante 40 días y 40 noches; en tercer lugar, fueron similares por la edad de 120 años; en cuarto lugar, nadie conoce su sepulcro, sino que fue enterrado en secreto, sin que nadie lo supiera. Después de haber estado 15 años de cautividad, en el 25 año es elegido en sustitución [de Paladio] por el santo obispo Amateo y 85 años predicó en Hibernia. El asunto exigía hablar más extensamente de San Patricio, pero a favor de la brevedad, he querido resumir.

© Gloria Torres Asenjo, de la traducción.

Notas

[1] Las confusiones sobre la autoría de la Historia del pueblo Bretón se deben a que en una lectura profunda se detectan saltos narrativos y puntos sin coherencia, lo que supone que la obra fue escrita durante varios estadios. Algunos estudiosos como Schoell, Momsen, Haeger, Gaston Paris, Faral y Lot creen que Historia del pueblo Bretón tuvo una etapa nuclear trabajada por un autor desconocido y que, finalmente, fue Nenio quien le dio su aspecto definitivo. A. de la Borderie también creía en la etapa nuclear, pero le atribuía la autoría a diversos copistas. De acuerdo con Zimmer, la obra es de un autor único llamado Nenio, pero admitía que la obra había pasado por diversas etapas de escritura. Por su parte, Liebermann se basaba en las ideas de Zimmer; sin embargo, cree que Nenio trabajó la Historia del pueblo Bretón a partir de la reelaboración de un texto que ya había sido redactado antes.

[2] Se cree que las posibles fuentes de las que se sirvió Nenio para narrar los hechos de este santo a mediados del siglo V fueron dos. La primera la vida compuesta por Miurchu Maccu Machtheni, escrita entre el 697 y el 700. La segunda es la obra de Tirechan, compuesta hacia la segunda mitad del siglo VII. Agradecemos a la autora de la versión al castellano, Gloria Torres Asensio, por permitirnos publicar este extracto de la obra de Nenio. Historia del pueblo Bretón. Introducción, traducción y notas por Gloria Torres Asensio. Barcelona. PPU. 1989.

[3] “Hibernia” era la designación en latín para Irlanda.

[4] Ángelus era un título dado a los obispos.

t’yeer-na-n-oge

"algunos la vieron en las profundidades de los lagos" (Parque de Glendalough, Irlanda)

Existe un país llamado Tir-na-n’Ög [1], cuyo significado es el País de la Juventud, ya que la edad y la muerte no tienen cabida allí; ni tampoco las lágrimas ni las ruidosas risas han estado próximas a él. Los más oscuros bosques la cubren perpetuamente.

Una vez un hombre fue hasta allá y regresó; era el bardo Osin, quien paseaba en un caballo blanco cabalgando sobre la superficie de la espuma con su hada Niamh. Ahí vivió 300 años, y luego retornó buscando a sus camaradas. Al momento en que su pie tocó la tierra sus 300 años cayeron sobre él, y se encogió tanto que su barba barría el suelo. Él le describió a San Patricio cómo era su morada en la Tierra de la Juventud antes de morir. Desde aquél día muchos la han visto en diversos lugares; algunos la vieron en las profundidades de los lagos, y desde allí han escuchado que manaba un vago tintineo de campanas; muchos otros la han visto a lo lejos en el horizonte mientras divisaban los acantilados del oeste. No hace tres años un pescador creyó haberla visto. Pero nunca aparece, a menos que sea para anunciar algún problema nacional.

Existen muchas creencias similares. Un piloto alemán que vivía en Dublín le contó a M. De La Boullage Le Cong, quien viajó a Irlanda en 1614, que en los alrededores de los polos habían muchas islas, algunas de difícil acceso debido a las brujas que las habitaban y destruían con tormentas a todos los que buscaban aquella tierra. Este, una vez, lejos de las costas de Greenland, a 61 grados de latitud, vio y se acercó a una isla solo para ver si desaparecía. Navegando en dirección opuesta se encontró con la misma isla, y estando muy próximo a ella, casi fue destruido por una furiosa tempestad.

De acuerdo con muchas historias, Tir-na-n’Ög es la morada favorita de las hadas. Algunos dicen que su tamaño es el triple de la isla de los vivos, la isla de las victorias, una tierra submarina.

Notas

[1] t’yeer-na-n-oge es el nombre en gaélico.

© Reinhard Huamán Mori [de la traducción]

© Helena Roig Torres [fotografía]


W.B. Yeats. Celtic Twilight (parte 2)

William Butler Yeats

W.B. Yeats (Dublín, 1865 - Roquebrune-Cap-Martin, Francia, 1939)

un visionario

Un muchacho vino a verme a mis aposentos la otra noche, y empezamos a hablar sobre la creación de la tierra, de los cielos y otras cosas más. Le pregunté sobre su vida y sus actividades. Él había escrito muchos poemas y había hecho muchos dibujos místicos desde la última vez que nos encontramos, pero recientemente no había escrito ni pintado, ya que todo su corazón estaba concentrado en volver su mente fuerte, vigorosa y tranquila, y la vida emocional del artista, temía, era mala para él. Sin embargo, recitó sus poemas con facilidad, pues los tenía todos en su memoria.

Algunos, de hecho, no habían sido nunca anotados. Estos, “con su música salvaje como vientos que soplaban en las cañas”, me parecían la voz más íntima de la tristeza céltica, y del anhelo céltico por las cosas infinitas que el mundo nunca ha visto. Repentinamente, me dio la impresión que miraba algo fijamente, con un poco de impaciencia. “Ve usted algo, X?” [1], le dije. “Una resplandeciente mujer alada, cubierta por su largo cabello, está parada cerca del umbral”, contestó más o menos con esas palabras. “¿Es la influencia de alguna persona viva que piensa en nosotros, cuyos pensamientos se nos aparecen en aquella forma simbólica?”, dije para mí, que había sido muy bien instruido en las artes de los visionarios y en el estilo de su discurso. “No”, replicó; “porque si fueran los pensamientos de una persona que está viva podría sentir su influencia en mi cuerpo, mi corazón latiría y mi respiración fallaría. Es un espíritu. Es alguien que ha muerto o que no ha vivido nunca”. Le pregunté qué era lo que hacía y descubrí que era un empleado en un gran negocio. Sin embargo, su mayor placer era errar por las colinas, hablando con campesinos medio locos y visionarios, o persuadiendo a personas raras y de conciencias abatidas de que pusieran en sus manos sus problemas. Otra noche, cuando estaba con él en su domicilio, más de uno se volcó a hablarle sobre sus creencias y en las cosas que no creen, y él esclarecía sus dudas como si fuese la sutil luz de su mente. Algunas veces las visiones le llegaban mientras hablaba con ellos, y se rumorea que él le ha dicho a diversas personas hechos reales sobre su pasado y sobre amigos distantes, apaciguándolos con el temor ante aquel extraño maestro, que parece apenas algo mayor que un muchacho, y que es mucho más perspicaz que el más viejo entre ellos.

La poesía que recitó estaba impregnada de su naturaleza y de sus visiones. A veces el poema habla sobre otras vidas que cree haber vivido en otros siglos [2], a veces habla sobre personas con las que ha conversado, revelándoles sus propias mentes. Le dije que iba a escribir un artículo sobre él y sus visiones, y me respondió que lo podía hacer solo si no mencionaba su nombre, pues deseaba mantenerse siempre como un personaje “desconocido, oscuro e impersonal”. Al día siguiente me llegó un legajo con sus poemas, y con ellos una nota que contenía las siguientes palabras: “Aquí hay algunas copias de los versos que usted me comentó que le gustaban. Creo que no podré escribir o pintar nunca más. Ahora me estoy preparando para un ciclo de actividades distintas que realizaré en otra vida. Tengo que fortalecer mis raíces y ramas, pues ahora no es tiempo para que broten mis hojas y flores”.

Los poemas se esforzaban por alcanzar un humor elevado, impalpable, en una red de imágenes oscuras. Habían finos pasajes en todos ellos, pero a menudo estaban siempre encerrados en pensamientos, los cuales tienen, evidentemente, un valor especial en su mente, pero que para otros hombres era lo opuesto a una invención desconocida. Otras veces la belleza del pensamiento era oscurecida por la escritura descuidada, como si repentinamente hubiese dudado sobre si la escritura era un trabajo absurdo. Con frecuencia ilustraba sus versos con dibujos, en los cuales una imperfecta anatomía no lograba ocultar la belleza extrema de su sensibilidad. Las hadas en las que él cree le han dado muchos temas, como aquel muy notable sobre Thomas de Ercildoune [3], que se sentaba inmóvil en el crepúsculo mientras una hermosa y joven criatura se inclinaba suavemente saliendo de las sombras y le susurraba cosas al oído. Él se había deleitado, sobre todo, con los fuertes efectos del color: espíritus que en vez de cabellos llevaban en sus cabezas plumas de pavo reales; un fantasma alcanzado por un torbellino de llamas en dirección a una estrella; un espíritu que pasaba con un globo de cristal iridiscente —símbolo del alma— encerrada en su mano. Pero siempre debajo de estas dádivas de color subyace un llamado a las frágiles esperanzas del hombre. Esta ansia espiritual dibuja en él a todos aquellos, quienes como él, buscan la iluminación o se lamentaban por la alegría que se ha desvanecido. Uno de estos me viene a la mente. Hace uno o dos inviernos él pasó mucha parte de la noche caminando de arriba a abajo por la montaña hablando con un viejo campesino, que para la mayoría de la gente resultaba ser un hombre estúpido, desahogó sus penas con él. Ambos eran infelices: X porque había decidido que el arte y la poesía no eran para él, y el viejo campesino porque su vida desfallecía sin haber alcanzado algún logro y ya ninguna esperanza quedaba en él. ¡Cuán celtas son ambos! Cuánto esfuerzo por alcanzar algo que jamás podrá ser expresado en un palabra o en un hecho. El campesino vagaba por su mente con dolor prolongado. Una vez estalló y dijo: “Dios posee los cielos —Dios posee los cielos— pero observa con codicia el mundo”; y una vez se lamentó porque sus antiguos vecinos habían muerto, y todos se habían olvidado de él: solía dibujar una silla ante el fuego en toda cabaña. Pero ahora ellos dicen, “¿quién es ese viejo que está allí?” “La ruina ha caído sobre mí”, repetía, y después se puso hablar una vez más sobre Dios y el cielo. Más de una vez dijo también, agitando sus brazos hacia la montaña, “solamente yo sé qué es lo que sucedió debajo del espino hace 40 años”; y mientras decía esto las lágrimas resplandecían sobre su rostro como el claro de luna.

Este anciano se levanta siempre antes que yo cuando pienso en X. Ambos buscan —uno en oraciones, el otro en pinturas simbólicas y sutiles alegorías poéticas— expresar algo que se extiende más allá de lo expresable; y ambos, si X me perdona, tienen dentro de ellos la vasta y vaga extravagancia que subyace en lo más hondo del corazón celta. Los campesinos visionarios que son, los dueños combatientes de las tierras que fueron, y todo el alboroto de las leyendas —Cu Chulainn luchando contra el mar durante dos días hasta que las ondas pasen sobre él y muere; Caolte asaltando el palacio de los dioses; Oisin buscando inútilmente apaciguar su insaciable corazón durante 300 años con todos los placeres del país de las hadas; aquellos dos místicos que caminaban de arriba a abajo por las montañas pronunciando los principales sueños de sus almas en algo menos que frases de sueños desvanecidos, y esas mentes que encuentran en aquello algo muy interesante— son todo parte de esa gran fantasmagoría celta cuyo significado no ha sido descubierto por ningún hombre, ni tampoco ha sido revelado por ningún ángel.

una voz

Un día iba caminando por un terreno pantanoso cerca del bosque Inchy, cuando repentinamente sentí, solo por un segundo, una emoción que me dije que era la raíz del misticismo cristiano. Me había sacudido un sentimiento de debilidad, un sentimiento de dependencia de gran ser personal, que se encontraba en algún lugar lejano, pero al alcance de mi mano. Ninguno de mis pensamientos me había preparado para esta emoción, ya que me mantenía preocupado con Ængus y Edain, y con Mannanan, hijo del mar.

Aquella noche me desperté echado sobre mi espalda y oí una voz que hablaba sobre mí que me decía: “Ningún alma humana se parece a otra alma, porque el amor de Dios es infinito para toda alma humana, y ninguna otra puede satisfacer la misma necesidad de Dios.” Algunas noches después me desperté y vi la gente más encantadora que jamás había visto. Un muchacho y una muchacha, vestidos con ropas de color verde aceituna, cortadas como las vestimentas griegas, estaban parados junto a la cabecera de mi cama. Miré a la muchacha y noté que su vestido quedaba sujeto alrededor de su cuello por una especie de cadena, o quizás era una especie de tieso bordado que representaba las hojas de hiedra. Pero lo que me maravilló fue la milagrosa dulzura de su rostro. En estos tiempos ya no se ven rostros como aquel. Ahora no hay tales caras. Era hermoso, como pocos rostros son hermosos, pero no tenía, pensaría uno, la luz que emana del deseo, de la esperanza, del miedo o de la especulación. Era pacífica como los rostros de animales, o como las lagunas de la montaña por la tarde, tan pacífica que parecía un poco triste. Por un momento pensé que ella era la amada de Agnus; pero, ¿cómo ha podido esta seductora, feliz e inmortal desgraciada, tener una cara como esa? Sin duda, ha venido de la tierra de los niños de la Luna, pero quién es ella entre todos ellos, eso nunca lo sabré.

tierra, fuego y agua

Un escritor francés, al que yo leía cuando era niño, dijo que el desierto se ganó el corazón de los judíos durante sus nomadismos y los convirtió en los hombres que son ahora. No puedo recordar cuál era el argumento por el cual probaba que los judíos seguían siendo los indestructibles hijos de la tierra, pero se puede decir que los elementos eran sus hijos. Si conociéramos bien a los adoradores del fuego, podríamos saber que sus siglos de piadosa observación han sido recompensados, y que el fuego les confirió un poco de su naturaleza. Estoy seguro de que el agua, el de los mares, de los lagos, de la niebla y de la lluvia, no han hecho sino moldear a los irlandeses a su imagen. Las imágenes se forman en nuestras mentes continuamente como si se reflejaran en un lago. En tiempos pasados nos entregábamos completamente a la mitología y veíamos dioses por todas partes. Hablábamos con ellos cara a cara, y las historias de aquella comunión son tan numerosas que pienso que exceden en número a todas las similares historias de todo el resto de Europa. Incluso hoy nuestros campesinos hablan con los muertos y con aquellos que quizás nunca han muerto, en el sentido que usualmente entendemos morir. Inclusive la gente culta pasa sin gran dificultad a un estado tal de tranquilidad que es propio de la condición de las visiones. Podemos hacer que nuestras mentes se asemejen a aguas inmóviles y que los seres que se juntan a nuestro alrededor puedan ver sus propias imágenes, y así vivir por un momento con claridad, quizás con una vida más impetuosa debido a nuestra tranquilidad. ¿No pensaba el sabio Porfirio que todas las almas nacían por causa del agua, y que “incluso la generación de imágenes en la mente proviene del agua”?

el pueblo antiguo

Una noche, hace unos 15 años, caí en algo que parecía ser el poder de las hadas. Había ido con un muchacho y su hermana —amigos y parientes míos— a recopilar historias de un viejo paisano; y veníamos a casa hablando sobre lo que él nos había dicho. Estaba oscuro, y nuestra imaginación estaba excitada por sus historias de apariciones, y aquello debió llevarnos [lo desconocíamos nosotros] hasta el umbral, entre el dormir y el despertar, en donde las Esfinges y las Quimeras se sientan con los ojos abiertos y donde hay siempre murmullos y susurros. No puedo pensar que lo que vimos era producto de una débil imaginación. Habíamos pasado debajo de algunos árboles que hicieron el camino muy oscuro, cuando la muchacha vio moverse lentamente una luz brillante a través del oscuro camino. Su hermano y yo no vimos nada hasta haber caminado alrededor de media hora a lo largo de las orillas del río, por un estrecho sendero que llega hasta un campo en donde había una iglesia en ruinas cubierta con hiedras, y las fundaciones fueron conocidas como “el pueblo antiguo”, del cual se dice, había sido quemado en la época de Cromwell. Habíamos estado parados por algunos minutos, en cuanto yo pueden recordar, mirando los campos llenos de piedras, zarzas y viejos arbustos, cuando vi una pequeña luz brillante en el horizonte que parecía ir ascendiendo lentamente hacia el cielo; luego vimos otras débiles luces durante un minuto o dos, y al final vimos una brillante flama como la de una antorcha moviéndose rápidamente por el río. Contemplamos todo en tal estado de sonambulismo y parecía tan irreal, que nunca he escrito nada parecido a ello, sino hasta ahora; ni siquiera había hablado de ello, e incluso cuando lo pienso, debido a un impulso irracional, he evitado darle importancia a la cuestión. Quizás he sentido que mis recuerdos de las cosas que he visto, cuando el sentido de la realidad se halla debilitada, bien pueden ser poco fiables. Algunos meses atrás, sin embargo, hablé acerca de esto con mis dos amigos, y comparé sus recuerdos algo pobres con los míos. Aquel sentido de irrealidad resultaba ser maravilloso porque al día siguiente escuché sonidos tan inexplicables como eran aquellas luces, sin ninguna emoción de irrealidad, y los recuerdo con perfecta nitidez y fiabilidad. La muchacha estaba sentaba leyendo bajo un largo y anticuado espejo, y yo estaba escribiendo y leyendo a algunos metros de distancia, cuando oí un sonido como si una lluvia de guisantes hubiera sido lanzada contra el espejo, y mientras me quedé mirándolo escuché el mismo sonido otra vez e, inmediatamente, mientras estaba solo en la habitación, oí un sonido como si algo mucho más grande que un guisante hubiera golpeado el encofrado junto a mi cabeza. Después de lo sucedido llegaron otras visiones y sonidos por algunos días, pero ya no a mí, sino a la muchacha, a su hermano y a los criados. Ahora era una luz brillante, y esa luz brillante eran letras de fuego que desaparecieron antes de que pudieran ser leídas, y luego era un pie muy pesado que se movía alrededor de aquella casa aparentemente vacía. Uno se pregunta si esas criaturas que viven [como cree la gente del campo], donde otros hombres y mujeres han vivido en épocas anteriores, ¿no nos habrán seguido desde las ruinas del antiguo pueblo? ¿o provenían de los islotes del río, rodeados por árboles, desde donde brilló la primera luz durante unos momentos?

Notas

[1] Yeats utiliza esta consonante para no revelar el verdadero nombre del muchacho al que refiere en el texto [N. del T.].

[2] Escribí esta frase hace mucho tiempo. Ahora esta tristeza me parece una parte de todas aquellas personas que conservan el carácter de los antiguos hombres del mundo. No estoy tan preocupado por el misterio de la Raza, como solía estarlo; sino que dejo esta frase y otras más como aquella primera que no ha sido alterada. Nosotros creímos alguna vez en ellos, y puede ser que no nos hayamos hecho más sabios. [N. del A.].

[3] Un poeta errante del cual se dice que vivió siete años en el país de las hadas, en Finland o Fearyland.

Versión al castellano: Rubén Cárdenas

W.B. Yeats. Celtic Twilight (parte 1)

William Butler Yeats

William Butler Yeats

el diablo

Mi anciana criada de Mayo me dijo un día que algo muy malo había bajado por la carretera y había entrado a la casa de enfrente, y aunque no me quiso decir qué era, yo lo supe muy bien. Otro día ella me contó de alguien que pensaban que era el diablo había querido hacer el amor con dos amigas suyas. Una de ellas estaba parada al lado del camino, cuando apareció montado en un caballo y le pidió que se siente detrás de él para cabalgar juntos. Cuando esta se negó este desapareció. La otra estaba en el camino por la noche mientras esperaba a su novio, cuando algo apareció aleteando y rodando por el camino hasta sus pies. Tenía la forma de un periódico y, repentinamente, voló hasta su cara, y ella supo por su tamaño que era el Irish Times. Sorpresivamente, aquello se transformó en un joven que le pidió que la acompañara a una caminata. Esta tampoco aceptó y él desapareció.

Sé también de un anciano, en las colinas de Ben Bulben, que encontró al diablo tocando una campana debajo de su cama, así que el anciano corrió hacia la iglesia y se robó la campana que había allí y logró espantarlo. Probablemente, en este caso como en los anteriores, no fue el diablo el que se apareció, sino algún pobre espíritu de los bosques al que sus apestosos pies lo metieron en problemas.

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los bosques encantados

I

El verano pasado, cada vez que terminaban mis días de trabajo, solía deambular por los amplios bosques, y ahí usualmente me encontraba con un viejo campesino con el que conversaba acerca de su trabajo y el bosque. Una o dos veces un amigo vino conmigo a quien el anciano le abría su corazón más fácilmente que a mí. El anciano había dedicado su vida a alejar los hechizos del olmo, el avellano, la alheña, y el carpinus que estaban en los caminos; y había reflexionado mucho sobre las criaturas naturales y sobrenaturales del bosque. Él ha escuchado al puerco espín —al que llama ‘Grainne oge’— “refunfuñando como un cristiano”, y está seguro de que estos animales se roban manzanas rodando debajo de los manzanos hasta que haya alguna clavada en cada una de sus púas. Está también seguro de que los gatos, los cuales abundan en el bosque, poseen un lenguaje propio —algo así como el irlandés antiguo. El anciano dice que “los gatos eran serpientes y se convirtieron en gatos al momento de sucederse un gran cambio en el mundo. Por eso es que son tan difíciles de matar, y también por eso es peligroso meterse con ellos. Si fastidias a un gato podría clavarte sus garras o morderte de una forma tal que podría envenenarte, y eso sería el colmillo de la serpiente”. Algunas veces piensa que los gatos se transforman en gatos salvajes y que luego les crece una uña en la punta de la cola; pero estos gatos salvajes no son los gatos monteses que han vivido siempre en el bosque. Los zorros, dice él, fueron una vez mansos, como son los gatos hoy en día, pero una vez se escaparon y se volvieron salvajes. El anciano habla de todas las criaturas salvajes, excepto de las ardillas —a las que odia—, con lo que pareciera ser un afectivo interés; aunque algunas veces sus ojos brillan con placer mientras recuerda cómo, cuando era niño, hizo que algunos puerco espines se desenrollaran poniendo debajo de ellos manojos de paja en llamas.

No estoy seguro si el anciano distingue claramente lo natural de lo sobrenatural. El otro día me dijo que a los zorros y a los gatos les gusta, por sobre todas las cosas, estar en los vados y lirios luego de la caída de la noche; y ciertamente podría pasar de contar una historia de zorros a una de espíritus sin el menor cambio de su voz, como cuando habla de los gatos monteses —una bestia poco común hoy en día. Muchos años atrás el anciano solía trabajar en los huertos y una vez lo hicieron dormir en el de una casa donde había un desván lleno de manzanas, y toda la noche oyó personas moviendo platos, cuchillos y tenedores. Una vez me contó que pudo ver una imagen completamente fuera de lo normal en el bosque. Me dijo: “cierta vez, mientras estaba cortando madera en Inchy, alrededor de las ocho de la mañana, vi una muchacha recogiendo nueces, con su cabello cayendo sobre sus hombros. Tenía el cabello castaño y un rostro bonito y limpio, era alta, no llevaba puesto nada sobre la cabeza; su vestido no era para nada ostentoso, sino muy simple. Cuando la muchacha sintió mi presencia se levantó súbitamente y desapareció como si la tierra la hubiese tragado. La seguí y la busqué, pero nunca pude verla de nuevo desde aquel día, nunca más”. El anciano usó la palabra “limpio” así como nosotros usamos las palabras “fresco” o “calmado”.

Otros también han visto espíritus en el bosque encantado. Un trabajador nos contó lo que un amigo suyo había visto en una parte del bosque conocido como Shanwalla, una antigua aldea que existió antes que aquellos hierbajos que ahora se ven. Él dijo: “una noche partí de Lawrence Mangan, del patio de la finca, y él se fue por el camino que pasa por Shanwalla deseándome buenas noches. Dos horas más tarde se encontraba de regreso en el patio y me pidió que prendiera una vela que estaba en el establo. Y me contó que cuando pasó por Shanwalla un hombre muy pequeño, tan alto como su rodilla, pero con una cabeza tan grande como la de un adulto normal, se acercó a él y lo condujo fuera del camino y sus inmediaciones. Finalmente, le hizo dar vueltas hasta que lo hizo llegar a un horno y luego desapareció.”

Una mujer me contó sobre una visión que ella y otros más habían tenido en un profundo lago cerca del río. Me dijo, “estábamos bajando las escalinatas de la iglesia con un grupo de personas y un viento muy fuerte derribó sobre el río dos árboles y el agua que levantaron llegó hasta el cielo. Y todos los que estaban conmigo vieron diversas figuras, pero yo solo vi una que estaba sentada en la orilla por donde habían caído los árboles. Vestía de traje oscuro y estaba decapitado.”

Un hombre me dijo que un día, cuando era niño, él y otro muchacho fueron a capturar un caballo en un campo lleno de rocas y arbustos de avellanos y enebros, esto es, la parte del lago que se muestra un poco despejada del bosque. Le dijo al niño que estaba con él, “te apuesto un botón a que si arrojo una piedra sobre ese arbusto se mantendrá ahí”, con lo que quería decir que el arbusto estaba tan enredado que la piedra no iba a poder pasar entre sus ramas. Así es que levantó “una roca hecha del excremento de una vaca y, al momento en que ésta tocó el arbusto, se escuchó la música más bella que se hubiese escuchado”. Los dos corrieron asustados, y cuando se habían alejado unos 200 metros miraron hacia atrás y vieron una mujer vestida de blanco, caminando alrededor del arbusto. “Al principio tenía la apariencia de una mujer, luego la de un hombre, y no dejaba de dar vueltas alrededor del arbusto.”

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II

Usualmente me enredo en discusiones más complicadas que los caminos de Inchy, acerca de cuál es la verdadera naturaleza de las apariciones; pero otras veces

Cubierta de The Celtic Twilight, de 1902

Cubierta de The Celtic Twilight, de 1902

digo, como Sócrates dijo cuando le pidieron una sabia opinión acerca de la aparición de una ninfa de Iliso: “la opinión popular es suficiente para mí”. Yo creo que toda la naturaleza está llena de personas que no podemos ver, y que algunas de ellas son feas y grotescas, y algunas malvadas y estúpidas. Pero también creo, que muchas de ellas son muy bellas, incluso mucho más que cualquier ser que hayamos podido ver en este mundo, y creo que no están muy lejos de nosotros cuando caminamos por lugares tranquilos y placenteros. Incluso cuando era niño, nunca pude caminar en un bosque sin sentir que en cualquier momento me iba a encontrar con alguien o algo que había esperado encontrar por mucho tiempo sin saber lo que estaba buscando. Hoy en día, algunas veces exploro cada rincón de algún bosquecillo con pasos ansiosos; así de profunda es mi creencia en estas cosas. Ustedes también se podrán encontrar con tales imaginaciones, en algún lugar, a donde quiera que las estrellas que te rigen quieran; Saturno guiándolos por el bosque, o la luna, o también hacia las fronteras del mar. No admito ciertas creencias que dicen que no hay nada en el ocaso, donde nuestros antepasados imaginaron a la muerte siguiendo a su pastor, el sol; o nada más que vagas presencias casi como si no se movieran. Si la belleza no es la puerta de salida de la red en la que nos introdujeron al nacer, no más sería belleza, y encontraríamos más agradable quedarnos sentados en casa al lado del fuego engordando un cuerpo ocioso o practicaríamos algún deporte sin sentido, en vez de observar el más fino espectáculo que la luz y la sombra alguna vez hicieron entre las verdes hojas. Yo me digo, cuando logro escapar de esas densas discusiones, que los divinos espíritus están ahí, sin lugar a dudas, porque solamente nosotros, los que no somos ni simples ni sabios, los hemos negado. Y aquellas personas sencillas de todos los tiempos y los sabios de tiempos antiguos los han visto e, incluso, han hablado con ellos. Ellos viven apasionadas vidas no muy lejos de nosotros, como supongo, y nosotros estaremos entre ellos luego de nuestra muerte, si llegamos a morir, pero conservando nuestra naturaleza sencilla y apasionada. Quizás sea la muerte la que nos una a todo aquel romance, y quizá algún día pelearemos contra dragones entre montañas azules, o quizás un día nos demos cuenta de que todo el romance no es sino,

sombras mezcladas con imágenes

de las fechorías del hombre en épocas más grandiosas que estas,

como aquellos ancianos que idearon el Paraíso terrenal, cuando eran buenos espíritus.

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el grueso cráneo del afortunado

I

Una vez, un grupo de campesinos islandeses encontró un cráneo bastante grueso en el cementerio en el que el poeta Egil fue enterrado. Su gran grosor les hizo creer con seguridad que pertenecía a un gran hombre, sin duda del mismísimo Egil. Para estar completamente seguros colgaron el cráneo de una pared y lo golpearon fuertemente con un martillo. Se puso blanco en los lugares donde lo golpearon, pero en ningún momento se rompió, lo que los hizo convencerse de que en verdad era el cráneo del poeta y, por lo tanto, debía ser valorado con los honores correspondientes. En Irlanda tenemos un cercano parentesco con los islandeses o “daneses”, como llamamos a los pobladores de los países escandinavos. En algunos de nuestros lugares montañosos y estériles, y en nuestras villas en las fronteras marítimas, todavía nos ponemos a prueba de muchas formas, parecidas a las que los islandeses usaron con la cabeza de Egil. Probablemente, hemos adquirido esas costumbres de los antiguos piratas daneses, cuyos descendientes, los pobladores de Rosses, me dijeron que todavía recuerdan cada monte y cerro en Irlanda que alguna vez pertenecieron a sus antepasados, y son capaces de describir Rosses con tanta precisión como lo haría cualquier nativo. Existe un distrito en la frontera marítima conocido como Roughley, donde los hombres son conocidos por no afeitarse nunca o por no arreglar sus salvajes barbas coloradas, y porque siempre hay una pelea. Los he visto en una carrera de botes lastimándose unos a otros y luego de fuertes discusiones gritos gaélicos, se golpean unos a otros con los remos. El primer bote había encallado y utilizando sus grandes remos para golpear lograron detener al segundo bote que pasaba, solo para darle la victoria al tercero. Un día, dice la gente de Sligo, un hombre de Roughley fue juzgado en Sligo por romperle el cráneo a un hombre durante una pelea, y este usó una defensa que no era desconocida en Irlanda, esto es, que algunas cabezas son tan delgadas que uno no puede hacerse responsable de ellas. El acusado se volteó con una mirada de desprecio y mirando al persecutor, gritó “el pequeño cráneo de ese tipo se rompería como la cáscara de un huevo si lo golpeara”. Y sonriéndole al juez con una voz zalamera le dijo: “pero un hombre podría golpearle la cabeza a su señoría toda la noche sin conseguir partirla”.

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II

Yo escribí todo esto hace varios años, basándome en aquello que eran antiguos recuerdos. Estuve en Roughley hace unos días y lo encontré tan desolado como otros lugares abandonados Quizás había estado pensando en Moughorow, un lugar mucho más salvaje, ya que los recuerdos de la infancia son demasiado frágiles como para darles tanta credibilidad.

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Versión al castellano de Lars Stojnic Chávez